La dueña de una pescadería que necesitaba un refuerzo urgente para la limpieza del sábado confiesa que el relevo improvisado le ha dado una lección sobre el talento que las empresas descartan por edad
Cada sábado, al terminar la jornada, el equipo de esta pescadería necesita manos extra para dejar el local a punto antes de la semana siguiente. La persona que suele cubrir ese turno avisó el viernes de que no podría acudir, así que la propietaria activó un remplazo de urgencia.Le mandaron a Carolina, 47 años, sin experiencia previa en un mostrador de pescado. La empresaria reconoce que esperaba lo de siempre cuando llega alguien nuevo: tener que repetir las instrucciones varias veces, corregir sobre la marcha y dedicar buena parte de la tarde a supervisar. Lo que ocurrió después la dejó, en sus propias palabras, «absolutamente flipando».Un relevo que desmontó todos los prejuiciosLa propietaria admite que por su negocio han pasado chicas de 18, de 20, de 25 y de 35 años como refuerzos puntuales. Ninguna le había dado el resultado de esta mujer que rozaba la cincuentena. Carolina dejó el espacio «impoluto y perfecto» y no necesitó que le repitieran las cosas «cincuenta mil veces». La dueña llevaba el ritmo del día y solo tuvo que explicar cada tarea una vez. La trabajadora entendía a la primera, preguntaba lo justo y ejecutaba con una autonomía que no había visto antes en alguien recién llegado.Esa misma tarde, antes de que Carolina se marchara, la empresaria le pidió el contacto. La decisión ya estaba tomada: la quiere para las próximas aperturas que tiene previstas y se plantea algo más que un puesto de limpieza. «Me merece la pena formarla como pescadera e invertir en esta persona», afirma.Un aviso directo a quienes seleccionan personalLa pescadera no se quedó en la anécdota personal y lanzó un mensaje que interpela a cualquiera que gestione un negocio. Cree que muchas empresas descartan automáticamente currículos de mayores de 40 años porque asumen limitaciones físicas o dificultades de adaptación, y sostiene que esa criba es un error de cálculo.»Las personas mayores de 40 años siguen siendo superválidas y muy responsables, muchísimas veces más responsables que las personas jóvenes que no tienen la necesidad de tener un trabajo», argumenta.Su recomendación no admite medias tintas: si tienes una empresa y no estás contratando a candidatos de esa franja de edad, pruébalo al menos una vez. No lo dice desde la teoría ni desde los recursos humanos, sino desde la trastienda de una pescadería un sábado cualquiera en el que una desconocida de 47 años le resolvió el día sin alzar la voz, sin errores y con un resultado que la dueña califica sin matices: «estoy supercontenta».
Cada sábado, al terminar la jornada, el equipo de esta pescadería necesita manos extra para dejar el local a punto antes de la semana siguiente. La persona que suele cubrir ese turno avisó el viernes de que no podría acudir, así que la propietaria activó un remplazo de urgencia. Le mandaron a Carolina, 47 años, sin experiencia previa en un mostrador de pescado. La empresaria reconoce que esperaba lo de siempre cuando llega alguien nuevo: tener que repetir las instrucciones varias veces, corregir sobre la marcha y dedicar buena parte de la tarde a supervisar. Lo que ocurrió después la dejó, en sus propias palabras, «absolutamente flipando». Un relevo que desmontó todos los prejuicios La propietaria admite que por su negocio han pasado chicas de 18, de 20, de 25 y de 35 años como refuerzos puntuales. Ninguna le había dado el resultado de esta mujer que rozaba la cincuentena. Carolina dejó el espacio «impoluto y perfecto» y no necesitó que le repitieran las cosas «cincuenta mil veces». La dueña llevaba el ritmo del día y solo tuvo que explicar cada tarea una vez. La trabajadora entendía a la primera, preguntaba lo justo y ejecutaba con una autonomía que no había visto antes en alguien recién llegado. Esa misma tarde, antes de que Carolina se marchara, la empresaria le pidió el contacto. La decisión ya estaba tomada: la quiere para las próximas aperturas que tiene previstas y se plantea algo más que un puesto de limpieza. «Me merece la pena formarla como pescadera e invertir en esta persona», afirma. Un aviso directo a quienes seleccionan personal La pescadera no se quedó en la anécdota personal y lanzó un mensaje que interpela a cualquiera que gestione un negocio. Cree que muchas empresas descartan automáticamente currículos de mayores de 40 años porque asumen limitaciones físicas o dificultades de adaptación, y sostiene que esa criba es un error de cálculo. «Las personas mayores de 40 años siguen siendo superválidas y muy responsables, muchísimas veces más responsables que las personas jóvenes que no tienen la necesidad de tener un trabajo», argumenta. Su recomendación no admite medias tintas: si tienes una empresa y no estás contratando a candidatos de esa franja de edad, pruébalo al menos una vez. No lo dice desde la teoría ni desde los recursos humanos, sino desde la trastienda de una pescadería un sábado cualquiera en el que una desconocida de 47 años le resolvió el día sin alzar la voz, sin errores y con un resultado que la dueña califica sin matices: «estoy supercontenta».
