Bruselas aparca su iniciativa de meter en la lista negra al patriarca Kiril y de limitar los visados a los rusos que hayan luchado contra Ucrania
La Unión Europea debate a contrarreloj nuevas sanciones a Rusia por su guerra contra Ucrania. El paquete, el número 21 desde que el Kremlin lanzó la invasión a gran escala, ha chocado con el veto de Grecia y los intereses de una de sus grandes industrias navieras que, si no se incluye la excepción que Atenas reclama, deberá dejar de transportar gas natural licuado ruso (GNL) a terceros países. Este miércoles, tras más de diez horas de negociación, los representantes de los Estados miembros han fracasado en llegar a un acuerdo para desbloquear la decisión antes del receso de verano. Se volverán a reunir este jueves. Bruselas y los Estados miembros buscan ahora una salida para salvar el veto griego, que se puede llevar por delante, además, una medida clave contra Rusia: el tope al precio del petróleo, que expira este jueves. El nuevo paquete de sanciones a Rusia —del que ya se han caído medidas enormemente simbólicas como la de meter en la lista negra al patriarca de la iglesia ortodoxa rusa Kirill, por el veto de Bulgaria— busca estrechar aún más el círculo sobre la economía rusa para impedir que siga alimentando su guerra contra Ucrania. Pone el foco en la flota fantasma con la que la orbita del Kremlin mueve irregularmente sus hidrocarburos, en las redes de criptomonedas y en nuevas compañías militares-industriales. Sin embargo, Grecia reclama ahora que se introduzca una enmienda a un paquete anterior, el 19, que afecta a un gran armador griego. Y tiene bloqueado el nuevo paquete y también la renovación del límite temporal de precio del petróleo ruso en 44,10 dólares el barril, que si no hay acuerdo volverá a subir hasta los 58 dólares por barril.El Gobierno del conservador Kyriakos Mitsotakis alega que ese punto que afecta a uno de sus grandes sectores no estaba en el texto legal de las sanciones y que Bruselas lo ha colado por la puerta de atrás. Aseguran también que la salida de la naviera griega del sector no dañaría a Rusia —porque otra empresa, probablemente china, podría transportar el gas y hacerse con el mercado—, sino a una empresa de la UE. Mientras, sus críticos reclaman que Atenas está defendiendo en realidad los intereses de una sola empresa que ha seguido haciendo negocios con Rusia y no los intereses nacionales ni europeos. También hay grandes reticencias entre varios Estados miembros y en la propia Comisión a abrir un paquete de sanciones (que entrará en vigor el próximo 1 de enero) ya aprobado; temen que sea un precedente muy peligroso y que lleve a que otros exijan nuevas revisiones.Aparcar las sanciones a Rusia, más de cuatro años después del inicio de la invasión a gran escala, sería un gran fracaso, así que Bruselas ha preparado un informe sobre el coste de la medida para Rusia y para la UE y busca ahora una salida para salvar el veto griego. La opción que algunos diplomáticos han puesto sobre la mesa es jugar con el calendario: incluir un periodo de transición para q
La Unión Europea debate a contrarreloj nuevas sanciones a Rusia por su guerra contra Ucrania. El paquete, el número 21 desde que el Kremlin lanzó la invasión a gran escala, ha chocado con el veto de Grecia y los intereses de una de sus grandes industrias navieras que, si no se incluye la excepción que Atenas reclama, deberá dejar de transportar gas natural licuado ruso (GNL) a terceros países. Este miércoles, tras más de diez horas de negociación, los representantes de los Estados miembros han fracasado en llegar a un acuerdo para desbloquear la decisión antes del receso de verano. Se volverán a reunir este jueves. Bruselas y los Estados miembros buscan ahora una salida para salvar el veto griego, que se puede llevar por delante, además, una medida clave contra Rusia: el tope al precio del petróleo, que expira este jueves. Seguir leyendo
