El caos que se ha apoderado de toda la red ferroviaria tras el trágico accidente de Adamuz tiene al Ministerio de Transportes sumido entre el desconcierto y la justificación, y a su cabeza visible, Óscar Puente, anclado al sillón ministerial mientras ha decidido iniciar una purga entre cargos intermedios, como primeras fichas de un dominó que tiene pinta de alargar su recorrido. De momento, han cesado al director operativo de Rodalies, Josep Enric García, y al director general de explotación y mantenimiento de Adif, Raúl Míguez, tras las interrupciones de este servicio en Cataluña. Según justificó el secretario de Estado, José Antonio Santano, se les ha pedido que asuman las correspondientes responsabilidades «porque somos muy sensibles con el malestar de la ciudadanía catalana y, por supuesto, también del Govern, y somos conscientes de que Renfe y Adif tienen una responsabilidad que asumir», además de advertir que esta decisión es un «punto de inflexión» en la operativa de Rodalies y en la percepción que se tiene de este servicio. Más bien inicia el punto de inflexión en lo que será el futuro no muy lejano de muchos en el Ministerio, incluido Óscar Puente y, por omisión, del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que lleva parapetado tras el escudo protector de su ministro de Fomento desde el día de la tragedia, pero que es el responsable último de un desastre provocado por una concatenación de errores y problemas en el mantenimiento de lo que hasta ahora era una de las mejores redes ferroviarias del mundo. Y algunos, que han empezado a ver las orejas al lobo, ya marcan distancias para que no les salpique el barro, sobre todo en Cataluña. De ahí la exigencia de dimisión a Puente de ERC y el fin del respeto institucional del Govern liderado por el PSC con Transportes, al que ya señala directamente sin ambages como responsable directo de esta crisis. Es decir, Salvador Illa marca distancias e intenta salvaguardar prácticamente el último bastión electoral socialista que le queda al PSOE. Para rematar, el presidente del CIAF, Ignacio Barrón, dejó ayer en evidencia al ministro de Transportes al confirmar que todo apunta a la rotura de la soldadura de la vía vieja de 1989 con la nueva de 2023 como el origen de toda esta tragedia, y avisa de que se determinará en breve el por qué ha pasado, cómo se ha roto y cómo se podría haber evitado. Y estas conclusiones podrían ser definitivas para determinar la responsabilidad de Puente y, por tanto, su posible dimisión. También ha negado que la línea Madrid-Andalucía haya tenido una renovación integral, porque «no ha sido así», sino que solo se han renovado los desvíos, que era la parte que, a priori, presentaba más problemas, alguna parte del carrilaje y algún elemento más. Nada de una renovación total de la línea, como ha sostenido Puente desde el minuto uno.
Algunos, que han empezado a ver las orejas al lobo, ya marcan distancias para que no les salpique el barro, sobre todo en Cataluña. De ahí la exigencia de dimisión a Puente de ERC y el fin del respeto institucional del Govern liderado por el PSC con Transportes
El caos que se ha apoderado de toda la red ferroviaria tras el trágico accidente de Adamuz tiene al Ministerio de Transportes sumido entre el desconcierto y la justificación, y a su cabeza visible, Óscar Puente, anclado al sillón ministerial mientras ha decidido iniciar una purga entre cargos intermedios, como primeras fichas de un dominó que tiene pinta de alargar su recorrido. De momento, han cesado al director operativo de Rodalies, Josep Enric García, y al director general de explotación y mantenimiento de Adif, Raúl Míguez, tras las interrupciones de este servicio en Cataluña. Según justificó el secretario de Estado, José Antonio Santano, se les ha pedido que asuman las correspondientes responsabilidades «porque somos muy sensibles con el malestar de la ciudadanía catalana y, por supuesto, también del Govern, y somos conscientes de que Renfe y Adif tienen una responsabilidad que asumir», además de advertir que esta decisión es un «punto de inflexión» en la operativa de Rodalies y en la percepción que se tiene de este servicio. Más bien inicia el punto de inflexión en lo que será el futuro no muy lejano de muchos en el Ministerio, incluido Óscar Puente y, por omisión, del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que lleva parapetado tras el escudo protector de su ministro de Fomento desde el día de la tragedia, pero que es el responsable último de un desastre provocado por una concatenación de errores y problemas en el mantenimiento de lo que hasta ahora era una de las mejores redes ferroviarias del mundo. Y algunos, que han empezado a ver las orejas al lobo, ya marcan distancias para que no les salpique el barro, sobre todo en Cataluña. De ahí la exigencia de dimisión a Puente de ERC y el fin del respeto institucional del Govern liderado por el PSC con Transportes, al que ya señala directamente sin ambages como responsable directo de esta crisis. Es decir, Salvador Illa marca distancias e intenta salvaguardar prácticamente el último bastión electoral socialista que le queda al PSOE. Para rematar, el presidente del CIAF, Ignacio Barrón, dejó ayer en evidencia al ministro de Transportes al confirmar que todo apunta a la rotura de la soldadura de la vía vieja de 1989 con la nueva de 2023 como el origen de toda esta tragedia, y avisa de que se determinará en breve el por qué ha pasado, cómo se ha roto y cómo se podría haber evitado. Y estas conclusiones podrían ser definitivas para determinar la responsabilidad de Puente y, por tanto, su posible dimisión. También ha negado que la línea Madrid-Andalucía haya tenido una renovación integral, porque «no ha sido así», sino que solo se han renovado los desvíos, que era la parte que, a priori, presentaba más problemas, alguna parte del carrilaje y algún elemento más. Nada de una renovación total de la línea, como ha sostenido Puente desde el minuto uno.
