Por mucho que digan algunos, la cooperación con Marruecos en materia migratoria es cualquier cosa menos ejemplar. Si lo fuera, no entrarían en Ceuta miles de marroquíes saltando verjas (10.000 en 2021) o nadando (50.000 estos mismos días) ante la mirada impotente de los pocos policías y guardias civiles allí desplegados. La pasividad de las fuerzas del orden marroquíes, atestiguada en numerosos vídeos, no deja dudas sobre su complicidad o indiferencia ante un asalto multitudinario (“ataque y violación de nuestra soberanía territorial”, ha dicho Pedro Sánchez al aterrizar en la ciudad) que ya ha dejado una cincuentena de jóvenes ahogados y que proyecta una pésima imagen de nuestro vecino como un país del que la gente quiere huir en masa y aprovecha cualquier oportunidad para hacerlo, incluso al precio de la propia vida.Seguir leyendo
Por mucho que digan algunos, la cooperación con Marruecos en materia migratoria es cualquier cosa menos ejemplar. Si lo fuera, no entrarían en Ceuta miles de marroquíes saltando verjas (10.000 en 2021) o nadando (50.000 estos mismos días) ante la mirada impotente de los pocos policías y guardias civiles allí desplegados. La pasividad de las fuerzas del orden marroquíes, atestiguada en numerosos vídeos, no deja dudas sobre su complicidad o indiferencia ante un asalto multitudinario (“ataque y violación de nuestra soberanía territorial”, ha dicho Pedro Sánchez al aterrizar en la ciudad) que ya ha dejado una cincuentena de jóvenes ahogados y que proyecta una pésima imagen de nuestro vecino como un país del que la gente quiere huir en masa y aprovecha cualquier oportunidad para hacerlo, incluso al precio de la propia vida.¿Ustedes se imaginan lo que es recibir a 50.000 personas en una ciudad de 18,5 km² y 83.000 habitantes? Gente con hambre y sin un lugar para dormir porque las instalaciones de acogida han quedado desbordadas. No se puede dar un paso por la ciudad, la gente está aterrorizada, las tiendas cerradas y se han aplazado las fiestas. El presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, acusa al gobierno de reaccionar de forma “tardía e insuficiente”, mientras nuestros socios europeos se inquietan ante la porosidad de una frontera europea y exigen firmeza. Todo ello a escasos kilómetros de Tetuán, donde el monarca Mohamed VI celebraba el mismo 30 de julio la Fiesta del Trono, el 27 aniversario de su entronización, desde el mismo palacio que ocupó el Alto Comisario español durante los años del Protectorado, con un discurso sin la menor mención a la huida en masa de su país de miles de jóvenes que no ven futuro dentro de sus fronteras.Sin duda debe haber motivos para esta fuga en masa y para el silencio y pasividad de los responsables marroquíes que debían evitarla en primer lugar. O al menos esforzarse para intentarlo. Están ciertamente las brutales diferencias de renta y de perspectivas vitales entre España y Marruecos, que recuerdan la imagen del Libro Rojo de Mao Zedong de enclaves ricos asediados por los pobres de la Tierra. Eso no tiene arreglo a corto plazo. Está también la reciente visita de Pedro Sánchez a Argel para afirmar el restablecimiento de una relación que se vio afectada cuando su gobierno se alineó sorpresivamente con Marruecos al considerar la oferta marroquí de autonomía como la fórmula “más seria, creíble y realista” para resolver el problema del Sáhara Occidental. Argelia, que había roto relaciones con Rabat cuando Marruecos se incorporó a los Acuerdos Abraham y estableció relaciones diplomáticas con Israel a cambio de que Donald Trump le diera el Sahara, reaccionó airadamente, retiró a su embajador de Madrid y redujo sus exportaciones de gas a España mientras dejaba en mínimos sus importaciones. Ahora, cuatro años después, es normal que se pase página y que se escen
Por mucho que digan algunos, la cooperación con el reino magrebí en materia migratoria es cualquier cosa menos ejemplar
