Marc Herrouin lleva 16 años trabajando en España como herrador, una profesión imprescindible para la salud y el bienestar de los caballos. Su vinculación con el mundo ecuestre comenzó cuando empezó a montar a caballo con once años. A los 19 descubrió el oficio que marcaría su trayectoria profesional. Tras cursar una formación de cinco años en Francia, decidió dedicar su vida al herraje, una labor que sigue desempeñando impulsado por la misma pasión por los caballos que le llevó a acercarse a ellos siendo un niño. Herrouin recuerda que su interés por esta profesión nació gracias a un amigo que le mostró el mundo de la forja y le hizo comprender la enorme importancia que tiene el herraje en la vida diaria de los caballos. Aquella experiencia despertó una vocación que le llevó a formarse y especializarse en un trabajo tan exigente como necesario dentro del sector ecuestre. «Somos los podólogos de los caballos», señala para describir una labor que va mucho más allá de colocar herraduras. Según explica, los cascos crecen aproximadamente un centímetro y medio al mes, de forma similar a las uñas en las personas, por lo que necesitan un mantenimiento periódico. El trabajo del herrador consiste en recortarlos y mantener al caballo correctamente aplomado para favorecer su bienestar y su funcionalidad. Antes de iniciar cualquier intervención, Herrouin considera fundamental observar al caballo y estudiar cómo pisa. Cada ejemplar presenta unas características distintas y eso obliga a adaptar el trabajo a cada caso concreto. «Cada caballo es distinto» y por ello resulta imprescindible analizar previamente su pisada para determinar cómo debe realizarse el recorte del casco. La interpretación de los aplomos constituye, a su juicio, una de las mayores dificultades de la profesión. Herrouin reconoce que «lo más difícil es recortar el caballo y aplomar el casco», ya que requiere comprender cómo crece y cómo se comporta cada pie. Del mismo modo que algunas personas necesitan corregir su forma de pisar, los caballos también presentan pequeños defectos o desequilibrios que deben compensarse para que puedan desplazarse de la manera más correcta posible durante todo el ciclo de herraje. Aunque trabaja habitualmente con caballos acostumbrados al manejo, admite que se trata de una profesión que exige extremar las precauciones. Los caballos son animales sensibles y cualquier sobresalto puede provocar una reacción inesperada, por lo que considera fundamental adoptar medidas de seguridad y conocer bien el comportamiento del animal con el que se está trabajando. Herrouin considera que la tendencia de algunos propietarios a retrasar los ciclos de herraje para reducir gastos es una práctica poco recomendable. «No sirve de nada alargar una semana» porque el ahorro económico es mínimo y puede afectar al estado general del caballo. El herrador francés defiende que el caballo necesita una atención constante y que respetar los tiem
Marc Herrouin explica la importancia del herraje y el papel que desempeña en la salud y el rendimiento de los caballos
Marc Herrouin lleva 16 años trabajando en España como herrador, una profesión imprescindible para la salud y el bienestar de los caballos. Su vinculación con el mundo ecuestre comenzó cuando empezó a montar a caballo con once años. A los 19 descubrió el oficio que marcaría su trayectoria profesional. Tras cursar una formación de cinco años en Francia, decidió dedicar su vida al herraje, una labor que sigue desempeñando impulsado por la misma pasión por los caballos que le llevó a acercarse a ellos siendo un niño.Herrouin recuerda que su interés por esta profesión nació gracias a un amigo que le mostró el mundo de la forja y le hizo comprender la enorme importancia que tiene el herraje en la vida diaria de los caballos. Aquella experiencia despertó una vocación que le llevó a formarse y especializarse en un trabajo tan exigente como necesario dentro del sector ecuestre. «Somos los podólogos de los caballos», señala para describir una labor que va mucho más allá de colocar herraduras. Según explica, los cascos crecen aproximadamente un centímetro y medio al mes, de forma similar a las uñas en las personas, por lo que necesitan un mantenimiento periódico. El trabajo del herrador consiste en recortarlos y mantener al caballo correctamente aplomado para favorecer su bienestar y su funcionalidad.Antes de iniciar cualquier intervención, Herrouin considera fundamental observar al caballo y estudiar cómo pisa. Cada ejemplar presenta unas características distintas y eso obliga a adaptar el trabajo a cada caso concreto. «Cada caballo es distinto» y por ello resulta imprescindible analizar previamente su pisada para determinar cómo debe realizarse el recorte del casco.La interpretación de los aplomos constituye, a su juicio, una de las mayores dificultades de la profesión. Herrouin reconoce que «lo más difícil es recortar el caballo y aplomar el casco», ya que requiere comprender cómo crece y cómo se comporta cada pie. Del mismo modo que algunas personas necesitan corregir su forma de pisar, los caballos también presentan pequeños defectos o desequilibrios que deben compensarse para que puedan desplazarse de la manera más correcta posible durante todo el ciclo de herraje.Aunque trabaja habitualmente con caballos acostumbrados al manejo, admite que se trata de una profesión que exige extremar las precauciones. Los caballos son animales sensibles y cualquier sobresalto puede provocar una reacción inesperada, por lo que considera fundamental adoptar medidas de seguridad y conocer bien el comportamiento del animal con el que se está trabajando.Herrouin considera que la tendencia de algunos propietarios a retrasar los ciclos de herraje para reducir gastos es una práctica poco recomendable. «No sirve de nada alargar una semana» porque el ahorro económico es mínimo y puede afectar al estado general del caballo.El herrador francés defiende que el caballo necesita una atención constante y que respetar los tiempos re
Noticias de Deportes en La Razón
