Más que un deshielo acelerado, el Himalaya enfrenta hoy a una descomposición estructural de su sistema climático. El ritmo de pérdida de hielo se ha duplicado desde el año 2000, un retroceso que golpea directamente la seguridad hídrica, la energía y la estabilidad de casi dos mil millones de personas que dependen de los grandes ríos nacidos en sus cumbres. Los informes más recientes del Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas (ICIMOD) describen un panorama crítico. No se trata de una variación estacional ni una oscilación pasajera, sino de una tendencia sostenida y devastadora. La cordillera pierde masa a una celeridad pasmosa, comprometiendo diez de los principales sistemas fluviales de Asia y mostrando señales de un agotamiento estructural.
El estudio «HKH Glacier Outlook 2026», construido sobre medio siglo de observaciones, concluye que el desgaste progresivo se ha duplicado en un cuarto de siglo. Además, entre 1990 y 2020, la región perdió alrededor del 12% de su superficie glaciar y el 9% de sus reservas estimadas de hielo. En términos físicos, eso significa menos almacenamiento natural, menos amortiguación frente a la sequía y más incertidumbre para millones de hogares río abajo.
La dimensión geográfica explica por qué este proceso tiene alcance continental. El Hindu Kush Himalaya se extiende a lo largo de miles de kilómetros y actúa como una inmensa torre de agua para Asia. De sus laderas y sus valles helados nacen o se alimentan ríos esenciales para el consumo humano, agricultura, producción hidroeléctrica y seguridad alimentaria de países enteros. Cuando ese depósito se drena, se altera el equilibrio de regiones completas.
La señal más preocupante no es únicamente la pérdida de superficie, sino esta espiral. Los glaciares están entrando en una fase de adelgazamiento más intensa, más amplia y más difícil de revertir. Esa eclosión convierte el problema en una crisis cronificada, porque cuanto más se reduce el hielo, menor es su capacidad de resistir los veranos extremos y de recuperarse en invierno.
Ese declive tiene consecuencias muy inmediatas. Menos hielo implica caudales más inestables, reservas de agua más frágiles y mayor exposición a episodios súbitos de desbordamiento de lagos, avalanchas y corrimientos de tierra. También más tensión para la agricultura de montaña y para los grandes sistemas de riego aguas abajo, donde cualquier alteración del deshielo acaba afectando la producción de alimentos y el acceso al agua potable.
El alcance geográfico del problema explica por qué el diagnóstico es tan grave. El Hindu Kush Himalaya se extiende unos 3.500 kilómetros desde Afganistán hasta Myanmar y concentra más de 54.000 glaciares, aunque otras bases elevan la cifra por encima de 63.700, con una superficie que ronda los 55.782 kilómetros cuadrados. Esa masa congelada funciona como una auténtica torre de agua para el continente y de ella dependen el Indo, el Ganges, el Brahmaputra, el Mekong, el Irrawaddy y otros sistemas que sostienen alimentos, energía y abastecimiento en el sur y el sudeste.
La mayor parte de la superficie glaciar se concentra entre 4.500 y 6.000 metros de altitud, una franja especialmente expuesta al calentamiento dependiente de la elevación. Según ICIMOD, cerca del 78% del área del HKH está en esa cota vulnerable, donde el aire se calienta más deprisa que en niveles inferiores. Esa aceleración térmica no solo reduce el espesor del hielo; también altera la duración de la nieve estacional, cambia el momento de deshielo y desordena el calendario natural del agua.
El daño es desigual, y precisamente ahí se encuentra otra señal de alarma. Los glaciares menores de 0,5 kilómetros cuadrados retroceden más deprisa que los grandes, y esa categoría concentra aproximadamente tres cuartas partes de toda la superficie del HKH. En términos prácticos, eso apunta a que el frente de pérdida está muy fragmentado dado que desaparecen primero las masas pequeñas, se multiplica la inestabilidad y se debilita la capacidad del sistema para amortiguar sequías y extremos climáticos.
La investigación también identifica algunos de los puntos más castigados. En el flanco oriental del Himalaya, varias zonas han sufrido pérdidas especialmente intensas. El análisis de largo plazo destaca casos con retrocesos muy superiores a la media, mientras que, en otros sectores, como Karakoram, Sikkim, Zanskar y Bután, la falta de seguimiento impide medir con precisión la magnitud real del deterioro. Ese desierto de informacion lo vuelve más opaco.
