En cualquier democracia, esta pregunta solo tendría una respuesta. Es tan sencilla que sorprende que alguien se la pueda plantear. Lo lógico es que el lunes hubiera presentado su dimisión. Es cierto que cuenta con el apoyo de Sánchez, aunque se especula que lo dejará caer. El PP tuvo un comportamiento exquisito, algo que no hace nunca ni el PSOE ni la izquierda política y mediática. Esta semana era normal escuchar voces de prudencia en el centro-derecha o que había que guardar el luto. Por supuesto, los sanchistas y sus aliados se arrogaban la voz del pueblo para asegurar que, en este caso concreto, había que esperar a las conclusiones del informe oficial. He de reconocer que siempre me llama la atención esta doble vara de medir. Cuando se trata de dirigentes del PP, tienen que dimitir inmediatamente y, si pudieran, los meterían directamente en la cárcel. Ayuso fue, una vez más, la más valiente y respondió a esa campaña señalando que quieren imponer la ley del silencio. No se refería, evidentemente, a que no informáramos, aunque les gustaría, sino a que no se hicieran críticas al Gobierno socialista comunista o se pidieran responsabilidades.. La memoria de los dirigentes del Partido Popular y de muchos periodistas es frágil, ya que no recuerdan la brutal e indigna campaña que sufrió esta formación y el Gobierno de Aznar con motivo del 11-M. En aquellos momentos, todo valía para impedir que Rajoy ganara las elecciones. Fue una actuación miserable, pero coherente con el socialismo desde los tiempos de Pablo Iglesias. Fue un error hacer una atribución tan prematura de la autoría del atentado, así como dar tanta información cuando tan poco se sabía. El PP lo pagó en las urnas, pero, también, el PSOE comenzó una nueva etapa basada en el sectarismo, el fanatismo y la radicalidad. Era la recuperación de la estrategia de los frentes populares que impulsó la Unión Soviética en los años treinta con el objetivo de destruir las democracias occidentales. El sanchismo ha recuperado, desgraciadamente, este modelo con la configuración de mayorías parlamentarias con aquellas formaciones que quieren destruir el ordenamiento constitucional y acabar con España. Por supuesto, hay una derecha política, mediática, cultural y empresarial que no ha visto el alcance, o lo minimiza, de los objetivos reales del sanchismo y sus aliados. No es más que la traslación del repugnante modelo político de la izquierda populista iberoamericana, que no es más que el comunismo de toda la vida adaptado al siglo XXI.. Ayuso tiene razón cuando se refiere a la ley del silencio y por eso causa tanta irritación en la izquierda mediática y la derecha acomplejada. Al PSOE y sus aliados se les gana desde la defensa del liberalismo, el ordenamiento constitucional y la idea de una España integradora en donde caben todos los demócratas. Es un error intentar pactar con aquellos que quieren destruirla. Lo es, también, ayudar al Gobierno defendiendo que no se politice la tragedia. Mazón, al margen de sus errores, lo aprendió tras mostrarse amable con Sánchez y hacer declaraciones elogiosas. No tardó el líder del PSOE en emprender una campaña para destruir al expresidente valenciano y así no asumir ninguna responsabilidad por la catástrofe. Es cierto que Mazón le ayudó con su incapacidad de decir la verdad sobre esa fatídica tarde.. Aznar y Rajoy sufrieron esa estrategia implacable de la izquierda española. El PSOE solo pacta cuando puede sacar un beneficio y nunca pensando en el bien común o los intereses de España. Cualquier duda sobre ese carácter ruin es fácil de clarificar viendo lo sucedido esta legislatura con los pactos que ha alcanzado Sánchez con los comunistas y el blanqueamiento de los independentistas y los antiguos dirigentes del aparato político y militar de la banda terrorista ETA. A la derecha acomplejada, temerosa de ser tildada de ultras, franquistas o fachas, le gusta que le pasen la mano por el lomo los activistas mediáticos de la armada sanchista. Es un gran error. Lo mismo sucede con los habituales lobistas que pululan por Madrid, siempre dispuestos a engrosar sus cuentas, gobierne uno u otro