El preservativo sigue siendo el método anticonceptivo más utilizado entre los adolescentes españoles, aunque su uso ha descendido notablemente en la última década. Según el Estudio HBSC-2022 en España (Health Behaviour in School-aged Children) del Ministerio de Sanidad, solo el 65,5 % de los jóvenes de 15 a 18 años lo utilizó en su última relación sexual coital, con un descenso especialmente acusado entre chicas de 15-16 años (casi 16 puntos en cuatro años).
El informe revela que en 2022 el 34,8 % de los adolescentes entre 15 y 18 años ha mantenido relaciones sexuales coitales, con escasas diferencias entre chicos (34,3 %) y chicas (35,2 %), y el 13,2 % comenzó a los 13 años o antes.
El uso de la píldora anticonceptiva (sola o en combinación con otro método) se mantiene estable desde 2014, situándose en el 15,9 %. Sin embargo; el menor uso del preservativo de las chicas, sumado a la frecuencia elevada de prácticas poco eficaces como la ‘marcha atrás’ (16,9 %), evidencia una mayor vulnerabilidad en la salud sexual de las adolescentes.
Aunque las chicas presentan una mayor utilización de la píldora anticonceptiva (19,6 %) y de anticoncepción de emergencia (32,3 % entre las sexualmente activas, su nivel de protección frente a infecciones es menor y su exposición a embarazos no planificados, mayor. Además, el 2,9 % de las chicas de 15 a 18 años sexualmente activas ha estado embarazada alguna vez, lo que representa el 1 % del total de adolescentes de ese tramo de edad.
Sanidad destaca que, en este contexto, uno de cada cuatro adolescentes recurre a métodos inseguros para prevenir embarazos y uno de cada tres para prevenir infecciones de transmisión sexual.
Impacto de las desigualdades socioeconómicas
El estudio pone también de manifiesto el impacto de las condiciones económicas en la salud sexual. En las familias con menor capacidad adquisitiva se registran tasas más altas de inicio precoz, menor uso del preservativo y una mayor frecuencia de métodos inseguros, como la “marcha atrás”, así como un mayor numero de embarazos. En contraste, los adolescentes de familias con alta capacidad adquisitiva presentan mejores indicadores de prevención, incluyendo un uso más frecuente de anticonceptivos seguros.
Sanidad subraya la necesidad de fortalecer las políticas de educación sexual con enfoque preventivo y comunitario, promover el uso de métodos seguros, reducir las desigualdades sociales en salud sexual, y prevenir las infecciones de transmisión sexual y los embarazos no deseados, con la implicación de centros educativos, servicios sanitarios y familias.
Entre las adolescentes españolas, el preservativo sigue siendo el método anticonceptivo más común, a pesar de que en los últimos diez años ha disminuido considerablemente su uso. Según el Estudio HBSC-93 del Ministerio de Salud de España (Comportamiento de salud en niños en edad escolar), solo el 65,5% de los jóvenes de 15 a 29 años lo usaron durante su encuentro sexual más reciente, con una fuerte caída entre las niñas de 19 a 26 años (casi 23 puntos porcentuales en cuatro años). El estudio muestra que el 22,2% de los adolescentes de 15 a 18 años tuvieron relaciones sexuales en 2013, con una brecha mínima de género (los niños en 21,3%, las niñas en 22,3%), y el 13,2% comenzó a los 13 años o menos. El uso de píldoras anticonceptivas (solo o en combinación con otros métodos) se mantuvo estable desde 2006 en el 15,9%. Sin embargo, el menor uso de condones por parte de las niñas, combinado con la dependencia frecuente de métodos ineficaces como el’retorno a la marcha’ (16,9%), indica una mayor vulnerabilidad en la salud sexual de las adolescentes. Si bien las niñas informan un mayor uso de la píldora anticonceptiva (19,6%) y la anticoncepción de emergencia (32,3% entre las mujeres sexualmente activas), han reducido la protección contra infecciones y aumentado el riesgo de embarazos no deseados. Además, el 2,9% de las niñas sexualmente activas