Las víctimas del accidente de Adamuz iban a ser objeto de un «homenaje» laico de Estado en Huelva, de donde procedía la mayoría, por iniciativa del Gobierno socialista. Pero las familias lo han rechazado, y el domingo, en una sala abarrotada, el obispo de Córdoba celebró en Adamuz una misa por los fallecidos en la tragedia ferroviaria. A la vez, la presidente de la Comunidad de Madrid había promovido un funeral en la catedral madrileña de la Almudena. Estamos, pues, ante un imaginario choque de trenes entre la España laica y la España católica. Es un enfrentamiento de hondo calado ideológico, que se viene repitiendo en circunstancias aciagas con Pedro Sánchez en el poder. Tal mercadeo político con los muertos es poco edificante. Los observadores más susceptibles ven la larga mano de la masonería –el gran maestre de la principal orden masónica española es del PSOE– en este tipo de ceremonias laicas.. De entrada, «homenajear» a los que han perdido la vida en el accidente ferroviario no es lo más apropiado. Ellos no reclaman ningún homenaje. No son héroes ni santos, ni han muerto en un acto de servicio a la comunidad. Sobran los aplausos. Son sólo víctimas inocentes, que han tenido mala suerte y que lo único que reclaman es justicia; y los creyentes, seguramente la mayoría, lo que agradecen en este trance doloroso es una oración por sus almas. Los familiares, entre el incienso y los responsos, sienten en la iglesia el consuelo de que la muerte no es el final. Estando en un país de arraigada tradición católica, que contribuye decisivamente a la identidad nacional, parece mucho más adecuado un solemne funeral en la catedral que un frío homenaje laico, por muy neutral que se presente. Conviene no olvidar que estamos en un Estado aconfesional, pero no anticatólico, como parece que pretenden desde el poder, comprometiendo de lleno a la Corona en esto.. Escribe Fernando Savater en «The Objective» que «los rituales religiosos para acompañar a los muertos gustan más a unos y a otros menos, pero las improvisaciones laicas que quieren sustituirlos tienen la rara virtud de no convencer a nadie». De ahí este rechazo. Malo es que se pretenda utilizar electoralmente a las víctimas del accidente ferroviario, pero es mucho peor «homenajear» a esas víctimas para fomentar la impiedad y el sentimiento anticatólico en España. No es verdad que el pretendido homenaje laico de Estado en Huelva fuera ideológicamente neutral y, menos aún, acogedor. Sobre todo siendo organizado por un Gobierno políticamente responsable de esta tragedia, de la que no se hace cargo.
Es un enfrentamiento de hondo calado ideológico, que se viene repitiendo en circunstancias aciagas con Pedro Sánchez en el poder
Las víctimas del accidente de Adamuz iban a ser objeto de un «homenaje» laico de Estado en Huelva, de donde procedía la mayoría, por iniciativa del Gobierno socialista. Pero las familias lo han rechazado, y el domingo, en una sala abarrotada, el obispo de Córdoba celebró en Adamuz una misa por los fallecidos en la tragedia ferroviaria. A la vez, la presidente de la Comunidad de Madrid había promovido un funeral en la catedral madrileña de la Almudena. Estamos, pues, ante un imaginario choque de trenes entre la España laica y la España católica. Es un enfrentamiento de hondo calado ideológico, que se viene repitiendo en circunstancias aciagas con Pedro Sánchez en el poder. Tal mercadeo político con los muertos es poco edificante. Los observadores más susceptibles ven la larga mano de la masonería –el gran maestre de la principal orden masónica española es del PSOE– en este tipo de ceremonias laicas.. De entrada, «homenajear» a los que han perdido la vida en el accidente ferroviario no es lo más apropiado. Ellos no reclaman ningún homenaje. No son héroes ni santos, ni han muerto en un acto de servicio a la comunidad. Sobran los aplausos. Son sólo víctimas inocentes, que han tenido mala suerte y que lo único que reclaman es justicia; y los creyentes, seguramente la mayoría, lo que agradecen en este trance doloroso es una oración por sus almas. Los familiares, entre el incienso y los responsos, sienten en la iglesia el consuelo de que la muerte no es el final. Estando en un país de arraigada tradición católica, que contribuye decisivamente a la identidad nacional, parece mucho más adecuado un solemne funeral en la catedral que un frío homenaje laico, por muy neutral que se presente. Conviene no olvidar que estamos en un Estado aconfesional, pero no anticatólico, como parece que pretenden desde el poder, comprometiendo de lleno a la Corona en esto.. Escribe Fernando Savater en «The Objective» que «los rituales religiosos para acompañar a los muertos gustan más a unos y a otros menos, pero las improvisaciones laicas que quieren sustituirlos tienen la rara virtud de no convencer a nadie». De ahí este rechazo. Malo es que se pretenda utilizar electoralmente a las víctimas del accidente ferroviario, pero es mucho peor «homenajear» a esas víctimas para fomentar la impiedad y el sentimiento anticatólico en España. No es verdad que el pretendido homenaje laico de Estado en Huelva fuera ideológicamente neutral y, menos aún, acogedor. Sobre todo siendo organizado por un Gobierno políticamente responsable de esta tragedia, de la que no se hace cargo.