partido. No deberían preocuparse con un cambio de gobierno, porque lo habitual en España es el gatopardismo. La genial novela del príncipe de Lampedusa transcurre en el sur de Italia, el reino de Dos Sicilias, que había sido gobernado durante siglos, precisamente, por la Corona de Aragón en buena parte de la Edad Media, por España en la Edad Moderna y finalmente por la rama española de la dinastía Borbón hasta la unificación italiana.. No importa quién gobierne, porque en las covachuelas del poder siempre encontraremos a gente como José Miguel Contreras o Pepe Blanco, por poner a dos destacados prohombres del sanchismo y el capitalismo de amiguetes, dispuestos a conseguir golosos beneficios como visitadores. La televisión pública sanchista ha sido un ejemplo de ello desde la Transición. Por supuesto, una buena parte de los activistas seguirán haciendo caja sin problema cuando se produzca el cambio. Por eso, es muy acertado que Ayuso, siempre dispuesta a decir la verdad y aguantar cualquier crítica, denuncie esa vergonzosa ley del silencio que han querido promover. Han fracasado, pero es bueno leer o escuchar lo que han dicho muchos tras la tragedia del pasado domingo.. El PP se equivocará siempre si se centra solo en la gestión, porque se ha desangrado por su derecha, precisamente, por las dudas que tienen algunos votantes sobre si desmontará o no la totalidad del cuerpo legal impuesto por la izquierda radical desde que Sánchez consiguió el poder. El centro-derecha quiere que se desmonte ese capitalismo de amiguetes y ese lobismo sin regular que ha permitido ese asalto soez a los organismos y empresas públicas. El gatopardismo ni puede ni debe reproducirse cuando Feijóo llegue al poder. Por eso es bueno que muchas voces pidan la dimisión de Puente y reclamen que con este socialismo no se puede pactar nada.. Francisco Marhuenda. De la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España. Catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE)
«Es muy acertado que Ayuso, siempre dispuesta a decir la verdad y aguantar cualquier crítica, denuncie esa vergonzosa ley del silencio que han querido promover»
En cualquier democracia, esta pregunta solo tendría una respuesta. Es tan sencilla que sorprende que alguien se la pueda plantear. Lo lógico es que el lunes hubiera presentado su dimisión. Es cierto que cuenta con el apoyo de Sánchez, aunque se especula que lo dejará caer. El PP tuvo un comportamiento exquisito, algo que no hace nunca ni el PSOE ni la izquierda política y mediática. Esta semana era normal escuchar voces de prudencia en el centro-derecha o que había que guardar el luto. Por supuesto, los sanchistas y sus aliados se arrogaban la voz del pueblo para asegurar que, en este caso concreto, había que esperar a las conclusiones del informe oficial. He de reconocer que siempre me llama la atención esta doble vara de medir. Cuando se trata de dirigentes del PP, tienen que dimitir inmediatamente y, si pudieran, los meterían directamente en la cárcel. Ayuso fue, una vez más, la más valiente y respondió a esa campaña señalando que quieren imponer la ley del silencio. No se refería, evidentemente, a que no informáramos, aunque les gustaría, sino a que no se hicieran críticas al Gobierno socialista comunista o se pidieran responsabilidades.. La memoria de los dirigentes del Partido Popular y de muchos periodistas es frágil, ya que no recuerdan la brutal e indigna campaña que sufrió esta formación y el Gobierno de Aznar con motivo del 11-M. En aquellos momentos, todo valía para impedir que Rajoy ganara las elecciones. Fue una actuación miserable, pero coherente con el socialismo desde los tiempos de Pablo Iglesias. Fue un error hacer una atribución tan prematura de la autoría del atentado, así como dar tanta información cuando tan poco se sabía. El PP lo pagó en las urnas, pero, también, el PSOE comenzó una nueva etapa basada en el sectarismo, el fanatismo y la radicalidad. Era la recuperación de la estrategia de los frentes populares que impulsó la Unión Soviética en los años treinta con el objetivo de destruir las democracias occidentales. El sanchismo