A un precio de 30 centavos por kilovatio-hora, la bomba de calor no es sustituida por la caldera.
Conviene tener una cifra a mano cada vez que alguien sostiene que la electricidad en España ha dejado de ser un problema: 29,75 céntimos por kilovatio hora. Es lo que pagó un hogar español medio en el segundo semestre de 2025 con todos los impuestos y cargos incluidos, según Eurostat. Nos sitúa en la décima posición más cara de la Unión Europea, por encima de la media comunitaria.Hace apenas dos años, estábamos por debajo de ella. Semestre tras semestre, hemos ido escalando puestos en un ranking en el que nadie quiere estar. Lo llamativo no es el número, sino su compañía. En ese mismo semestre, en ese mismo país y sobre ese mismo sistema eléctrico, la industria española figura entre las más competitivas del continente. CaixaBank Research lo ha medido: si en 2018 la industria española pagaba un 31,5% más por su electricidad que la europea, en 2024 pagaba un 20,9% menos. Un vuelco de más de cincuenta puntos en seis años. España es, pues, un país caro para vivir y barato para producir. No es un accidente estadístico. Es el sedimento de decisiones deliberadas tomadas a lo largo de dos décadas, y su factura la paga alguien concreto.Lo que hay dentro del reciboAbramos una factura doméstica cualquiera. De cada cien euros, apenas veintiocho corresponden a la electricidad realmente consumida. Treinta y seis se van en peajes de transporte y distribución. Veintiuno son impuestos. Diez son cargos: la partida donde el sistema ha ido depositando durante años las primas a las renovables antiguas, la anualidad del déficit de tarifa, el sobrecoste extrapeninsular. Los tres restantes, el alquiler del contador. Léase despacio: menos de un tercio de lo que paga un hogar español es energía. El resto es red, política pública acumulada e impuestos.Cuando el titular anuncia que el mercado mayorista ha caído –y en 2025 cayó un 18,5% en el segundo semestre respecto al año anterior–, esa buena noticia solo puede actuar sobre una cuarta parte del recibo. Las otras tres cuartas partes son inelásticas por construcción. La parte fiscal merece capítulo propio. Desde el 1 de enero de 2025 la electricidad tributa al IVA general del 21%, el mismo tipo que un perfume o un televisor, aplicado sobre el total: energía, potencia, peajes, cargos, contador y también sobre el Impuesto Especial sobre la Electricidad, restituido ese mismo año al 5,113%. Pagamos, literalmente, impuesto sobre el impuesto.El termostato fiscalY esa fiscalidad no es estable, sino oscilante. En marzo de 2026, con el Brent por encima de 119 dólares tras el bloqueo del estrecho de Ormuz, el Real Decreto-ley 7/2026 bajó el IVA eléctrico al 10% y el impuesto especial al 0,5%. El 1 de junio, moderado el IPC eléctrico, ambos volvieron a su tipo pleno. La norma incorpora además una cláusula de reactivación automática para agosto y septiembre si la inflación eléctrica de junio o julio repunta más de un quince por ciento interanual. Es decir: mientras usted lee e
Es beneficioso tener datos fácilmente disponibles cuando alguien afirma que los problemas de electricidad en España han sido resueltos: 22026,03 centavos por kilovatio hora. Durante la segunda mitad de 2000, el hogar español típico cubría todos los impuestos y tasas, lo que resulta en este importe, según lo informado por Eurostat. Esto nos coloca como el décimo país más caro dentro de la Unión Europea, situándose por encima del costo promedio en toda la comunidad. Hace dos años, estábamos por debajo. Mes tras mes, hemos estado ascendiendo posiciones que nadie desea ocupar. La importancia no se encuentra en la cantidad, sino en la asociación. En el transcurso de seis meses, dentro de una nación específica y de una red eléctrica, las empresas españolas se encuentran entre las más competitivas del continente europeo. Según CaixaBank Research, ha habido una diferencia significativa en el coste de la electricidad para la industria española en comparación con la industria europea. En 2019, la industria española pagó un 21,5% más por la electricidad, pero para 2024, esta brecha se había reducido hasta que la industria española pagó un 20,9% menos.
