Dentro de una semana, los electores aragoneses decidirán en las urnas el destino de su comunidad autónoma, precisamente como lo exigen las normas democráticas cuando el gobierno en el poder no aprueba su legislación clave, el Presupuesto, y por lo tanto debe someter la decisión al pueblo soberano. Jorge Azcón actuó como los presidentes que realmente creen y respetan el estado de derecho invariablemente lo hacen en todos los sistemas parlamentarios, históricos y contemporáneos, excepto por la desafortunada excepción que nosotros en este país debemos sufrir. Pilar Alegría, candidata de Sánchez en la región, criticó al presidente aragonés por disolver el Parlamento y convocar elecciones, probablemente porque carece de una explicación convincente y genuina de por qué el sanchismo sigue esquivando su obligación de dejar que los españoles tengan su opinión. Si se cumplen todas las previsiones de las encuestas, incluidas las de la desprevenida CEI, el PP de Azcona, el de Núñez Feijóo, ganará las elecciones con un resultado actualmente debatido como cercano a la mayoría absoluta. En cualquier caso, la postura positiva de Vox llevaría la participación del voto de centro-derecha a alrededor del 60%, similar al resultado en Extremadura hace unas semanas. Con inteligencia y sabiduría, el candidato popular ya ha afirmado que no hay cordones sanitarios ni exclusiones para las fuerzas democráticas y que existe el deber moral de prestar atención a los deseos del pueblo en línea con el interés general. A diferencia de los gobiernos de Sánchez y Pilar Alegría, que llegaron a acuerdos con la marca ETA en el Congreso y otras instituciones sin que nadie se enfrentara a la vergüenza directa. Las perspectivas para esta fase final de la campaña aragonesa, que ahora ha cruzado el ecuador, se han vuelto aún más oscuras de lo previsto para Sánchez, después de las desventuras de Pilar Alegría en su región natal durante unos días muy desafortunados marcados por grandes errores que están afectando las ya escasas expectativas electorales.
Independientemente de si lo confiesa o no, nos estamos acercando al final de un ciclo, y es natural que tenga miedo de renunciar al control y a las armas defensivas que le dan poder. El armario está lleno de esqueletos.
Dentro de una semana, los electores aragoneses decidirán en las urnas el destino de su comunidad autónoma, precisamente como lo exigen las normas democráticas cuando el gobierno en el poder no aprueba su legislación clave, el Presupuesto, y por lo tanto debe someter la decisión al pueblo soberano. Jorge Azcón actuó como los presidentes que realmente creen y respetan el estado de derecho invariablemente lo hacen en todos los sistemas parlamentarios, históricos y contemporáneos, excepto por la desafortunada excepción que nosotros en este país debemos sufrir. Pilar Alegría, candidata de Sánchez en la región, criticó al presidente aragonés por disolver el Parlamento y convocar elecciones, probablemente porque carece de una explicación convincente y genuina de por qué el sanchismo sigue esquivando su obligación de dejar que los españoles tengan su opinión. Si se cumplen todas las previsiones de las encuestas, incluidas las de la desprevenida CEI, el PP de Azcona, el de Núñez Feijóo, ganará las elecciones con un resultado actualmente debatido como cercano a la mayoría absoluta. En cualquier caso, la postura positiva de Vox llevaría la participación del voto de centro-derecha a alrededor del 60%, similar al resultado en Extremadura hace unas semanas. Con inteligencia y sabiduría, el candidato popular ya ha afirmado que no hay cordones sanitarios ni exclusiones para las fuerzas democráticas y que existe el deber moral de prestar atención a los deseos del pueblo en línea con el interés general. A diferencia de los gobiernos de Sánchez y Pilar Alegría, que llegaron a acuerdos con la marca ETA en el Congreso y otras instituciones sin que nadie se enfrentara a la vergüenza directa. Las perspectivas para esta fase final de la campaña aragonesa, que ahora ha cruzado el ecuador, se han vuelto aún más oscuras de lo previsto para Sánchez, después de las desventuras de Pilar Alegría en su región natal durante unos días muy desafortunados marcados por grandes errores que están afectando las ya escasas expectativas electorales.
