La combinación de la crisis de Irán y el estrecho de Ormuz y el auge espectacular de los mercados, al margen de las oscilaciones, desconcierta a expertos y Gobiernos
Federico García Lorca (1899-1936), en «Poeta en Nueva York», escribe que «ya la Bolsa será una pirámide de musgo, (…) ¡Ay, Wall Street!». El poeta, en una visión pesimista, anunciaba que Wall Street dejaría de ser un centro de poder para convertirse en algo invadido por la vegetación y cubierto de musgo. Escribía en 1929, el año del histórico crack del mercado, pero no supo o no pudo prever que renacería de sus cenizas.. Un siglo después, la Bolsa neoyorquina vive momentos exuberantes, más allá de la guerra de Trump en Irán y todos sus líos. «Bienvenidos a la paradoja 2026», apunta Gillian Tett en el Financial Times: «la guerra en el Golfo ha generado –precisa– la mayor crisis energética de la historia, según la Agencia Internacional de la Energía. La violencia ha asolado otras partes de Oriente Medio, así como Sudán y Ucrania; el populismo, el nacionalismo y la polarización exacerbada están en auge en Occidente; la deuda pública es altísima; el cambio climático se acelera; y la revolución de la IA, que tanto entusiasma a los magnates de Silicon Valley, amenaza con destruir puestos de trabajo. Mientras tanto, la confianza del consumidor estadounidense es la menor registrada».. La «paradoja 2026» es casi global y también se percibe en Europa y España, ahora apenas empañada por el asunto del hantavirus, que el Gobierno de Pedro Sánchez, quizá porque distrae la atención de otros asuntos, magnifica y convierte en tema de conversación, que puede convertirse en preocupación.. Más allá del incidente, que debería estar controlado, las Bolsas europeas y la española, con ciertos vaivenes, viven momentos casi eufóricos, algo que deja sorprendidos a muchos expertos y gestores de fondos. La gran incógnita es si esta situación puede durar. Hay quienes advierten de una corrección, como ha hecho Sarah Breeden, subgobernadora del Banco de Inglaterra: «Existe un riesgo alto y, sin embargo, los precios de los activos están en máximos históricos». Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo (BCE), ha sugerido algo similar y también ha lanzado advertencias Luis de Guindos, a las puertas de su despedida como vicepresidente del BCE.. El impacto de la crisis de Irán es desigual. Es lo que explica que las bolsas americanas vayan mejor que el resto, pero, al mismo tiempo, sirven de guía y van por delante. La economía europea, mientras el canciller Merz rearma a Alemania y Macron encara el final de su mandato en Francia, está casi estancada, con la excepción española, aunque ya con previsiones menos optimistas.. Funcas ha rebajado el crecimiento para este año y hay expectación sobre el Informe de Estabilidad Financiera (Primavera 2026) que presentará la semana que viene el Banco de España, que gobierna José Luis Escrivá. Mientras, la Bolsa española, «un pasito p’alante, un pasito p’atras», sigue por alturas estratosféricas para festín de los inversores.. Gillian Tett, en su análisis «¿Por qué los mercados están en auge a pesar de la guerra?», cita la metáfora utilizada por el Banco de Inglaterra, que gobierna Andrew Bailey, que se pregunta «¿por qué tantos están encadenados a la cola de un dragón borracho?». Una ironía sobre cómo se mueven los mercados americanos –que influyen en los del resto del mundo– en respuesta a los infinitos, y con frecuencia contradictorios, mensajes de Trump en las redes sociales.. No obstante, hay quienes creen, como David Malpass, exdirector del Banco Mundial, que «los mercados son muy buenos a la hora de adaptarse a una perturbación de la oferta», que es lo que es la crisis con Irán. Eso no impide, por supuesto, que otros piensen que estemos ante una burbuja que estallará en algún momento. Alan Greenspan, el expresidente de la Reserva Federal, llamó la atención durante años sobre «la exuberancia irracional de los mercados».. A pesar de eso, la Gran Recesión de 2008 sorprendió –y pilló– a muchos, inversores y Gobiernos incluidos. Ahora tampoco está claro, por cómo actúan, que unos y otros entiendan de verdad cómo la guerra en Irán, aunque haya un acuerdo, afectará –de hecho, ya afecta– a las muy complejas cadenas de suministro industriales del mundo real y al crecimiento económico futuro.. España, por supuesto, no es una excepción. Es cierto que, en esta ocasión, tiene algunas ventajas competitivas por el desarrollo de las energías renovables y por la menor dependencia del petróleo del Golfo, pero, diga lo que diga el Gobierno, no está a salvo de las consecuencias de una crisis más global o del posible estallido de una burbuja financiera. Por ahora, «la paradoja 2026» goza de buena salud y solo hay que esperar que al final no se convierta en otra «pirámide de musgo», como presagiaba García Lorca.
