No es lo mismo ver la crisis de Ceuta desde esta ciudad o cómodamente tumbado en la terraza de La Mareta mientras un camarero de la residencia Real te sirve un refresco o en los destinos vacacionales elegidos por los ministros. No es aventurado afirmar que la situación es catastrófica. A estas alturas sabemos que han sido agredidas varias mujeres, se han producido robos y otras actitudes violentas. La realidad es que todo está lejos de ser normal, tal como fue anunciado por el Gobierno con la frivolidad que le caracteriza. A Sánchez le importa un pepino la crisis de Ceuta, salvo en la medida en que le pueda afectar electoralmente. Ceuta y Melilla son dos ciudades autónomas que no despiertan ningún interés en el inquilino de La Moncloa. Los días pasan y nadie ha presentado su dimisión ni en España ni en Marruecos. Es la confirmación más clara de las responsabilidades institucionales tanto de unos como de otros. Por ello han preferido ignorar las peticiones de dimisión y dejan pasar el tiempo, como si no hubiera sucedido nada. La situación es ciertamente esperpéntica e impropia de una democracia donde la responsabilidad política es un elemento fundamental de su configuración. Mientras tanto, Sánchez disfruta de unas inmerecidas vacaciones a cargo del erario que son, además, las de mayor duración entre los primeros ministros europeos. La actividad política sigue, aunque con menos intensidad, en el periodo estival, eclipsada por la crisis de Ceuta, que le hace mucho daño. Es la confirmación de la incompetencia del Gobierno socialista comunista. Su objetivo será que olvidemos la invasión, que es un auténtico escándalo. Lo que sabemos, también, es que ha provocado un gran desgaste en la imagen de nuestro vecino del sur. Esto no significa que ignorara lo que iba a suceder, sino que se vio desbordado por la cantidad de gente que decidió atravesar ilegalmente la frontera española. A veces me sorprende la preocupación del votante de centro derecha o el optimismo del sanchismo pensando que su líder es capaz de remontar la catastrófica situación de declive en que se encuentra el régimen. No sé qué sucederá, pero estoy convencido de que el rey de Marruecos y su gobierno no quieren que se repita la invasión. Ha puesto sobre la mesa las debilidades del país vecino.. Francisco Marhuenda. Académico de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España y de la Real Academia de Doctores de España. Académico correspondiente de la Real Academia de la Historia. Catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE).
«A Sánchez le importa un pepino la crisis de Ceuta, salvo en la medida en que le pueda afectar electoralmente»
No es lo mismo ver la crisis de Ceuta desde esta ciudad o cómodamente tumbado en la terraza de La Mareta mientras un camarero de la residencia Real te sirve un refresco o en los destinos vacacionales elegidos por los ministros. No es aventurado afirmar que la situación es catastrófica. A estas alturas sabemos que han sido agredidas varias mujeres, se han producido robos y otras actitudes violentas. La realidad es que todo está lejos de ser normal, tal como fue anunciado por el Gobierno con la frivolidad que le caracteriza. A Sánchez le importa un pepino la crisis de Ceuta, salvo en la medida en que le pueda afectar electoralmente. Ceuta y Melilla son dos ciudades autónomas que no despiertan ningún interés en el inquilino de La Moncloa. Los días pasan y nadie ha presentado su dimisión ni en España ni en Marruecos. Es la confirmación más clara de las responsabilidades institucionales tanto de unos como de otros. Por ello han preferido ignorar las peticiones de dimisión y dejan pasar el tiempo, como si no hubiera sucedido nada. La situación es ciertamente esperpéntica e impropia de una democracia donde la responsabilidad política es un elemento fundamental de su configuración. Mientras tanto, Sánchez disfruta de unas inmerecidas vacaciones a cargo del erario que son, además, las de mayor duración entre los primeros ministros europeos. La actividad política sigue, aunque con menos intensidad, en el periodo estival, eclipsada por la crisis de Ceuta, que le hace mucho daño. Es la confirmación de la incompetencia del Gobierno socialista comunista. Su objetivo será que olvidemos la invasión, que es un auténtico escándalo. Lo que sabemos, también, es que ha provocado un gran desgaste en la imagen de nuestro vecino del sur. Esto no significa que ignorara lo que iba a suceder, sino que se vio desbordado por la cantidad de gente que decidió atravesar ilegalmente la frontera española. A veces me sorprende la preocupación del votante de centro derecha o el optimismo del sanchismo pensando que su líder es capaz de remontar la catastrófica situación de declive en que se encuentra el régimen. No sé qué sucederá, pero estoy convencido de que el rey de Marruecos y su gobierno no quieren que se repita la invasión. Ha puesto sobre la mesa las debilidades del país vecino.. Francisco Marhuenda. Académico de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España y de la Real Academia de Doctores de España. Académico correspondiente de la Real Academia de la Historia. Catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE).
