Hannah Waddingham y Octavia Spencer sostienen con su enorme química una «buddy movie» de espías en formato serie tan eficaz como llena de conveniencias
En cine, una «buddy movie» es una película que parte de una idea sencilla: juntar a dos personajes muy distintos y obligarlos a avanzar en la misma dirección. Puede ser una investigación, una huida, un viaje o una guerra compartida, pero la trama funciona sobre todo como excusa para observar cómo dos personalidades muy distintas aprenden a entenderse. Al principio chocan, desconfían o directamente se detestan; después, entre discusiones, golpes y lealtades inesperadas, terminan actuando como una sola unidad. La historia del género está llena de parejas memorables: Mel Gibson y Danny Glover en «Arma letal»; Nick Nolte y Eddie Murphy en «Límite: 48 horas»; Paul Newman y Robert Redford en «Dos hombres y un destino»; Robert De Niro y Charles Grodin en «Huida a medianoche»; o Ryan Gosling y Russell Crowe en «Dos buenos tipos». Cambian el tono, la época y el tipo de conflicto, pero la fórmula se mantiene. Como habrán podido comprobar, todas estas parejas, y la gran mayoría de las que han poblado este género, están formadas por dos hombres.En «Cómplices hasta el final», la nueva serie de Prime Video, la fórmula se subvierte. Creada por Tessa Coates y con nombres como Peyton Reed, director de «Ant-Man», o los hermanos Andy y Barbara Muschietti, responsables de «Mamá», las dos entregas de «It» y «The Flash», en la producción, la historia coloca en el centro de esta «buddy movie» a dos mujeres. Y no a dos cualquiera, sino a dos mujeres de mediana edad. Una decisión que, en una industria que todavía parece empeñada en jubilar a las actrices en cuanto cumplen los cuarenta, roza lo contracultural. Esas dos mujeres son Judith (Hannah Waddingham), una asesina a sueldo al servicio de una organización con ecos de las que hemos visto en sagas como «James Bond», «Misión: Imposible» o «Jack Ryan»; y Debbie (Octavia Spencer), su mejor amiga, una abogada que ha dedicado buena parte de su vida a impulsar la carrera política de su marido.A ojos de Debbie, Judith es una contable atrapada en un trabajo monótono y gris, del que apenas da detalles. Tampoco habla demasiado de su vida, pero esta fachada se resquebraja cuando el marido de Debbie queda implicado en una de las misiones de Judith, con la mafia albanesa también metida en el ajo. Los secretos salen entonces a la luz y ambas se ven obligadas a emprender una huida hacia delante, perseguidas por la mafia, por la Interpol y hasta por amenazas del pasado de Judith que ella creía enterradas. Este viaje las llevará por Mónaco, Ginebra e incluso España, en uno de los retratos más inverosímiles e incomprensibles que ha dejado la ficción reciente, lleno de tópicos mal digeridos con los que ciertas producciones anglosajonas siguen mirando nuestro país y que termina en un batiburrillo cultural que lo mezcla con un imaginario vagamente mexicano y latinoamericano. Entre set pieces de acción bien resueltas, persecuciones y giros que no siempre resultan fáciles de
En cine, una «buddy movie» es una película que parte de una idea sencilla: juntar a dos personajes muy distintos y obligarlos a avanzar en la misma dirección. Puede ser una investigación, una huida, un viaje o una guerra compartida, pero la trama funciona sobre todo como excusa para observar cómo dos personalidades muy distintas aprenden a entenderse. Al principio chocan, desconfían o directamente se detestan; después, entre discusiones, golpes y lealtades inesperadas, terminan actuando como una sola unidad. La historia del género está llena de parejas memorables: Mel Gibson y Danny Glover en «Arma letal»; Nick Nolte y Eddie Murphy en «Límite: 48 horas»; Paul Newman y Robert Redford en «Dos hombres y un destino»; Robert De Niro y Charles Grodin en «Huida a medianoche»; o Ryan Gosling y Russell Crowe en «Dos buenos tipos». Cambian el tono, la época y el tipo de conflicto, pero la fórmula se mantiene. Como habrán podido comprobar, todas estas parejas, y la gran mayoría de las que han poblado este género, están formadas por dos hombres.. En «Cómplices hasta el final», la nueva serie de Prime Video, la