Incapacidad para cerrar completamente los labios o los párpados, derramar el café al pedirlo, dificultad para hablar con claridad, o incluso ser incapaz de silbar. La parálisis facial suele aparecer repentinamente y conduce a una pérdida de control sobre los músculos faciales. «Hay aproximadamente de 30 a 103 casos por cada 100.000 personas cada año, lo que se traduce en más de 9.000 a 10.000 nuevos casos al año» en España, explica el Dr. Maurizio Levorato, codirector de la Unidad de Parálisis Facial del Hospital Quirónsalud de Barcelona. Según el especialista, la parálisis facial repentina no se puede prevenir, por lo que es esencial visitar un centro especializado tan pronto como sea posible después de que ocurra para comenzar el tratamiento, determinar la causa, maximizar las posibilidades de recuperación y minimizar los efectos a largo plazo. Si bien no se garantiza una cura definitiva en todos los casos, a menudo se pueden lograr mejoras funcionales y estéticas significativas con un tratamiento adecuado e individualizado. Como el Dr. Levorato señala que el enfoque inicial generalmente implica corticosteroides, cuidado ocular protector para la córnea y orientación detallada del especialista en rehabilitación, ya que la rehabilitación inadecuada puede comprometer seriamente los resultados a largo plazo. Usted debe «dirigir» la regeneración del nervio. En otras palabras, una atención verdaderamente integral. Con este objetivo en mente, el Hospital Quirónsalud Barcelona ha establecido la unidad mencionada anteriormente. Está diseñado para alejarse del modelo tradicional de atención fragmentada y, en su lugar, proporcionar un tratamiento integrado y multidisciplinario para una condición que conlleva importantes consecuencias funcionales, estéticas y emocionales. Actualmente, sólo un puñado de centros en España ofrecen este tipo de unidad funcional totalmente integrada. Como resultado, el paciente ya no tiene que migrar de un centro a otro sintiéndose perdido. La estrecha coordinación y el vínculo entre los especialistas desde el primer momento tranquilizan al paciente, que entra en un camino en el que cada aspecto de su condición se analiza y examina a fondo para diseñar un plan terapéutico personalizado y rápido», subraya el codirector de la unidad médica. Este es un cuidado crucial porque «entre el 70 y el 85% de los casos de parálisis de Bell (una afección que causa una debilidad repentina en los músculos de un lado de la cara) tratados con corticosteroides dentro de las primeras 72 horas recuperan completamente su función dentro de 3 a 6 meses», señala Levorato. Los pacientes restantes, añade el médico, requerirán un tratamiento adicional y una rehabilitación prolongada, con todo lo que ello implica. Según la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello, la cara es el principal instrumento de comunicación no verbal y de identidad personal. Como resultado, el cambio brusco en su apariencia suele provocar ansiedad, depresión y una profunda reclusión social, ya que el paciente siente que ha perdido la capacidad de transmitir emociones y de ser reconocido por los que lo rodean.
Entre el 70% y el 85% de los pacientes tratados en ese momento recuperan la función dentro de 3 a 6 meses.
Incapacidad para cerrar completamente los labios o los párpados, derramar el café al pedirlo, dificultad para hablar con claridad, o incluso ser incapaz de silbar. La parálisis facial suele aparecer repentinamente y conduce a una pérdida de control sobre los músculos faciales. «Hay aproximadamente de 30 a 103 casos por cada 100.000 personas cada año, lo que se traduce en más de 9.000 a 10.000 nuevos casos al año» en España, explica el Dr. Maurizio Levorato, codirector de la Unidad de Parálisis Facial del Hospital Quirónsalud de Barcelona. Según el especialista, la parálisis facial repentina no se puede prevenir, por lo que es esencial visitar un centro especializado tan pronto como sea posible después de que ocurra para comenzar el tratamiento, determinar la causa, maximizar las posibilidades de recuperación y minimizar los efectos a largo plazo. Si bien no se garantiza una cura definitiva en todos los casos, a menudo se pueden lograr mejoras funcionales y estéticas significativas con un tratamiento adecuado e individualizado. Como el Dr. Levorato señala que el enfoque inicial generalmente implica corticosteroides, cuidado ocular protector para la córnea y orientación detallada del especialista en rehabilitación, ya que la rehabilitación inadecuada puede comprometer seriamente los resultados a largo plazo. Usted debe «dirigir» la regeneración del nervio. En otras palabras, una atención verdaderamente integral. Con este objetivo en mente, el Hospital Quirónsalud Barcelona ha establecido la unidad mencionada anteriormente. Está diseñado para alejarse del modelo tradicional de atención fragmentada y, en su lugar, proporcionar un tratamiento integrado y multidisciplinario para una condición que conlleva importantes consecuencias funcionales, estéticas y emocionales. Actualmente, sólo un puñado de centros en España ofrecen este tipo de unidad funcional totalmente integrada. Como resultado, el paciente ya no tiene que migrar de un centro a otro sintiéndose perdido. La estrecha coordinación y el vínculo entre los especialistas desde el primer momento tranquilizan al paciente, que entra en un camino en el que cada aspecto de su condición se analiza y examina a fondo para diseñar un plan terapéutico personalizado y rápido», subraya el codirector de la unidad médica. Este es un cuidado crucial porque «entre el 70 y el 85% de los casos de parálisis de Bell (una afección que causa una debilidad repentina en los músculos de un lado de la cara) tratados con corticosteroides dentro de las primeras 72 horas recuperan completamente su función dentro de 3 a 6 meses», señala Levorato. Los pacientes restantes, añade el médico, requerirán un tratamiento adicional y una rehabilitación prolongada, con todo lo que ello implica. Según la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello, la cara es el principal instrumento de comunicación no verbal y de identidad personal. Como resultado, el cambio brusco en su apariencia suele provocar ansiedad, depresión y una profunda reclusión social, ya que el paciente siente que ha perdido la capacidad de transmitir emociones y de ser reconocido por los que lo rodean.
