El tercer día del incendio forestal de la Vall d’Uixó amanece con las laderas ennegrecidas y el sonido de las sierras mecánicas retumbando entre los pinos. A pocos metros del punto donde se originaron las llamas, la vivienda familiar de Manuel se sostiene en pie por puro milagro, aunque el interior ya no es más que un cascarón irreconocible.
Él mismo, con solo 22 años, fue una de las primeras personas en llegar al monte el sábado, cuando la columna de humo empezaba a ser visible desde todo el municipio castellonense.
“Vinimos y empezamos a ver si quedaba alguien más para desalojar y vimos que no había nadie. Empezamos a apagar el fuego, lo primero que veíamos qué se podía hacer”, explica Manuel en declaraciones al programa Espejo Público de Antena 3. Su intervención, junto con la de otros residentes, resultó clave para ganar tiempo mientras los servicios de extinción reorganizaban sus recursos.
Una odisea para recuperar a los animales
Durante el caos del desalojo, dos de sus perros escaparon asustados por el estruendo del fuego. Fueron localizados posteriormente y trasladados hasta una perrera en Vinaròs, a más de sesenta kilómetros de distancia. Al intentar recuperarlos, Manuel se topó con un obstáculo económico que no esperaba. Le reclaman 180 euros por la recogida de cada animal más un suplemento de 30 euros por cada jornada de estancia.
“He pedido ayuda a la alcaldesa y no me han contestado”, lamenta el joven, que no entiende cómo después de haberse jugado la vida sofocando llamas y ayudando a evacuar a los vecinos, ahora se encuentra con una puerta cerrada por parte de la administración local.
Cuando los bomberos se quedaron sin agua en los momentos más críticos, fueron él y un vecino quienes tomaron la iniciativa. “Estuvimos nosotros con el vecino, con bombas de agua desde la piscina, tirando agua, apagando y cortando pinos para hacer cortafuegos”, recuerda.
La respuesta vecinal y la queja por el abandono institucional
Frente a la sensación de soledad con la que se enfrentaron a las llamas, Manuel ha decidido canalizar la rabia en acción. Ha creado un grupo de voluntarios para coordinar la limpieza del monte quemado y la recogida de agua y alimento para los animales que han sobrevivido al incendio.
“Se ha puesto una empresa en contacto con nosotros para ayudarnos, para facilitar pienso, furgonetas, camiones… Nos ha proporcionado de todo. La gente se está volcando bastante y, si lo difundimos, va a venir más gente a ayudar”, celebra.
“Todo lo que se ha perdido en la parte de dentro, los recuerdos, todo. No ha quedado nada y la casa en breve se cae”. Cuando le preguntan si aún le quedan fuerzas, la respuesta es tan breve como contundente: “Sí, de eso tranquilo que sí que nos queda”.
En la tercera mañana del incendio forestal de Vall d’Uixó, el paisaje se oscurece y se escucha el zumbido de las sierras mecánicas entre los pinos. Por pura suerte, la casa de la familia de Manuel permanece intacta a pocos metros del punto de inicio del fuego, sin embargo, su interior se ha reducido a una cáscara indistinguible. Con tan solo 22 años, fue uno de los primeros en subir la montaña el sábado pasado, cuando la columna de humo se hizo perceptible en toda la zona municipal de Castellón. Al llegar, investigamos si había algún individuo que quedara para ser expulsado, y descubrimos que no había ninguno. «Comenzamos a apagar el fuego, y lo primero que notamos fue lo que potencialmente se podía lograr», explica Manuel en entrevistas con el programa Espejo Público de Antena 3. Su participación, junto con la de otros habitantes, jugó un papel crucial en ganar tiempo mientras la agencia de prevención de extinción reorganizaba sus recursos. Un viaje para encontrar a las mascotas En medio de la confusión del desplazamiento, dos de sus compañeros caninos huyeron aterrorizados por el sonido de las llamas. Finalmente, fueron descubiertos y transportados a un refugio para perros en Vinaròs, que está a más de sesenta kilómetros de distancia.
Manuel, de 22 años, perdió su coche y sus utensilios mientras luchaba contra un incendio el sábado. Ahora se enfrenta a un billete de 180 euros, así como a 30 euros adicionales por día para recuperar a sus dos mascotas que fueron trasladadas a Vinaròs después del desalojo.
En la tercera mañana del incendio forestal de Vall d’Uixó, el paisaje se oscurece y se escucha el zumbido de las sierras mecánicas entre los pinos. Por pura suerte, la casa de la familia de Manuel permanece intacta a pocos metros del punto de inicio del fuego, sin embargo, su interior se ha reducido a una cáscara indistinguible. Con tan solo 22 años, fue uno de los primeros en subir la montaña el sábado pasado, cuando la columna de humo se hizo perceptible en toda la zona municipal de Castellón. Al llegar, investigamos si había algún individuo que quedara para ser expulsado, y descubrimos que no había ninguno. «Comenzamos a apagar el fuego, y lo primero que notamos fue lo que potencialmente se podía lograr», explica Manuel en entrevistas con el programa Espejo Público de Antena 3. Su participación, junto con la de otros habitantes, jugó un papel crucial en ganar tiempo mientras la agencia de prevención de extinción reorganizaba sus recursos. En medio de la confusión del desalojo, dos de sus perros huyeron aterrorizados por el rugido del fuego. Finalmente, fueron descubiertos y transportados a un refugio para perros en Vinaròs, que está a más de sesenta kilómetros de distancia.