fórmula se subvierte. Creada por Tessa Coates y con nombres como Peyton Reed, director de «Ant-Man», o los hermanos Andy y Barbara Muschietti, responsables de «Mamá», las dos entregas de «It» y «The Flash», en la producción, la historia coloca en el centro de esta «buddy movie» a dos mujeres. Y no a dos cualquiera, sino a dos mujeres de mediana edad. Una decisión que, en una industria que todavía parece empeñada en jubilar a las actrices en cuanto cumplen los cuarenta, roza lo contracultural. Esas dos mujeres son Judith (Hannah Waddingham), una asesina a sueldo al servicio de una organización con ecos de las que hemos visto en sagas como «James Bond», «Misión: Imposible» o «Jack Ryan»; y Debbie (Octavia Spencer), su mejor amiga, una abogada que ha dedicado buena parte de su vida a impulsar la carrera política de su marido.. A ojos de Debbie, Judith es una contable atrapada en un trabajo monótono y gris, del que apenas da detalles. Tampoco habla demasiado de su vida, pero esta fachada se resquebraja cuando el marido de Debbie queda implicado en una de las misiones de Judith, con la mafia albanesa también metida en el ajo. Los secretos salen entonces a la luz y ambas se ven obligadas a emprender una huida hacia delante, perseguidas por la mafia, por la Interpol y hasta por amenazas del pasado de Judith que ella creía enterradas. Este viaje las llevará por Mónaco, Ginebra e incluso España, en uno de los retratos más inverosímiles e incomprensibles que ha dejado la ficción reciente, lleno de tópicos mal digeridos con los que ciertas producciones anglosajonas siguen mirando nuestro país y que termina en un batiburrillo cultural que lo mezcla con un imaginario vagamente mexicano y latinoamericano. Entre set pieces de acción bien resueltas, persecuciones y giros que no siempre resultan fáciles de creer, Debbie irá descubriendo la verdadera cara de su amiga. A partir de ahí, ambas tendrán que asumir lo que esa revelación supone para su relación mientras intentan salir vivas de una situación en la que todo el mundo parece querer verlas muertas.. No estarán solas en esta aventura. En la serie también veremos a Billy Donovan (Ed Skrein), en un papel bastante carismático y divertido; al mítico Bill Nighy, que siempre aporta presencia y veteranía; y a una Sylvia Hoeks cuyo personaje, vinculado al pasado del de Waddingham, termina siendo lo más flojo, tanto por un guion poco convincente como por una construcción de personaje demasiado plana. Completan el reparto los jóvenes Calam Lynch y Savannah Steyn, que forman una pareja tierna y adorable capaz de sumar mucho en sus escasas apariciones.. Con ocho capítulos de unos cincuenta minutos, «Cómplices hasta el final» es un producto entretenido, ligero y fácil de ver, sostenido sobre todo por la enorme química entre sus dos protagonistas. Hannah Waddingham, que ya demostró su magnetismo en «Ted Lasso», y Octavia Spencer, brillante en «Criadas y señoras» y «Figuras ocultas», están a estas alturas en ese punto de sus carreras en el que no necesitan demostrar absolutamente nada. También ayuda un guion que mezcla la acción de corte clásico con el thriller de espionaje y que no deja de lanzar nuevos estímulos: amenazas, traiciones, persecuciones, cambios de escenario y revelaciones constantes. No todo fluye con naturalidad y, en más de una ocasión, la trampa se ve desde lejos, pero cumple de sobra con su objetivo de entretener, mantener el ritmo y aprovechar el carisma de sus actrices. No va a cambiar el audiovisual ni parece tener intención de hacerlo.. Ni siquiera un último capítulo flojo, situado dramáticamente después del gran clímax y más preocupado por sentar las bases de una segunda temporada que por cerrar bien la primera, entregándose por el camino a un festival de conveniencias, consigue echar por tierra el conjunto. «Cómplices hasta el final» funciona como refresco de un género que hemos visto cien veces. Basta con cambiar el rostro de sus protagonistas para que, de pronto, parezca querer contar algo nuevo y, en este verano caluroso, la serie se convierte en una aliada bastante valiosa del aire acondicionado y el sofá. No cambiará sus vidas, pero sí puede arreglarles una o varias tardes.
