El número 6 de Franco Baresi hace tiempo que cuelga del cielo de San Siro. Cuando se retiró, en 1997, el Milan decidió que nadie más vistiera esa camiseta porque nadie podría estar a su altura. A menudo se habla del Milan que dirigió Arrigo Sacchi como «el Milan de los holandeses», pero en realidad era el Milan de Franco Baresi. Él era el que marcaba el estilo del equipo, el que daba la orden para achicar el campo y dejar al rival en fuera de juego una y otra vez. El Real Madrid de la Quinta del Buitre lo podría explicar mejor que nadie. Baresi fue la conexión entre el Milan de Gianni Rivera y el de Van Basten, el recuerdo también de los años duros en la Serie B después de un descenso por amaño de partidos. En aquellos tiempos aparecían a su lado nombres como el de Mauro Tassotti y Alberico Evani, que lo acompañaron después en los años gloriosos de las Copas de Europa. Baresi, aficionado del Milan desde pequeño, nunca quiso abandonar el club. Le había costado mucho llegar. Fue rechazado una vez y tampoco el Inter lo quiso por ser demasiado enclenque. Allí jugaba su hermano Giuseppe y durante años fueron la imagen del derbi de la ciudad, cada uno como capitán de su equipo. Giuseppe, Beppe, jugó el Mundial de 1986 en el que Italia defendía el título. Fue el único que Franco se perdió entre 1982 y 1994. Fue campeón del mundo cuando aún no había debutado con la selección. Estuvo entre los 22 convocados por Enzo Bearzot para España‘82, pero su debut no llegó hasta diciembre de ese año en la clasificación para la Eurocopa contra Rumanía. Para entonces ya era el capitán del Milan, que lo había elegido como símbolo del club cuando aún no había comenzado a construir su leyenda. En Italia ‘90 cuando él y su Milan estaban en plenitud, Argentina lo apartó de la final, pero tuvo la posibilidad de revancha en el Mundial‘94 en Estados Unidos. Se lesionó en el segundo partido, una rotura de menisco de la que se recuperó a tiempo de regresar para jugar la final. Lideró la defensa que aguantó a Brasil 120 minutos con empate a cero. Todo estaba en su sitio, Sacchi estaba en el banquillo, con Ancelotti de ayudante, y Baresi ordenaba la defensa con el brazalete de capitán. Pero llegó el turno de los penaltis y Baresi falló el primero. Baggio hizo lo mismo en el último y Brasil levantó su cuarta Copa del Mundo, la primera sin Pelé. Baresi no volvió a ganar un Mundial, pero siguió ganando con el Milan. Sin Sacchi, pero con Capello, ganó su tercera Copa de Europa. Y continuó ganando Ligas. Fueron seis en tres décadas diferentes. La primera, en la temporada 78/79; la última, en la 95/96. Baresi fue el último gran líbero en un fútbol que comenzaba a abandonar el marcaje al hombre para entregarse a la zona, en parte por el éxito de aquel Milan de Sacchi. Un futbolista que permaneció ligado al Milan durante toda su vida. Primero como futbolista ya después, como vicepresidente. Solo abandonó durante un
Símbolo del Milan, una enfermedad pulmonar le ha provocado la muerte. Tenía 66 años
El número 6 de Franco Baresi hace tiempo que cuelga del cielo de San Siro. Cuando se retiró, en 1997, el Milan decidió que nadie más vistiera esa camiseta porque nadie podría estar a su altura. A menudo se habla del Milan que dirigió Arrigo Sacchi como «el Milan de los holandeses», pero en realidad era el Milan de Franco Baresi. Él era el que marcaba el estilo del equipo, el que daba la orden para achicar el campo y dejar al rival en fuera de juego una y otra vez. El Real Madrid de la Quinta del Buitre lo podría explicar mejor que nadie.Baresi fue la conexión entre el Milan de Gianni Rivera y el de Van Basten, el recuerdo también de los años duros en la Serie B después de un descenso por amaño de partidos. En aquellos tiempos aparecían a su lado nombres como el de Mauro Tassotti y Alberico Evani, que lo acompañaron después en los años gloriosos de las Copas de Europa.Baresi, aficionado del Milan desde pequeño, nunca quiso abandonar el club. Le había costado mucho llegar. Fue rechazado una vez y tampoco el Inter lo quiso por ser demasiado enclenque. Allí jugaba su hermano Giuseppe y durante años fueron la imagen del derbi de la ciudad, cada uno como capitán de su equipo.Giuseppe, Beppe, jugó el Mundial de 1986 en el que Italia defendía el título. Fue el único que Franco se perdió entre 1982 y 1994. Fue campeón del mundo cuando aún no había debutado con la selección. Estuvo entre los 22 convocados por Enzo Bearzot para España‘82, pero su debut no llegó hasta diciembre de ese año en la clasificación para la Eurocopa contra Rumanía. Para entonces ya era el capitán del Milan, que lo había elegido como símbolo del club cuando aún no había comenzado a construir su leyenda.En Italia ‘90 cuando él y su Milan estaban en plenitud, Argentina lo apartó de la final, pero tuvo la posibilidad de revancha en el Mundial‘94 en Estados Unidos. Se lesionó en el segundo partido, una rotura de menisco de la que se recuperó a tiempo de regresar para jugar la final. Lideró la defensa que aguantó a Brasil 120 minutos con empate a cero. Todo estaba en su sitio, Sacchi estaba en el banquillo, con Ancelotti de ayudante, y Baresi ordenaba la defensa con el brazalete de capitán. Pero llegó el turno de los penaltis y Baresi falló el primero. Baggio hizo lo mismo en el último y Brasil levantó su cuarta Copa del Mundo, la primera sin Pelé.Baresi no volvió a ganar un Mundial, pero siguió ganando con el Milan. Sin Sacchi, pero con Capello, ganó su tercera Copa de Europa. Y continuó ganando Ligas. Fueron seis en tres décadas diferentes. La primera, en la temporada 78/79; la última, en la 95/96.Baresi fue el último gran líbero en un fútbol que comenzaba a abandonar el marcaje al hombre para entregarse a la zona, en parte por el éxito de aquel Milan de Sacchi. Un futbolista que permaneció ligado al Milan durante toda su vida. Primero como futbolista ya después, como vicepresidente. Solo abandonó durante un breve
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