Plantarle cara al diagnóstico de un cáncer hematológico como el mieloma múltiple es un duro desafío para el que nadie está preparado. No es para menos, pues cuando esa temible palabra se cuela en el vocabulario de una persona, el miedo y la incertidumbre se adueñan de la realidad. Una realidad que es más desconcertante cuando el escenario en el que se afronta es un pequeño pueblo de un puñado de vecinos en medio de la España vaciada. Las visitas constantes al hospital que marcan el devenir de quien convive con el mieloma múltiple se aderezan en estos casos con carreteras estrechas que dificultan el tránsito, ambulatorios con restricciones horarias, autobuses que tardan horas en llegar hasta la capital o vecinos que se organizan para ayudar a quien necesita un traslado… Enfrentarse a esta enfermedad desde la España rural implica sacrificio y una fortaleza que va más allá de lo visible, pues obliga al paciente a desafiar la distancia en la esfera física y emocional, entremezclando también el peso de la soledad, el aislamiento y la losa del tiempo, tal y como refleja el [[LINK:INTERNO|||Article|||6a3386b312150600079efaff|||documental «Los últimos pobladores», una obra dirigida por Ander Duque con la colaboración de GSK. ]] Buen ejemplo de ello es Tibisay, una joven salmantina con mieloma múltiple desde hace cinco años y cuya experiencia queda reflejada tras el objetivo de Duque. «Cuando te dan el diagnóstico, el mundo se te cae encima. Yo solo pensaba en mis hijos pequeños», confiesa. Ahora, recuperada y con una vida plena, mantiene sus revisiones periódicas «con un nudo en el estómago», pero agradecida por el regalo que le ha dado la investigación científica y con la convicción de saber que está en las mejores manos, a pesar de que viva en un pequeño pueblo salmantino. Detrás de su caso están, entre otros muchos profesionales, las doctoras María Victoria Mateos, responsable de la Unidad de mieloma del Hospital Universitario de Salamanca, y Noemí Puig, hematóloga de su equipo. «Esta enfermedad obliga a muchos pacientes a convivir con tratamientos prolongados y un seguimiento médico constante. Cuando a eso se suma la distancia geográfica y la falta de recursos cercanos, el impacto en la calidad de vida puede ser enorme», reconoce la doctora Puig, quien agradece que «este documental ayude a visibilizar una parte muy importante de esa realidad». El peso de la distancia A pesar de que el mieloma tiene un buen pronóstico, cuando la enfermedad llega a edades avanzadas y en zonas rurales con dificultades logísticas, algunos pacientes sienten que se convierten en una carga demasiado pesada para sus familias. «El tratamiento les implica viajar hasta Salamanca todas las semanas y eso puede ser una odisea difícil de gestionar porque implica un grave trastorno. En este sentido, la distancia física marca desigualdades en el acceso que no deberían permitirse», lamenta la doctora Puig. Conscientes de ello, l
Ir al hospital puede ser una odisea que pone en jaque la calidad de vida de los pacientes
Plantarle cara al diagnóstico de un cáncer hematológico como el mieloma múltiple es un duro desafío para el que nadie está preparado. No es para menos, pues cuando esa temible palabra se cuela en el vocabulario de una persona, el miedo y la incertidumbre se adueñan de la realidad. Una realidad que es más desconcertante cuando el escenario en el que se afronta es un pequeño pueblo de un puñado de vecinos en medio de la España vaciada.Las visitas constantes al hospital que marcan el devenir de quien convive con el mieloma múltiple se aderezan en estos casos con carreteras estrechas que dificultan el tránsito, ambulatorios con restricciones horarias, autobuses que tardan horas en llegar hasta la capital o vecinos que se organizan para ayudar a quien necesita un traslado… Enfrentarse a esta enfermedad desde la España rural implica sacrificio y una fortaleza que va más allá de lo visible, pues obliga al paciente a desafiar la distancia en la esfera física y emocional, entremezclando también el peso de la soledad, el aislamiento y la losa del tiempo, tal y como refleja el documental «Los últimos pobladores», una obra dirigida por Ander Duque con la colaboración de GSK. Buen ejemplo de ello es Tibisay, una joven salmantina con mieloma múltiple desde hace cinco años y cuya experiencia queda reflejada tras el objetivo de Duque. «Cuando te dan el diagnóstico, el mundo se te cae encima. Yo solo pensaba en mis hijos pequeños», confiesa. Ahora, recuperada y con una vida plena, mantiene sus revisiones periódicas «con un nudo en el estómago», pero agradecida por el regalo que le ha dado la investigación científica y con la convicción de saber que está en las mejores manos, a pesar de que viva en un pequeño pueblo salmantino. Detrás de su caso están, entre otros muchos profesionales, las doctoras María Victoria Mateos, responsable de la Unidad de mieloma del Hospital Universitario de Salamanca, y Noemí Puig, hematóloga de su equipo. «Esta enfermedad obliga a muchos pacientes a convivir con tratamientos prolongados y un seguimiento médico constante. Cuando a eso se suma la distancia geográfica y la falta de recursos cercanos, el impacto en la calidad de vida puede ser enorme», reconoce la doctora Puig, quien agradece que «este documental ayude a visibilizar una parte muy importante de esa realidad».El peso de la distanciaA pesar de que el mieloma tiene un buen pronóstico, cuando la enfermedad llega a edades avanzadas y en zonas rurales con dificultades logísticas, algunos pacientes sienten que se convierten en una carga demasiado pesada para sus familias. «El tratamiento les implica viajar hasta Salamanca todas las semanas y eso puede ser una odisea difícil de gestionar porque implica un grave trastorno. En este sentido, la distancia física marca desigualdades en el acceso que no deberían permitirse», lamenta la doctora Puig.Conscientes de ello, los especialistas hacen todo lo posible por facilitar la v