El organismo intergubernamental con sede en Katmandú subraya que el monitoreo actual es insuficiente para una región de esta escala. Aunque hay 38 estaciones o glaciares bajo observación prolongada, casi la mitad ya no está operativa y solo siete cumplen los estándares de la World Glacier Monitoring Service. La consecuencia es una enorme zona gris científica en la que los cambios pueden avanzar durante años sin detección fina. «Gran parte de la región es una caja negra» para la evaluación del riesgo criosférico, advierten los autores.
La experiencia de los últimos años demuestra que esa ceguera cuesta vidas. En 2024, el desbordamiento del lago Thyanbo en la región nepalí del Everest arrasó asentamientos; un año antes, la rotura del lago South Lhonak inundó la cuenca del Teesta y causó al menos 77 muertos en Sikkim. Los investigadores sostienen que este retroceso está ampliando y haciendo más peligrosos estos lagos, al tiempo que desestabiliza laderas congeladas y favorece desprendimientos súbitos.
La repercusión financiera sería de igual magnitud. La agricultura de vertiente y de los grandes valles, muy dependiente del agua de fusión, afrontará caudales más irregulares y temporadas más cortas de aporte. La hidroelectricidad puede perder eficiencia, y la competencia por el recurso aumentará en territorios ya sometidos a presión demográfica. Los expertos advierten de que incluso un aumento de una décima de grado tendría secuelas significativas sobre la criosfera y sobre las sociedades que viven de ella.
A ese estrés local se suma un contexto global adverso. ICIMOD recuerda que 2024 fue el año más cálido registrado y que la región se calienta aproximadamente al doble de la media mundial. Además del dióxido de carbono, contaminantes como el carbono negro oscurecen la nieve y aceleran la fusión, agravando un proceso que ya está en marcha. Por eso ruegan ampliar la red de observación, unificar métodos y financiar una adaptación urgente para responder a una emergencia que ya está aquí.
Más que un deshielo acelerado, el Himalaya enfrenta hoy a una descomposición estructural de su sistema climático. El ritmo de pérdida de hielo se ha duplicado desde el año 2000, un retroceso que golpea directamente la seguridad hídrica, la energía y la estabilidad de casi dos mil millones de personas que dependen de los grandes ríos nacidos en sus cumbres. Los informes más recientes del Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas (ICIMOD) describen un panorama crítico. No se trata de una variación estacional ni una oscilación pasajera, sino de una tendencia sostenida y devastadora. La cordillera pierde masa a una celeridad pasmosa, comprometiendo diez de los principales sistemas fluviales de Asia y mostrando señales de un agotamiento estructural.. El estudio «HKH Glacier Outlook 2026», construido sobre medio siglo de observaciones, concluye que el desgaste progresivo se ha duplicado en un cuarto de siglo. Además, entre 1990 y 2020, la región perdió alrededor del 12% de su superficie glaciar y el 9% de sus reservas estimadas de hielo. En términos físicos, eso significa menos almacenamiento natural, menos amortiguación frente a la sequía y más incertidumbre para millones de hogares río abajo.. La dimensión geográfica explica por qué este proceso tiene alcance continental. El Hindu Kush Himalaya se extiende a lo largo de miles de kilómetros y actúa como una inmensa torre de agua para Asia. De sus laderas y sus valles helados nacen o se alimentan ríos esenciales para el consumo humano, agricultura, producción hidroeléctrica y seguridad alimentaria de países enteros. Cuando ese depósito se drena, se altera el equilibrio de regiones completas.. La señal más preocupante no es únicamente la pérdida de superficie, sino esta espiral. Los glaciares están entrando en una fase de adelgazamiento más intensa, más amplia y más difícil de revertir. Esa eclosión convierte el problema en una crisis cronificada, porque cuanto más se reduce el hielo, menor es su capacidad de resistir los veranos extremos y de recuperarse en invierno.. Ese declive tiene consecuencias muy inmediatas. Menos hielo implica caudales más inestables, reservas de agua más frágiles y mayor exposición a episodios súbitos de desbordamiento de lagos, avalanchas y corrimientos