Federico García Lorca (1899-1936), en «Poeta en Nueva York», escribe que «ya la Bolsa será una pirámide de musgo, (…) ¡Ay, Wall Street!». El poeta, en una visión pesimista, anunciaba que Wall Street dejaría de ser un centro de poder para convertirse en algo invadido por la vegetación y cubierto de musgo. Escribía en 1929, el año del histórico crack del mercado, pero no supo o no pudo prever que renacería de sus cenizas.. Un siglo después, la Bolsa neoyorquina vive momentos exuberantes, más allá de la guerra de Trump en Irán y todos sus líos. «Bienvenidos a la paradoja 2026», apunta Gillian Tett en el Financial Times: «la guerra en el Golfo ha generado –precisa– la mayor crisis energética de la historia, según la Agencia Internacional de la Energía. La violencia ha asolado otras partes de Oriente Medio, así como Sudán y Ucrania; el populismo, el nacionalismo y la polarización exacerbada están en auge en Occidente; la deuda pública es altísima; el cambio climático se acelera; y la revolución de la IA, que tanto entusiasma a los magnates de Silicon Valley, amenaza con destruir puestos de trabajo. Mientras tanto, la confianza del consumidor estadounidense es la menor registrada».. La «paradoja 2026» es casi global y también se percibe en Europa y España, ahora apenas empañada por el asunto del hantavirus, que el Gobierno de Pedro Sánchez, quizá porque distrae la atención de otros asuntos, magnifica y convierte en tema de conversación, que puede convertirse en preocupación.. Más allá del incidente, que debería estar controlado, las Bolsas europeas y la española, con ciertos vaivenes, viven momentos casi eufóricos, algo que deja sorprendidos a muchos expertos y gestores de fondos. La gran incógnita es si esta situación puede durar. Hay quienes advierten de una corrección, como ha hecho Sarah Breeden, subgobernadora del Banco de Inglaterra: «Existe un riesgo alto y, sin embargo, los precios de los activos están en máximos históricos». Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo (BCE), ha sugerido algo similar y también ha lanzado advertencias Luis de Guindos, a las puertas de su despedida como vicepresidente del BCE.. El impacto de la crisis de Irán es desigual. Es lo que explica que las bolsas americanas vayan mejor que el resto, pero, al mismo tiempo, sirven de guía y van por delante. La economía europea, mientras el canciller Merz rearma a Alemania y Macron encara el final de su mandato en Francia, está casi estancada, con la excepción española, aunque ya con previsiones menos optimistas.. Funcas ha rebajado el crecimiento para este año y hay expectación sobre el Informe de Estabilidad Financiera (Primavera 2026) que presentará la semana que viene el Banco de España, que gobierna José Luis Escrivá. Mientras, la Bolsa española, «un pasito p’alante, un pasito p’atras», sigue por alturas estratosféricas para festín de los inversores.. Gillian Tett, en su análisis «¿Por qué los mercados están en auge a pesar de la guerra?», cita la metáfora utilizada por el Banco de Inglaterra, que gobierna Andrew Bailey, que se pregunta «¿por qué tantos están encadenados a la cola de un dragón borracho?». Una ironía sobre cómo se mueven los mercados americanos –que influyen en los del resto del mundo– en respuesta a los infinitos, y con frecuencia contradictorios, mensajes de Trump en las redes sociales.. No obstante, hay quienes creen, como David Malpass, exdirector del Banco Mundial, que «los mercados son muy buenos a la hora de adaptarse a una perturbación de la oferta», que es lo que es la crisis con Irán. Eso no impide, por supuesto, que otros piensen que estemos ante una burbuja que estallará en algún momento. Alan Greenspan, el expresidente de la Reserva Federal, llamó la atención durante años sobre «la exuberancia irracional de los mercados».. A pesar de eso, la Gran Recesión de 2008 sorprendió –y pilló– a muchos, inversores y Gobiernos incluidos. Ahora tampoco está claro, por cómo actúan, que unos y otros entiendan de verdad cómo la guerra en Irán, aunque haya un acuerdo, afectará –de hecho, ya afecta– a las muy complejas cadenas de suministro industriales del mundo real y al crecimiento económico futuro.. España, por supuesto, no es una excepción. Es cierto que, en esta ocasión, tiene algunas ventajas competitivas por el desarrollo de las energías renovables y por la menor dependencia del petróleo del Golfo, pero, diga lo que diga el Gobierno, no está a salvo de las consecuencias de una crisis más global o del posible estallido de una burbuja financiera. Por ahora, «la paradoja 2026» goza de buena salud y solo hay que esperar que al final no se convierta en otra «pirámide de musgo», como presagiaba García Lorca.
