Branko Milanovic es uno de los economistas más influyentes del mundo en el estudio de la desigualdad. Acaba de publicar su último libro The Great Global Transformation
Durante casi 20 años Branko Milanovic trabajó en el Banco Mundial, donde llegó a ser economista jefe del Departamento de Investigación. Actualmente es investigador sénior del Stone Center on Socio-economic Inequality en la City University of New York.. ¿Es hoy la desigualdad un problema mayor que hace veinte años o simplemente más visible políticamente?. Es un problema más visible que antes, aunque no necesariamente mayor en todos los países. En algunos casos la desigualdad se mantiene estable: en Suecia o en España, por ejemplo, no ha cambiado demasiado. En otros países, como Brasil, incluso se ha reducido. Por tanto, existe una gran heterogeneidad. Sin embargo, desde el punto de vista político, se ha convertido en un problema cada vez más importante. Siempre hay un cierto desfase temporal entre la evolución real de la desigualdad y el momento en que se convierte en un tema central del debate público.. ¿Hemos confundido crecimiento económico con progreso social en las últimas décadas?. Creo que esa confusión ha existido siempre. Es cierto que el desarrollo económico suele ir acompañado de progreso social: la eliminación de ciertas normas discriminatorias o la mejora de las condiciones de vida. Pero también hemos visto crecimiento económico bajo distintos tipos de dictaduras. Por lo tanto, crecimiento y progreso social no siempre van de la mano. En cualquier caso, lo que hemos visto en los últimos veinte o treinta años no es algo completamente nuevo en ese sentido.. En su famosa «curva del elefante» mostró ganadores y perdedores de la globalización. ¿Hasta qué punto explica eso el auge del populismo en Occidente?. No me gusta mucho el término «populismo», pero lo utilizaré porque es el que se usa habitualmente. La curva muestra que las clases medias de los países occidentales han experimentado un crecimiento mucho más lento que otros grupos. Por un lado, compiten con trabajadores de Asia que se han beneficiado enormemente de la globalización. Por otro, ven cómo el 1% más rico de sus propios países ha seguido aumentando sus ingresos. Así que muchas personas se sienten atrapadas entre esos dos grupos: quienes están por detrás pero avanzan rápidamente y quienes están por delante y continúan alejándose.. ¿Puede sobrevivir la democracia liberal?. Puede sobrevivir, pero será difícil. Hay muchos grupos sociales que no están satisfechos con la situación actual y pueden sentirse atraídos por líderes que prometen mucho, aunque luego no cumplan. Eso solo se descubre después de que hayan sido elegidos. Además, creo que existe una creciente desafección hacia la democracia, especialmente entre los jóvenes. Muchos tienen la sensación de que votar no cambia realmente las cosas, que gobierne quien gobierne las políticas serán similares. Si miramos a EEUU, normalmente vota alrededor de la mitad de la población. Incluso en elecciones muy importantes, la abstención sigue siendo muy elevada. La participación política de los jóvenes es fundamental para el funcionamiento de la democracia.. Usted ha hablado de «capitalismo meritocrático liberal». ¿En qué momento empieza a perpetuar privilegios?. Cuando hablo de capitalismo meritocrático no me refiero necesariamente a un sistema en el que las personas más capaces siempre llegan a la cima. El elemento meritocrático consiste más bien en que las élites creen que merecen estar donde están. Piensan así porque han estudiado en buenas universidades y, además, trabajan mucho. Esto es interesante porque contrasta con las antiguas élites capitalistas, que muchas veces presumían precisamente de no trabajar. Hoy, en cambio, las élites tienden a presentarse como personas muy trabajadoras. Sin embargo, muchas de las ventajas de las que disfrutan se deben también a su origen social privilegiado: acceso a buenas escuelas, redes de contactos o recursos económicos que no están disponibles para todos.. ¿El ascensor social se está averiando?. Existe movilidad social, pero en algunos países está disminuyendo. En Estados Unidos, por ejemplo, si se comparan los ingresos de padres e hijos a lo largo del tiempo, se observa que la movilidad social ha ido reduciéndose desde los años ochenta. Parte del problema es que el acceso a las mejores escuelas y universidades no es igual para todos. Requiere recursos económicos, información y contactos. Por eso, muchas de las élites creen que su éxito se debe únicamente al mérito personal, sin tener en cuenta esas ventajas iniciales.. Si tuviera que elegir una sola reforma para reducir la desigualdad, ¿cuál sería?. La educación pública gratuita y de excelente calidad. Si los profesores estuvieran mejor pagados en el sistema público, muchos de los mejores docentes trabajarían en él.