de tierra. También más tensión para la agricultura de montaña y para los grandes sistemas de riego aguas abajo, donde cualquier alteración del deshielo acaba afectando la producción de alimentos y el acceso al agua potable.. El alcance geográfico del problema explica por qué el diagnóstico es tan grave. El Hindu Kush Himalaya se extiende unos 3.500 kilómetros desde Afganistán hasta Myanmar y concentra más de 54.000 glaciares, aunque otras bases elevan la cifra por encima de 63.700, con una superficie que ronda los 55.782 kilómetros cuadrados. Esa masa congelada funciona como una auténtica torre de agua para el continente y de ella dependen el Indo, el Ganges, el Brahmaputra, el Mekong, el Irrawaddy y otros sistemas que sostienen alimentos, energía y abastecimiento en el sur y el sudeste.. La mayor parte de la superficie glaciar se concentra entre 4.500 y 6.000 metros de altitud, una franja especialmente expuesta al calentamiento dependiente de la elevación. Según ICIMOD, cerca del 78% del área del HKH está en esa cota vulnerable, donde el aire se calienta más deprisa que en niveles inferiores. Esa aceleración térmica no solo reduce el espesor del hielo; también altera la duración de la nieve estacional, cambia el momento de deshielo y desordena el calendario natural del agua.. El daño es desigual, y precisamente ahí se encuentra otra señal de alarma. Los glaciares menores de 0,5 kilómetros cuadrados retroceden más deprisa que los grandes, y esa categoría concentra aproximadamente tres cuartas partes de toda la superficie del HKH. En términos prácticos, eso apunta a que el frente de pérdida está muy fragmentado dado que desaparecen primero las masas pequeñas, se multiplica la inestabilidad y se debilita la capacidad del sistema para amortiguar sequías y extremos climáticos.. La investigación también identifica algunos de los puntos más castigados. En el flanco oriental del Himalaya, varias zonas han sufrido pérdidas especialmente intensas. El análisis de largo plazo destaca casos con retrocesos muy superiores a la media, mientras que, en otros sectores, como Karakoram, Sikkim, Zanskar y Bután, la falta de seguimiento impide medir con precisión la magnitud real del deterioro. Ese desierto de informacion lo vuelve más opaco.. El organismo intergubernamental con sede en Katmandú subraya que el monitoreo actual es insuficiente para una región de esta escala. Aunque hay 38 estaciones o glaciares bajo observación prolongada, casi la mitad ya no está operativa y solo siete cumplen los estándares de la World Glacier Monitoring Service. La consecuencia es una enorme zona gris científica en la que los cambios pueden avanzar durante años sin detección fina. «Gran parte de la región es una caja negra» para la evaluación del riesgo criosférico, advierten los autores.. La experiencia de los últimos años demuestra que esa ceguera cuesta vidas. En 2024, el desbordamiento del lago Thyanbo en la región nepalí del Everest arrasó asentamientos; un año antes, la rotura del lago South Lhonak inundó la cuenca del Teesta y causó al menos 77 muertos en Sikkim. Los investigadores sostienen que este retroceso está ampliando y haciendo más peligrosos estos lagos, al tiempo que desestabiliza laderas congeladas y favorece desprendimientos súbitos.. La repercusión financiera sería de igual magnitud. La agricultura de vertiente y de los grandes valles, muy dependiente del agua de fusión, afrontará caudales más irregulares y temporadas más cortas de aporte. La hidroelectricidad puede perder eficiencia, y la competencia por el recurso aumentará en territorios ya sometidos a presión demográfica. Los expertos advierten de que incluso un aumento de una décima de grado tendría secuelas significativas sobre la criosfera y sobre las sociedades que viven de ella.. A ese estrés local se suma un contexto global adverso. ICIMOD recuerda que 2024 fue el año más cálido registrado y que la región se calienta aproximadamente al doble de la media mundial. Además del dióxido de carbono, contaminantes como el carbono negro oscurecen la nieve y aceleran la fusión, agravando un proceso que ya está en marcha. Por eso ruegan ampliar la red de observación, unificar métodos y financiar una adaptación urgente para responder a una emergencia que ya está aquí.
