El 27 de agosto de 2025 fue un día importante para Daniel. A las 11.41 de la mañana, este presunto narco encargado de logística, que es como se denomina coordinar a los camioneros que extraen la coca de los contenedores del puerto de Valencia, contactó con su colega Coscu. Sobre la mesa, un suculento negocio. Colar un cargamento a través de esta laberíntica miniciudad donde las grúas se solapan con el estruendo metálico de la carga y descarga. La millonaria empresa debía salir a la perfección. Era la primera vez que iban a medias con un capo rumano bien relacionado con los bajos fondos del puerto de Róterdam. Y, por ello, Daniel y Coscu debían cerrar los flecos para que la mercancía llegara a su destino. Sin sobresaltos. Seguir leyendo
El 27 de agosto de 2025 fue un día importante para Daniel. A las 11.41 de la mañana, este presunto narco encargado de logística, que es como se denomina coordinar a los camioneros que extraen la coca de los contenedores del puerto de Valencia, contactó con su colega Coscu. Sobre la mesa, un suculento negocio. Colar un cargamento a través de esta laberíntica miniciudad donde las grúas se solapan con el estruendo metálico de la carga y descarga. La millonaria empresa debía salir a la perfección. Era la primera vez que iban a medias con un capo rumano bien relacionado con los bajos fondos del puerto de Róterdam. Y, por ello, Daniel y Coscu debían cerrar los flecos para que la mercancía llegara a su destino. Sin sobresaltos. —Han venido a ofrecerme una faena. Está interesante. Los guardias de dentro, a los verdes, al 20. —Sí. ¿Los verdes?—Sí.—Hostia, ¿y qué ganamos?—El 20 es mucho.—Sería hablar las condiciones. Los pinchazos telefónicos a la red de narcos del puerto de Valencia desmantelada en la Operación Spider —que se saldó en julio de 2025 con la incautación de 4,5 toneladas de coca (más de 60 millones de euros en el mercado)— revelan que la organización pagaba hasta un 20% de comisión a los agentes de la Guardia Civil corruptos. Así se desprende del sumario del caso que instruye desde hace dos años el juzgado de Instrucción 15 de Valencia y al que ha tenido acceso EL PAÍS. Las comunicaciones a través de Zangi, una aplicación telefónica encriptada de origen iraní con la que se comunicaban los traficantes, afloran las negociaciones para comprar las voluntades de los funcionarios de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado que operaban en el puerto de Valencia, la tercera puerta de Europa de entrada de cocaína por detrás de Amberes y Róterdam. Para garantizar que el soborno llega a buen puerto, Coscu pregunta a Daniel si podrán sentarse a negociar directamente “con los picoletos” encargados de hacer la vista gorda. O, por el contrario, canalizarán los pagos a través de intermediarios. “Habrá que saber quiénes son [los funcionarios] por si pasa algo”, alega el primer traficante, a quien las pesquisas conectan con un alijo de 1.160 kilos de coca en Valencia en julio de 2025. Daniel transmite a Coscu que su sistema para colocar la mercancía es seguro. Precisa que controlan a los agentes que supervisan los contenedores. “Si entra un camión nuestro, la barrera la tenemos también”, reconoce. “Pegali una volta [dale una vuelta, en valenciano]”, zanja el jefe de logística de la trama antes de despedirse. El rastreo de las comunicaciones de la organización, que cayó en julio de 2025 con 81 arrestos, entre ellos un guardia civil, confirma los expeditivos métodos a los que recurrían los narcos para solventar sus cuitas. A las 19.48 del 4 de septiembre de 2025 Daniel trata a través de la aplicación encriptada con un interlocutor desconocido. El traficante está nervioso.
Los ‘pinchazos’ de un chat encriptado revelan que la organización desmantelada en la Operación Spider (4,5 toneladas de droga) planeó contratar a un mercenario colombiano para un ajuste de cuentas