Durante casi 20 años Branko Milanovic trabajó en el Banco Mundial, donde llegó a ser economista jefe del Departamento de Investigación. Actualmente es investigador sénior del Stone Center on Socio-economic Inequality en la City University of New York.. ¿Es hoy la desigualdad un problema mayor que hace veinte años o simplemente más visible políticamente?. Es un problema más visible que antes, aunque no necesariamente mayor en todos los países. En algunos casos la desigualdad se mantiene estable: en Suecia o en España, por ejemplo, no ha cambiado demasiado. En otros países, como Brasil, incluso se ha reducido. Por tanto, existe una gran heterogeneidad. Sin embargo, desde el punto de vista político, se ha convertido en un problema cada vez más importante. Siempre hay un cierto desfase temporal entre la evolución real de la desigualdad y el momento en que se convierte en un tema central del debate público.. ¿Hemos confundido crecimiento económico con progreso social en las últimas décadas?. Creo que esa confusión ha existido siempre. Es cierto que el desarrollo económico suele ir acompañado de progreso social: la eliminación de ciertas normas discriminatorias o la mejora de las condiciones de vida. Pero también hemos visto crecimiento económico bajo distintos tipos de dictaduras. Por lo tanto, crecimiento y progreso social no siempre van de la mano. En cualquier caso, lo que hemos visto en los últimos veinte o treinta años no es algo completamente nuevo en ese sentido.. En su famosa «curva del elefante» mostró ganadores y perdedores de la globalización. ¿Hasta qué punto explica eso el auge del populismo en Occidente?. No me gusta mucho el término «populismo», pero lo utilizaré porque es el que se usa habitualmente. La curva muestra que las clases medias de los países occidentales han experimentado un crecimiento mucho más lento que otros grupos. Por un lado, compiten con trabajadores de Asia que se han beneficiado enormemente de la globalización. Por otro, ven cómo el 1% más rico de sus propios países ha seguido aumentando sus ingresos. Así que muchas personas se sienten atrapadas entre esos dos grupos: quienes están por detrás pero avanzan rápidamente y quienes están por delante y continúan alejándose.. ¿Puede sobrevivir la democracia liberal?. Puede sobrevivir, pero será difícil. Hay muchos grupos sociales que no están satisfechos con la situación actual y pueden sentirse atraídos por líderes que prometen mucho, aunque luego no cumplan. Eso solo se descubre después de que hayan sido elegidos. Además, creo que existe una creciente desafección hacia la democracia, especialmente entre los jóvenes. Muchos tienen la sensación de que votar no cambia realmente las cosas, que gobierne quien gobierne las políticas serán similares. Si miramos a EEUU, normalmente vota alrededor de la mitad de la población. Incluso en elecciones muy importantes, la abstención sigue siendo muy elevada. La participación política de los jóvenes es fundamental para el funcionamiento de la democracia.. Usted ha hablado de «capitalismo meritocrático liberal». ¿En qué momento empieza a perpetuar privilegios?. Cuando hablo de capitalismo meritocrático no me refiero necesariamente a un sistema en el que las personas más capaces siempre llegan a la cima. El elemento meritocrático consiste más bien en que las élites creen que merecen estar donde están. Piensan así porque han estudiado en buenas universidades y, además, trabajan mucho. Esto es interesante porque contrasta con las antiguas élites capitalistas, que muchas veces presumían precisamente de no trabajar. Hoy, en cambio, las élites tienden a presentarse como personas muy trabajadoras. Sin embargo, muchas de las ventajas de las que disfrutan se deben también a su origen social privilegiado: acceso a buenas escuelas, redes de contactos o recursos económicos que no están disponibles para todos.. ¿El ascensor social se está averiando?. Existe movilidad social, pero en algunos países está disminuyendo. En Estados Unidos, por ejemplo, si se comparan los ingresos de padres e hijos a lo largo del tiempo, se observa que la movilidad social ha ido reduciéndose desde los años ochenta. Parte del problema es que el acceso a las mejores escuelas y universidades no es igual para todos. Requiere recursos económicos, información y contactos. Por eso, muchas de las élites creen que su éxito se debe únicamente al mérito personal, sin tener en cuenta esas ventajas iniciales.. Si tuviera que elegir una sola reforma para reducir la desigualdad, ¿cuál sería?. La educación pública gratuita y de excelente calidad. Si los profesores estuvieran mejor pagados en el sistema público, muchos de los mejores docentes trabajarían en él.
