La noticia ya no sorprende. Me refiero al «Homenaje al delincuente». Así titulaba ABC su editorial a propósito del homenaje a un delincuente, no a uno cualquiera, sino al exFiscal General del Estado. Fue en el Ateneo y ese editorial nos decía que «España debe de ser de los pocos países que cuenta con una comunidad jurídica que homenajea a jueces y fiscales condenados por vulnerar los derechos fundamentales de los ciudadanos». Lo comparto, menos lo de la «comunidad jurídica»: entre ese público entregado. -bastantes salieron esa tarde lluviosa del geriátrico progresista-, no veo juristas, sí adictos a la aplicación ideológica y política del Derecho.. Como recuerda el editorial, el Tribunal Supremo había condenado al juez al que se refiere -Garzón- por prevaricar, esto es, por cometer el delito que supone la antítesis de lo que debe ser un juez. También fue homenajeado y aplaudido incluso antes de la condena por la misma clap, en español, palmeros. Sea el exFiscal General o el exjuez, son individuos que perdieron lo que tenían de prestigio profesional y lo aplaudido no es su buen hacer jurídico, sino servirse de su toga -enlodada- contra el adversario político o ideológico.. Esto viene de lejos y en repetidas veces he recordado el aquelarre que en 1998 organizó la plana mayor socialista a las puertas de la cárcel de Guadalajara. También condenados por el Tribunal Supremo, se aplaudió y abrazó a un exministro del Interior y a un exsecretario de Estado de Seguridad que eran encarcelados por delitos de terrorismo de Estado.. Años después homenajearon a dos de sus más significados dirigentes -Chaves y Griñán-, ambos exministros, expresidentes autonómicos y expresidentes del partido. “Gracias Manolo, gracias, Pepe”, así fueron saludados al inicio del 41º Congreso, ¿acaso se les agradecía haber sido condenados por el mayor escándalo de corrupción conocido? Y en el lote de aplausos estaba la que fue exministra y exconsejera, con el añadido de que el aplauso lo pidió el presidente del gobierno. Todos delincuentes, todos blanqueados por el Tribunal Constitucional.. Fuera ya de las fidelidades de partido, entramos en unas afinidades ideológicas de mayor intensidad que confirma que aplaudir al delincuente próximo lo lleva en la sangre nuestra izquierda, ya sea a secas o con el añadido de ultra o radical; una tendencia que se mantiene aunque no toda la familia sea aplaudidora porque es una gran familia, una parentela variada, con miembros aburguesados y hasta con ultras o radicales, pero todos con los mismos sentimientos ideológicos que les une. En los confines de lo racional no se ocultó la solidaridad con los raperos Hasél y Valtònyc, condenados por enaltecimiento del terrorismo pero, claro, lo suyo no era filoterrorismo sino libertad de expresión. Así lo proclamó ese pariente fiel que es Podemos.. Y si seguimos trepando por las ramas del árbol genealógico de esta gran familia nos encontraremos con esos primos lejanos, con los socialistas revolucionarios. Piensen en los homenajes a etarras, encarcelados, recién excarcelados o «viejas glorias». Muchos en la familia les tienen como descarriados, pero como son de la familia ideológica durante años han mirado a otro lado. Unos parientes -la izquierda abertzale-, les colocarán en una peana y otros derrochan comprensión: ahí tenemos a Podemos reprochando a su parentela más aburguesada que decir que los homenajes a etarras son un insulto a las víctimas es «sobredimensionarlos».. Y me fijo en unas palabras del rapero Valtònyc porque dan la clave. Preguntado por qué se le condenó, su respuesta fue: «soy culpable de ser de izquierdas, independentista, comunista y todo lo prohibido». Me quedo con lo de izquierdas, lo demás es guarnición, florituras, y ese razonamiento ¿significa que la derecha vive en la impunidad?, pues no, también tiene su lista de corruptos condenados o, de momento, involucrados, pero por lo menos no se les aplaude ni homenajea; si no es así, con gusto rectificaré.. En su editorial del domingo La Razón describía esta patología de nuestra izquierda como «Justicia de autor» y es que lo que en el común sentir es un delito, para la familia «progresista» los delitos de los suyos no son tales, sino actos debidos, honorables y las exigencias del Estado de Derecho algo injusto, luego es en todo punto ilegítimo castigarlos; esos aires sectarios -sí, de secta- le lleva a una cegadora perversión intelectual.. Esa deslegitimación del Estado de Derecho arrastra, obvio, al Poder Judicial. Con esa «Justicia de autor», una sentencia será admisible si es una «sentencia de autor» que deje impune al familiar y castigue al enemigo, algo que, con cabriolas interpretativas, procurará algún alto tribunal haciendo «jurisprudencia de amiguetes», dicho en términos castizos. Así se cometerán delitos y fuera de lo criminal, tropelías o arbitrariedades, pero se excusarán aún más, se ensalzarán-, si el protagonista o el beneficiado es «de los nuestros», de la familia.. José Luis Requero es magistrado del Supremo
