Me impresiona la hipersensibilidad que mostramos ante la violencia física y la escasísima atención que prestamos a la violencia psicológica y a la agresividad pasiva que campa alegremente en la conversación pública. Y en este templo al buenismo repelente no se me ocurre paradigma más gráfico que el bueno de David Uclés, perfecto contraste entre la “vocecita dulce” y el odio más grotesco, aunque lo despliegue con voz de bebé recién eructadito.. En sus constantes, vanidosas y autoreferenciales intervenciones asegura vivir en un país lleno de ultras como vampiros neófitos donde él, ataviado con look de jornalero de Bertolucci encarna el reverso luminoso…. Claro, no se puede ser un buen antifascista (la profesión más ventajosa en los últimos años) un antifascista guay, sin un fascista contra el que oponerse.. En mi definición, antifascistas en su acepción más moderna, son las personas que se definen por su búsqueda desesperada de identidad e integración y que nada tienen que ver con el antifascista del s XX. Personas que no tienen claro el concepto de antifascismo, como tampoco el de fascismo, ni el de socialismo, ni el de comunismo o liberalismo… De entre las cuales emerge Uclés creyendo (histéricamente) que es el bueno de la película.. Querido David, para acabar con el fanatismo primero hay que encontrar al fanático que todos llevamos dentro, sin piedad. Tú llevas dentro un “fascista” (hablo en tu lengua pueril) y no te has dado cuenta.. Hay que sospechar de uno mismo, donde el acto de mayor ingenuidad, intelectual y moral, por supuesto, es no hacerlo. La voluntad consiste en poder decidir en cada momento si activamos nuestro Marco Aurelio o nuestro autócrata interno, esa mentalidad reduccionista del «nosotros contra ellos» que ha costado la vida a tantas personas en la historia.. David Uclés es paralelo (aunque más cursi y pedante) en su negligencia cultural y actitudinal a la televisiva Sarah Santaolalla, símbolo del tertuliano sin trayectoria sólida que se convierte en todóloga gracias a su perfil grosero y sin matices y a su encaje perfecto en la narrativa gubernamental. Una joven empaquetada como “voz fresca y feminista” cuya utilidad real para las cadenas es que grita, insulta y alimenta el clip perfecto para Twitter desde un IQ peligrosamente romo.. Uclés y Santaolalla. Gentes atenazadas por su ego fragilísimo y su delirio paranoide basado en una supuesta superioridad moral explotada ad nauseam. Los españoles, no hemos soportado dos delirios de grandeza, de bondad y de genialidad, todo junto, más acusados hace mucho, y todo ello sin fisuras, sin dudas, porque estas formas de vida no conocen la duda, sólo la certeza y de ahí el sectarismo y el odio, común a todos los activistas sin excepción.. Credo de un activista: «¡Qué malos son los demás, qué poco se parecen a mí!» FIN (por supuesto, para ser activista no se puede ser ilimitadamente inteligente, profundo, ni sagaz). Almas elementales que dividen el universo en dos grupos: uno, nosotros, poseedores de la verdad absoluta; y luego el otro. ¿Llegarían a la violencia física si pudieran? Imagino que sí.. Examinemos nuestra rabia particular, cada uno la suya, que la rabia (activa o pasiva) ni se crea ni se destruye, se transforma; a la rabia, hay que conocerla, como el que tiene un Staffordshire bull terrier y domesticarla para que se atempere y no se arroje contra los demás. O al menos para que no nos deje en ridículo.
Querido David, para acabar con el fanatismo primero hay que encontrar al fanático que todos llevamos dentro, sin piedad. Tú llevas dentro un “fascista” (hablo en tu lengua pueril) y no te has dado cuenta
Me impresiona la hipersensibilidad que mostramos ante la violencia física y la escasísima atención que prestamos a la violencia psicológica y a la agresividad pasiva que campa alegremente en la conversación pública. Y en este templo al buenismo repelente no se me ocurre paradigma más gráfico que el bueno de David Uclés, perfecto contraste entre la “vocecita dulce” y el odio más grotesco, aunque lo despliegue con voz de bebé recién eructadito.. En sus constantes, vanidosas y autoreferenciales intervenciones asegura vivir en un país lleno de ultras como vampiros neófitos donde él, ataviado con look de jornalero de Bertolucci encarna el reverso luminoso…. Claro, no se puede ser un buen antifascista (la profesión más ventajosa en los últimos años) un antifascista guay, sin un fascista contra el que oponerse.. En mi definición, antifascistas en su acepción más moderna, son las personas que se definen por su búsqueda desesperada de identidad e integración y que nada tienen que ver con el antifascista del s XX. Personas que no tienen claro el concepto de antifascismo, como tampoco el de fascismo, ni el de socialismo, ni el de comunismo o liberalismo… De entre las cuales emerge Uclés creyendo (histéricamente) que es el bueno de la película.. Querido David, para acabar con el fanatismo primero hay que encontrar al fanático que todos llevamos dentro, sin piedad. Tú llevas dentro un “fascista” (hablo en tu lengua pueril) y no te has dado cuenta.. Hay que sospechar de uno mismo, donde el acto de mayor ingenuidad, intelectual y moral, por supuesto, es no hacerlo. La voluntad consiste en poder decidir en cada momento si activamos nuestro Marco Aurelio o nuestro autócrata interno, esa mentalidad reduccionista del «nosotros contra ellos» que ha costado la vida a tantas personas en la historia.. David Uclés es paralelo (aunque más cursi y pedante) en su negligencia cultural y actitudinal a la televisiva Sarah Santaolalla, símbolo del tertuliano sin trayectoria sólida que se convierte en todóloga gracias a su perfil grosero y sin matices y a su encaje perfecto en la narrativa gubernamental. Una joven empaquetada como “voz fresca y feminista” cuya utilidad real para las cadenas es que grita, insulta y alimenta el clip perfecto para Twitter desde un IQ peligrosamente romo.. Uclés y Santaolalla. Gentes atenazadas por su ego fragilísimo y su delirio paranoide basado en una supuesta superioridad moral explotada ad nauseam. Los españoles, no hemos soportado dos delirios de grandeza, de bondad y de genialidad, todo junto, más acusados hace mucho, y todo ello sin fisuras, sin dudas, porque estas formas de vida no conocen la duda, sólo la certeza y de ahí el sectarismo y el odio, común a todos los activistas sin excepción.. Credo de un activista: «¡Qué malos son los demás, qué poco se parecen a mí!» FIN (por supuesto, para ser activista no se puede ser ilimitadamente inteligente, profundo, ni sagaz). Almas elementales que dividen el universo en dos grupos: uno, nosotros, poseedores de la verdad absoluta; y luego el otro. ¿Llegarían a la violencia física si pudieran? Imagino que sí.. Examinemos nuestra rabia particular, cada uno la suya, que la rabia (activa o pasiva) ni se crea ni se destruye, se transforma; a la rabia, hay que conocerla, como el que tiene un Staffordshire bull terrier y domesticarla para que se atempere y no se arroje contra los demás. O al menos para que no nos deje en ridículo.