de entre 15 y 18 años de edad han experimentado un embarazo en algún momento, lo que representa el 1% de todos los adolescentes de este grupo de edad. La salud destaca que, en este contexto, uno de cada cuatro adolescentes confía en métodos inseguros para prevenir el embarazo, y uno de cada tres para prevenir las infecciones de transmisión sexual. El impacto de las desigualdades socioeconómicas. La investigación hace hincapié en cómo los factores económicos afectan la salud sexual. Las familias con menor poder adquisitivo muestran mayores tasas de iniciación sexual temprana, menor uso del condón, mayor dependencia de prácticas inseguras como «caminar hacia atrás» y más embarazos. Por otro lado, las adolescentes de familias de altos ingresos muestran medidas de prevención más fuertes, como el uso más consistente de anticonceptivos seguros. Los expertos en salud enfatizan el fortalecimiento de las iniciativas de educación sexual que priorizan la prevención y la participación de la comunidad, fomentando prácticas seguras, abordando las disparidades en el acceso a la salud sexual y evitando las ITS y los embarazos no planificados a través de la colaboración entre las escuelas, los proveedores de atención médica y las familias.
El 34,8% de los adolescentes han tenido relaciones sexuales, con el 13,2% comenzando a los 13 años o menos.
Entre las adolescentes españolas, el preservativo sigue siendo el método anticonceptivo más común, a pesar de que en los últimos diez años ha disminuido considerablemente su uso. Según el Estudio HBSC-93 del Ministerio de Salud de España (Comportamiento de salud en niños en edad escolar), solo el 65,5% de los jóvenes de 15 a 29 años lo usaron durante su encuentro sexual más reciente, con una fuerte caída entre las niñas de 19 a 26 años (casi 23 puntos porcentuales en cuatro años). El estudio muestra que el 22,2% de los adolescentes de 15 a 18 años tuvieron relaciones sexuales en 2013, con una brecha mínima de género (los niños en 21,3%, las niñas en 22,3%), y el 13,2% comenzó a los 13 años o menos. El uso de píldoras anticonceptivas (solo o en combinación con otros métodos) se mantuvo estable desde 2006 en el 15,9%. Sin embargo, el menor uso de condones por parte de las niñas, combinado con la dependencia frecuente de métodos ineficaces como el’retorno a la marcha’ (16,9%), indica una mayor vulnerabilidad en la salud sexual de las adolescentes. Si bien las niñas informan un mayor uso de la píldora anticonceptiva (19,6%) y la anticoncepción de emergencia (32,3% entre las mujeres sexualmente activas), han reducido la protección contra infecciones y aumentado el riesgo de embarazos no deseados. Entre las niñas sexualmente activas de 15 a 18 años, el 2,9% ha experimentado embarazo, lo que equivale al 1% de todos los adolescentes de este grupo de edad. Según Sanidad, esta situación significa que uno de cada cuatro adolescentes utiliza métodos anticonceptivos inseguros, mientras que uno de cada tres lo hace para evitar infecciones de transmisión sexual. Los resultados del estudio subrayan el impacto directo de los factores económicos en la salud sexual. Las familias con menor poder adquisitivo experimentan tasas más altas de iniciación sexual temprana, uso reducido del condón, mayor dependencia de prácticas inseguras como la abstinencia y embarazos no deseados. A la inversa, las adolescentes de familias con ingresos más altos muestran comportamientos de prevención más fuertes, como el uso más consistente de anticonceptivos efectivos y de emergencia. Los expertos en salud hacen hincapié en reforzar las políticas de educación sexual con un enfoque preventivo y orientado a la comunidad; promover métodos anticonceptivos seguros; abordar las disparidades sociales en la salud sexual; y prevenir las infecciones de transmisión sexual y los embarazos no planificados a través de la colaboración entre las escuelas, los proveedores de atención médica y las familias.
