Charles Maurice de Talleyrand (1754-1838), obispo, diplomático y estadista francés, harto de que sus adversarios políticos le presentaran propuestas inviables, dijo que «lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible». En España, se le atribuye haber afirmado lo mismo al torero Raúl Guerra (1862-1941), «Guerrita». El primero era consciente de la tautología que utilizaba; en el caso del segundo, no está tan claro. La frase también sintetiza la idílica y falsa solución al problema de la vivienda, la encabece este Gobierno o el siguiente. El asunto, es así, no tiene salida a corto plazo y pasarán años hasta que pueda encarrilarse. Los Reales Decretos Leyes tumbados ayer en el Congreso de los Diputados no solucionaban nada, ni a los inquilinos, ni a los que pretenden alquilar una vivienda, ni tampoco a los propietarios. Además, su constitucionalidad era más que dudosa; anunciaban años de conflictos judiciales y también era un ataque frontal contra la propiedad. Marxismo trasnochado y fracasado versión siglo XXI y añoranza de una guerra de clases que conduce al desastre y a enfrentamientos.. Carles Puigdemont, pendiente de la decisión del Tribunal Constitucional –inminente, que no cambiará y más o menos adelantada por su presidente, Conde Pumpido– para volver a España, a Cataluña, le ha dado una bofetada parlamentaria a Pedro Sánchez al tumbar los Reales Decretos Leyes sobre vivienda. Paradojas de la política: al mismo tiempo, le he dado una oportunidad, una coartada y un lema de campaña electoral al inquilino de La Moncloa. No son asuntos contradictorios, sino complementarios. Junts, con la presión encima de Aliança Catalana, no puede arriesgarse a perder más clientela. Se juega su propia supervivencia y eso, para ellos, son palabras mayores. Nadie afirmaría que Junts y el Gobierno han pactado el desacuerdo, pero sin embargo puede ser beneficioso para ambos. Sánchez, un artista de sobrevivir al borde del precipicio, cuando tenía una situación más inestable y complicada, con la crisis de Ceuta casi enquistada, ha encontrado en la vivienda lo que cree que es una tabla de salvación. Convoque o no elecciones tras el trompazo parlamentario, enarbolará la bandera de la vivienda para intentar recuperar votos. Es difícil, muy difícil, que gane unas elecciones, pero cree que ahora puede arañar los votos suficientes para repetir otra coalición Frankenstein. Todo, por supuesto, sin solucionar pronto el problema de la vivienda, porque «lo que no puede ser, no puede ser y es imposible», decía Talleyrand.
Es difícil, muy difícil, que gane unas elecciones, pero cree que ahora puede arañar los votos suficientes para repetir otra coalición Frankenstein. Todo, por supuesto, sin solucionar pronto el problema de la vivienda
Charles Maurice de Talleyrand (1754-1838), obispo, diplomático y estadista francés, harto de que sus adversarios políticos le presentaran propuestas inviables, dijo que «lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible». En España, se le atribuye haber afirmado lo mismo al torero Raúl Guerra (1862-1941), «Guerrita». El primero era consciente de la tautología que utilizaba; en el caso del segundo, no está tan claro. La frase también sintetiza la idílica y falsa solución al problema de la vivienda, la encabece este Gobierno o el siguiente. El asunto, es así, no tiene salida a corto plazo y pasarán años hasta que pueda encarrilarse. Los Reales Decretos Leyes tumbados ayer en el Congreso de los Diputados no solucionaban nada, ni a los inquilinos, ni a los que pretenden alquilar una vivienda, ni tampoco a los propietarios. Además, su constitucionalidad era más que dudosa; anunciaban años de conflictos judiciales y también era un ataque frontal contra la propiedad. Marxismo trasnochado y fracasado versión siglo XXI y añoranza de una guerra de clases que conduce al desastre y a enfrentamientos.. Carles Puigdemont, pendiente de la decisión del Tribunal Constitucional –inminente, que no cambiará y más o menos adelantada por su presidente, Conde Pumpido– para volver a España, a Cataluña, le ha dado una bofetada parlamentaria a Pedro Sánchez al tumbar los Reales Decretos Leyes sobre vivienda. Paradojas de la política: al mismo tiempo, le he dado una oportunidad, una coartada y un lema de campaña electoral al inquilino de La Moncloa. No son asuntos contradictorios, sino complementarios. Junts, con la presión encima de Aliança Catalana, no puede arriesgarse a perder más clientela. Se juega su propia supervivencia y eso, para ellos, son palabras mayores. Nadie afirmaría que Junts y el Gobierno han pactado el desacuerdo, pero sin embargo puede ser beneficioso para ambos. Sánchez, un artista de sobrevivir al borde del precipicio, cuando tenía una situación más inestable y complicada, con la crisis de Ceuta casi enquistada, ha encontrado en la vivienda lo que cree que es una tabla de salvación. Convoque o no elecciones tras el trompazo parlamentario, enarbolará la bandera de la vivienda para intentar recuperar votos. Es difícil, muy difícil, que gane unas elecciones, pero cree que ahora puede arañar los votos suficientes para repetir otra coalición Frankenstein. Todo, por supuesto, sin solucionar pronto el problema de la vivienda, porque «lo que no puede ser, no puede ser y es imposible», decía Talleyrand.