ha recuperado, desgraciadamente, este modelo con la configuración de mayorías parlamentarias con aquellas formaciones que quieren destruir el ordenamiento constitucional y acabar con España. Por supuesto, hay una derecha política, mediática, cultural y empresarial que no ha visto el alcance, o lo minimiza, de los objetivos reales del sanchismo y sus aliados. No es más que la traslación del repugnante modelo político de la izquierda populista iberoamericana, que no es más que el comunismo de toda la vida adaptado al siglo XXI.. Ayuso tiene razón cuando se refiere a la ley del silencio y por eso causa tanta irritación en la izquierda mediática y la derecha acomplejada. Al PSOE y sus aliados se les gana desde la defensa del liberalismo, el ordenamiento constitucional y la idea de una España integradora en donde caben todos los demócratas. Es un error intentar pactar con aquellos que quieren destruirla. Lo es, también, ayudar al Gobierno defendiendo que no se politice la tragedia. Mazón, al margen de sus errores, lo aprendió tras mostrarse amable con Sánchez y hacer declaraciones elogiosas. No tardó el líder del PSOE en emprender una campaña para destruir al expresidente valenciano y así no asumir ninguna responsabilidad por la catástrofe. Es cierto que Mazón le ayudó con su incapacidad de decir la verdad sobre esa fatídica tarde.. Aznar y Rajoy sufrieron esa estrategia implacable de la izquierda española. El PSOE solo pacta cuando puede sacar un beneficio y nunca pensando en el bien común o los intereses de España. Cualquier duda sobre ese carácter ruin es fácil de clarificar viendo lo sucedido esta legislatura con los pactos que ha alcanzado Sánchez con los comunistas y el blanqueamiento de los independentistas y los antiguos dirigentes del aparato político y militar de la banda terrorista ETA. A la derecha acomplejada, temerosa de ser tildada de ultras, franquistas o fachas, le gusta que le pasen la mano por el lomo los activistas mediáticos de la armada sanchista. Es un gran error. Lo mismo sucede con los habituales lobistas que pululan por Madrid, siempre dispuestos a engrosar sus cuentas, gobierne uno u otro partido. No deberían preocuparse con un cambio de gobierno, porque lo habitual en España es el gatopardismo. La genial novela del príncipe de Lampedusa transcurre en el sur de Italia, el reino de Dos Sicilias, que había sido gobernado durante siglos, precisamente, por la Corona de Aragón en buena parte de la Edad Media, por España en la Edad Moderna y finalmente por la rama española de la dinastía Borbón hasta la unificación italiana.. No importa quién gobierne, porque en las covachuelas del poder siempre encontraremos a gente como José Miguel Contreras o Pepe Blanco, por poner a dos destacados prohombres del sanchismo y el capitalismo de amiguetes, dispuestos a conseguir golosos beneficios como visitadores. La televisión pública sanchista ha sido un ejemplo de ello desde la Transición. Por supuesto, una buena parte de los activistas seguirán haciendo caja sin problema cuando se produzca el cambio. Por eso, es muy acertado que Ayuso, siempre dispuesta a decir la verdad y aguantar cualquier crítica, denuncie esa vergonzosa ley del silencio que han querido promover. Han fracasado, pero es bueno leer o escuchar lo que han dicho muchos tras la tragedia del pasado domingo.. El PP se equivocará siempre si se centra solo en la gestión, porque se ha desangrado por su derecha, precisamente, por las dudas que tienen algunos votantes sobre si desmontará o no la totalidad del cuerpo legal impuesto por la izquierda radical desde que Sánchez consiguió el poder. El centro-derecha quiere que se desmonte ese capitalismo de amiguetes y ese lobismo sin regular que ha permitido ese asalto soez a los organismos y empresas públicas. El gatopardismo ni puede ni debe reproducirse cuando Feijóo llegue al poder. Por eso es bueno que muchas voces pidan la dimisión de Puente y reclamen que con este socialismo no se puede pactar nada.. Francisco Marhuenda. De la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España. Catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE)
