Un desmejorado Pedro Sánchez emprende su última etapa de estancia en La Moncloa. Ya importa poco, a medida que se acerca, inevitable, el final de la legislatura, el empeño en agotarla. Unos meses más o menos qué más da. El manual de resistencia sólo servirá para prolongar la agonía del sanchismo y llenar de votos las alforjas de Abascal. Al presidente se le acumulan los problemas y está solo. Acaban de caérsele los dos últimos soportes que le quedaban: Zapatero y Óscar Puente. El primero, su consejero áulico y antecesor en el cargo, está bajo sospecha por sus actividades y negocios en Venezuela, y el todavía ministro de Transportes, que aspiraba a sucederle y que le servía de escudo protector, ha sido arrollado por la catástrofe de Adamuz y el desbarajuste ferroviario. Antes cayeron Ábalos y Cerdán. Es como si sobre el dirigente socialista pesara una misteriosa maldición: todo el que se aproxima a él sucumbe, como las mariposas nocturnas que acercan sus alas a la vela encendida.. Es enternecedor y chocante verle esforzarse, en estas circunstancias, para sacar adelante aún los Presupuestos cueste lo que cueste, aunque el precio que ponen los nacionalistas catalanes y vascos quebrante el principio socialista de igualdad y hunda en la miseria a los candidatos del PSOE en las demás regiones de España. Ahí está en Aragón, sin ir más lejos, la pobre Pilar Alegría, portavoz suya en el Consejo de ministros, a punto de pagar las consecuencias en las urnas. Debe de ser decepcionante para el presidente Sánchez comprobar, en esta campaña electoral aragonesa y en todas sus salidas , que el pueblo no le quiere. Incluso, lamentablemente, que algunos le insultan. Ni siquiera le agradecen la subida del salario mínimo y las pensiones -estas con un poco de retraso táctico-, ni sus denodados esfuerzos por frenar a la extrema derecha. En realidad está contribuyendo a su expansión acelerada.. Pero hay algo que le preocupa especialmente en este azaroso final de trayecto: la suerte judicial de su mujer y de su hermano y las posibles revelaciones de sus compañeros del Peugeot cuando llegue la hora de la verdad. Aunque acaso lo más inquietante hoy sean las averiguaciones sobre las cuentas del PSOE y de la Internacional Socialista bajo su mandato. El empresario Víctor de Aldama ha vuelto a sacar a relucir el misterioso sobre, cuyo contenido se anuncia demoledor. Por ahora se sabe que procede de Delcy Rodríguez y tiene que ver con el petróleo venezolano. Algunos militantes gritan a Pedro Sánchez que no está solo. Pues lo parece.
Algunos militantes gritan a Pedro Sánchez que no está solo. Pues lo parece
Un desmejorado Pedro Sánchez emprende su última etapa de estancia en La Moncloa. Ya importa poco, a medida que se acerca, inevitable, el final de la legislatura, el empeño en agotarla. Unos meses más o menos qué más da. El manual de resistencia sólo servirá para prolongar la agonía del sanchismo y llenar de votos las alforjas de Abascal. Al presidente se le acumulan los problemas y está solo. Acaban de caérsele los dos últimos soportes que le quedaban: Zapatero y Óscar Puente. El primero, su consejero áulico y antecesor en el cargo, está bajo sospecha por sus actividades y negocios en Venezuela, y el todavía ministro de Transportes, que aspiraba a sucederle y que le servía de escudo protector, ha sido arrollado por la catástrofe de Adamuz y el desbarajuste ferroviario. Antes cayeron Ábalos y Cerdán. Es como si sobre el dirigente socialista pesara una misteriosa maldición: todo el que se aproxima a él sucumbe, como las mariposas nocturnas que acercan sus alas a la vela encendida.. Es enternecedor y chocante verle esforzarse, en estas circunstancias, para sacar adelante aún los Presupuestos cueste lo que cueste, aunque el precio que ponen los nacionalistas catalanes y vascos quebrante el principio socialista de igualdad y hunda en la miseria a los candidatos del PSOE en las demás regiones de España. Ahí está en Aragón, sin ir más lejos, la pobre Pilar Alegría, portavoz suya en el Consejo de ministros, a punto de pagar las consecuencias en las urnas. Debe de ser decepcionante para el presidente Sánchez comprobar, en esta campaña electoral aragonesa y en todas sus salidas , que el pueblo no le quiere. Incluso, lamentablemente, que algunos le insultan. Ni siquiera le agradecen la subida del salario mínimo y las pensiones -estas con un poco de retraso táctico-, ni sus denodados esfuerzos por frenar a la extrema derecha. En realidad está contribuyendo a su expansión acelerada.. Pero hay algo que le preocupa especialmente en este azaroso final de trayecto: la suerte judicial de su mujer y de su hermano y las posibles revelaciones de sus compañeros del Peugeot cuando llegue la hora de la verdad. Aunque acaso lo más inquietante hoy sean las averiguaciones sobre las cuentas del PSOE y de la Internacional Socialista bajo su mandato. El empresario Víctor de Aldama ha vuelto a sacar a relucir el misterioso sobre, cuyo contenido se anuncia demoledor. Por ahora se sabe que procede de Delcy Rodríguez y tiene que ver con el petróleo venezolano. Algunos militantes gritan a Pedro Sánchez que no está solo. Pues lo parece.
