No es una mera sensación. Es una realidad. Cada año las temperaturas son más extremas. De hecho, las olas de calor en nuestro país han intensificado su frecuencia y duración en los últimos años. Y eso deja huella en la salud, sobre todo cardiovascular, tal y como se acaba de poner de manifiesto en el Congreso anual de la Asociación Europea de Cardiología Preventiva.. En concreto, las olas de calor y las olas de frío se asocian con aumentos en los principales eventos cardiovasculares que se ven exacerbados por la contaminación del aire. «El cambio climático está provocando fenómenos meteorológicos extremos, pero los climas templados siguen estando poco estudiados», explica el profesor Lukasz Kuzma de la Universidad Médica de Bialystok, Polonia, y uno de los responsables del estudio encargado de evaluar los efectos agudos en la salud de estas temperaturas como parte del estudio de cohorte polaco Smog EP-Particles.. Para llegar a esta conclusión se realizó un análisis geoespacial de más de ocho millones de residentes del este de Polonia con datos sobre hospitalizaciones agudas y muertes por todas las causas de 2011 a 2020, mientras que el criterio de valoración principal de eventos cardiovasculares y cerebrovasculares adversos mayores incluyó muerte cardiovascular, infarto de miocardio y accidente cerebrovascular isquémico. Pues bien, tanto las olas de calor como las de frío se asociaron con aumentos significativos en los eventos, pero con patrones temporales distintos: el calor tuvo un impacto inmediato, pues el día de la exposición los eventos adversos mayores aumentaron un 7,5% y las muertes cardiovasculares un 9,5%. Las de frío produjeron, sin embargo, un efecto retardado y más sostenido, con un riesgo de eventos mayores que aumentó del 4% al 5,9% durante varios días después de la exposición y un riesgo de muerte cardiovascular que aumentó del 4,7% al 6,9%.. «La evidencia epidemiológica muestra aumentos de forma consistente, incrementos de mortalidad cardiovascular y de ingresos o eventos como el infarto y el ictus, descompensaciones e incluso muerte súbita durante episodios de calor extremo. Esto está muy bien documentado y el trabajo presentado en el Congreso Europeo va en esa misma línea», afirma Leire Goicolea, coordinadora del proyecto SEC-FEC Verde de la Sociedad Española de Cardiología.. ¿A qué se debe?. La explicación reside en que el calor no es sólo una molestia ambiental, «es un estrés fisiológico real para el sistema cardiovascular. Cuando la temperatura sube, el organismo intenta disipar esta temperatura dilatando los vasos sanguíneos de la piel y aumentando la sudoración. Y esto obliga al corazón a trabajar para mantener la presión arterial y el flujo sanguíneo en nuestros órganos», detalla Goicolea, quien hace hincapié en que «el calor no suele actuar solo, sino que puede potenciar el efecto de contaminantes atmosféricos, especialmente el ozono troposférico y de otros gases y partículas. Y esto incrementa aún más la inflamación, el estrés oxidativo, la disfunción de nuestro epitelio vascular, el endotelio y el riesgo trombótico de coagulación».. España también. Aunque la contaminación atmosférica se reconoce como un importante factor de riesgo cardiovascular, la realidad es que se subestima. Y nuestro país no se queda atrás: «Podemos afirmar con rigor que en España estamos registrando un aumento del impacto en la salud de los fenómenos climáticos extremos. Las olas de calor en nuestro país son a día de hoy más frecuentes, más largas y más intensas que hace décadas y los organismos de referencia muestran que su impacto sobre la mortalidad ha aumentado desde una perspectiva de salud pública. Los últimos estudios confirman que el calor cada vez tiene un impacto mayor, más creciente y más relevante en nuestro contexto. De hecho, España está entre los países más afectados de Europa en cuanto a mortalidad relacionada con el calor», lamenta Goicolea, quien recuerda que «los pacientes crónicos deben considerarse grupo de riesgo en verano. Deben anticiparse, consultar los avisos y, ante episodios de calor, evitar la exposición en horas centrales del día».. Los más vulnerables. Si las temperaturas extremas impactan en la salud de cualquiera, más aún en pacientes vulnerables. «Es el caso de los niños, de las personas mayores y de personas con enfermedades crónicas como insuficiencia cardíaca, cardiopatía isquémica, arritmias, hipertensión, enfermedad cerebrovascular, patología renal crónica, diabetes o con fragilidad por acumulación de otras enfermedades, así como aquellos que toman determinados fármacos como diuréticos o antidepresivos», advierte la doctora Goicolea.