Con esa «Justicia de autor», una sentencia será admisible si es una «sentencia de autor» que deje impune al familiar y castigue al enemigo, algo que, con cabriolas interpretativas, procurará algún alto tribunal haciendo «jurisprudencia de amiguetes»
La noticia ya no sorprende. Me refiero al «Homenaje al delincuente». Así titulaba ABC su editorial a propósito del homenaje a un delincuente, no a uno cualquiera, sino al exFiscal General del Estado. Fue en el Ateneo y ese editorial nos decía que «España debe de ser de los pocos países que cuenta con una comunidad jurídica que homenajea a jueces y fiscales condenados por vulnerar los derechos fundamentales de los ciudadanos». Lo comparto, menos lo de la «comunidad jurídica»: entre ese público entregado. -bastantes salieron esa tarde lluviosa del geriátrico progresista-, no veo juristas, sí adictos a la aplicación ideológica y política del Derecho.. Como recuerda el editorial, el Tribunal Supremo había condenado al juez al que se refiere -Garzón- por prevaricar, esto es, por cometer el delito que supone la antítesis de lo que debe ser un juez. También fue homenajeado y aplaudido incluso antes de la condena por la misma clap, en español, palmeros. Sea el exFiscal General o el exjuez, son individuos que perdieron lo que tenían de prestigio profesional y lo aplaudido no es su buen hacer jurídico, sino servirse de su toga -enlodada- contra el adversario político o ideológico.. Esto viene de lejos y en repetidas veces he recordado el aquelarre que en 1998 organizó la plana mayor socialista a las puertas de la cárcel de Guadalajara. También condenados por el Tribunal Supremo, se aplaudió y abrazó a un exministro del Interior y a un exsecretario de Estado de Seguridad que eran encarcelados por delitos de terrorismo de Estado.. Años después homenajearon a dos de sus más significados dirigentes -Chaves y Griñán-, ambos exministros, expresidentes autonómicos y expresidentes del partido. “Gracias Manolo, gracias, Pepe”, así fueron saludados al inicio del 41º Congreso, ¿acaso se les agradecía haber sido condenados por el mayor escándalo de corrupción conocido? Y en el lote de aplausos estaba la que fue exministra y exconsejera, con el añadido de que el aplauso lo pidió el presidente del gobierno. Todos delincuentes, todos blanqueados por el Tribunal Constitucional.. Fuera ya de las fidelidades de partido, entramos en unas afinidades ideológicas de mayor intensidad que confirma que aplaudir al delincuente próximo lo lleva en la sangre nuestra izquierda, ya sea a secas o con el añadido de ultra o radical; una tendencia que se mantiene aunque no toda la familia sea aplaudidora porque es una gran familia, una parentela variada, con miembros aburguesados y hasta con ultras o radicales, pero todos con los mismos sentimientos ideológicos que les une. En los confines de lo racional no se ocultó la solidaridad con los raperos Hasél y Valtònyc, condenados por enaltecimiento del terrorismo pero, claro, lo suyo no era filoterrorismo sino libertad de expresión. Así lo proclamó ese pariente fiel que es Podemos.. Y si seguimos trepando por las ramas del árbol genealógico de esta gran familia nos encontraremos con esos primos lejanos, con los socialistas revolucionarios. Piensen en los homenajes a etarras, encarcelados, recién excarcelados o «viejas glorias». Muchos en la familia les tienen como descarriados, pero como son de la familia ideológica durante años han mirado a otro lado. Unos parientes -la izquierda abertzale-, les colocarán en una peana y otros derrochan comprensión: ahí tenemos a Podemos reprochando a su parentela más aburguesada que decir que los homenajes a etarras son un insulto a las víctimas es «sobredimensionarlos».. Y me fijo en unas palabras del rapero Valtònyc porque dan la clave. Preguntado por qué se le condenó, su respuesta fue: «soy culpable de ser de izquierdas, independentista, comunista y todo lo prohibido». Me quedo con lo de izquierdas, lo demás es guarnición, florituras, y ese razonamiento ¿significa que la derecha vive en la impunidad?, pues no, también tiene su lista de corruptos condenados o, de momento, involucrados, pero por lo menos no se les aplaude ni homenajea; si no es así, con gusto rectificaré.. En su editorial del domingo La Razón describía esta patología de nuestra izquierda como «Justicia de autor» y es que lo que en el común sentir es un delito, para la familia «progresista» los delitos de los suyos no son tales, sino actos debidos, honorables y las exigencias del Estado de Derecho algo injusto, luego es en todo punto ilegítimo castigarlos; esos aires sectarios -sí, de secta- le lleva a una cegadora perversión intelectual.. Esa deslegitimación del Estado de Derecho arrastra, obvio, al Poder Judicial. Con esa «Justicia de autor», una sentencia será admisible si es una «sentencia de autor» que deje impune al familiar y castigue al enemigo, algo que, con cabriolas interpretativas, procurará algún alto tribunal haciendo «jurisprudencia de amiguetes», dicho en términos castizos. Así se cometerán delitos y fuera de lo criminal, tropelías o arbitrariedades, pero se excusarán aún más, se ensalzarán-, si el protagonista o el beneficiado es «de los nuestros», de la familia.. José Luis Requeroes magistrado del Supremo