Un estudio de la Sociedad Europea de Cardiología muestra el impacto de las temperaturas extremas en salud
No es una mera sensación. Es una realidad. Cada año las temperaturas son más extremas. De hecho, las olas de calor en nuestro país han intensificado su frecuencia y duración en los últimos años. Y eso deja huella en la salud, sobre todo cardiovascular, tal y como se acaba de poner de manifiesto en el Congreso anual de la Asociación Europea de Cardiología Preventiva.. En concreto, las olas de calor y las olas de frío se asocian con aumentos en los principales eventos cardiovasculares que se ven exacerbados por la contaminación del aire. «El cambio climático está provocando fenómenos meteorológicos extremos, pero los climas templados siguen estando poco estudiados», explica el profesor Lukasz Kuzma de la Universidad Médica de Bialystok, Polonia, y uno de los responsables del estudio encargado de evaluar los efectos agudos en la salud de estas temperaturas como parte del estudio de cohorte polaco Smog EP-Particles.. Para llegar a esta conclusión se realizó un análisis geoespacial de más de ocho millones de residentes del este de Polonia con datos sobre hospitalizaciones agudas y muertes por todas las causas de 2011 a 2020, mientras que el criterio de valoración principal de eventos cardiovasculares y cerebrovasculares adversos mayores incluyó muerte cardiovascular, infarto de miocardio y accidente cerebrovascular isquémico. Pues bien, tanto las olas de calor como las de frío se asociaron con aumentos significativos en los eventos, pero con patrones temporales distintos: el calor tuvo un impacto inmediato, pues el día de la exposición los eventos adversos mayores aumentaron un 7,5% y las muertes cardiovasculares un 9,5%. Las de frío produjeron, sin embargo, un efecto retardado y más sostenido, con un riesgo de eventos mayores que aumentó del 4% al 5,9% durante varios días después de la exposición y un riesgo de muerte cardiovascular que aumentó del 4,7% al 6,9%.. «La evidencia epidemiológica muestra aumentos de forma consistente, incrementos de mortalidad cardiovascular y de ingresos o eventos como el infarto y el ictus, descompensaciones e incluso muerte súbita durante episodios de calor extremo. Esto está muy bien documentado y el trabajo presentado en el Congreso Europeo va en esa misma línea», afirma Leire Goicolea, coordinadora del proyecto SEC-FEC Verde de la Sociedad Española de Cardiología.. ¿A qué se debe?. La explicación reside en que el calor no es sólo una molestia ambiental, «es un estrés fisiológico real para el sistema cardiovascular. Cuando la temperatura sube, el organismo intenta disipar esta temperatura dilatando los vasos sanguíneos de la piel y aumentando la sudoración. Y esto obliga al corazón a trabajar para mantener la presión arterial y el flujo sanguíneo en nuestros órganos», detalla Goicolea, quien hace hincapié en que «el calor no suele actuar solo, sino que puede potenciar el efecto de contaminantes atmosféricos, especialmente el ozono troposférico y de otros gases y partículas. Y esto incrementa aún más la inflamación, el estrés oxidativo, la disfunción de nuestro epitelio vascular, el endotelio y el riesgo trombótico de coagulación».. España también. Aunque la contaminación atmosférica se reconoce como un importante factor de riesgo cardiovascular, la realidad es que se subestima. Y nuestro país no se queda atrás: «Podemos afirmar con rigor que en España estamos registrando un aumento del impacto en la salud de los fenómenos climáticos extremos. Las olas de calor en nuestro país son a día de hoy más frecuentes, más largas y más intensas que hace décadas y los organismos de referencia muestran que su impacto sobre la mortalidad ha aumentado desde una perspectiva de salud pública. Los últimos estudios confirman que el calor cada vez tiene un impacto mayor, más creciente y más relevante en nuestro contexto. De hecho, España está entre los países más afectados de Europa en cuanto a mortalidad relacionada con el calor», lamenta Goicolea, quien recuerda que «los pacientes crónicos deben considerarse grupo de riesgo en verano. Deben anticiparse, consultar los avisos y, ante episodios de calor, evitar la exposición en horas centrales del día».. Los más vulnerables. Si las temperaturas extremas impactan en la salud de cualquiera, más aún en pacientes vulnerables. «Es el caso de los niños, de las personas mayores y de personas con enfermedades crónicas como insuficiencia cardíaca, cardiopatía isquémica, arritmias, hipertensión, enfermedad cerebrovascular, patología renal crónica, diabetes o con fragilidad por acumulación de otras enfermedades, así como aquellos que toman determinados fármacos como diuréticos o antidepresivos», advierte la doctora Goicolea.