Un estudio basado en medio siglo de observaciones concluye que el desgaste progresivo se ha duplicado en un cuarto de siglo
Más que un deshielo acelerado, el Himalaya enfrenta hoy a una descomposición estructural de su sistema climático. El ritmo de pérdida de hielo se ha duplicado desde el año 2000, un retroceso que golpea directamente la seguridad hídrica, la energía y la estabilidad de casi dos mil millones de personas que dependen de los grandes ríos nacidos en sus cumbres. Los informes más recientes del Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas (ICIMOD) describen un panorama crítico. No se trata de una variación estacional ni una oscilación pasajera, sino de una tendencia sostenida y devastadora. La cordillera pierde masa a una celeridad pasmosa, comprometiendo diez de los principales sistemas fluviales de Asia y mostrando señales de un agotamiento estructural.. El estudio «HKH Glacier Outlook 2026», construido sobre medio siglo de observaciones, concluye que el desgaste progresivo se ha duplicado en un cuarto de siglo. Además, entre 1990 y 2020, la región perdió alrededor del 12% de su superficie glaciar y el 9% de sus reservas estimadas de hielo. En términos físicos, eso significa menos almacenamiento natural, menos amortiguación frente a la sequía y más incertidumbre para millones de hogares río abajo.. La dimensión geográfica explica por qué este proceso tiene alcance continental. El Hindu Kush Himalaya se extiende a lo largo de miles de kilómetros y actúa como una inmensa torre de agua para Asia. De sus laderas y sus valles helados nacen o se alimentan ríos esenciales para el consumo humano, agricultura, producción hidroeléctrica y seguridad alimentaria de países enteros. Cuando ese depósito se drena, se altera el equilibrio de regiones completas.. La señal más preocupante no es únicamente la pérdida de superficie, sino esta espiral. Los glaciares están entrando en una fase de adelgazamiento más intensa, más amplia y más difícil de revertir. Esa eclosión convierte el problema en una crisis cronificada, porque cuanto más se reduce el hielo, menor es su capacidad de resistir los veranos extremos y de recuperarse en invierno.. Ese declive tiene consecuencias muy inmediatas. Menos hielo implica caudales más inestables, reservas de agua más frágiles y mayor exposición a episodios súbitos de desbordamiento de lagos, avalanchas y corrimientos de tierra. También más tensión para la agricultura de montaña y para los grandes sistemas de riego aguas abajo, donde cualquier alteración del deshielo acaba afectando la producción de alimentos y el acceso al agua potable.. El alcance geográfico del problema explica por qué el diagnóstico es tan grave. El Hindu Kush Himalaya se extiende unos 3.500 kilómetros desde Afganistán hasta Myanmar y concentra más de 54.000 glaciares, aunque otras bases elevan la cifra por encima de 63.700, con una superficie que ronda los 55.782 kilómetros cuadrados. Esa masa congelada funciona como una auténtica torre de agua para el continente y de ella dependen el Indo, el Ganges, el Brahmaputra, el Mekong, el Irrawaddy y otros sistemas que sostienen alimentos, energía y abastecimiento en el sur y el sudeste.. La mayor parte de la superficie glaciar se concentra entre 4.500 y 6.000 metros de altitud, una franja especialmente expuesta al calentamiento dependiente de la elevación. Según ICIMOD, cerca del 78% del área del HKH está en esa cota vulnerable, donde el aire se calienta más deprisa que en niveles inferiores. Esa aceleración térmica no solo reduce el espesor del hielo; también altera la duración de la nieve estacional, cambia el momento de deshielo y desordena el calendario natural del agua.. El daño es desigual, y precisamente ahí se encuentra otra señal de alarma. Los glaciares menores de 0,5 kilómetros cuadrados retroceden más deprisa que los grandes, y esa categoría concentra aproximadamente tres cuartas partes de toda la superficie del HKH. En términos prácticos, eso apunta a que el frente de pérdida está muy fragmentado dado que desaparecen primero las masas pequeñas, se multiplica la inestabilidad y se debilita la capacidad del sistema para amortiguar sequías y extremos climáticos.. La investigación también identifica algunos de los puntos más castigados. En el flanco oriental del Himalaya, varias zonas han sufrido pérdidas especialmente intensas. El análisis de largo plazo destaca casos con retrocesos muy superiores a la media, mientras que, en otros sectores, como Karakoram, Sikkim, Zanskar y Bután, la falta de seguimiento impide medir con precisión la magnitud real del deterioro. Ese desierto de informacion lo vuelve más opaco.. El organismo intergubernamental con sede en Katmandú subraya que el monitoreo actual es insuficiente para una región de esta escala. Aunque hay 38 estaciones o glaciares bajo observación prolongada, casi la mitad ya no está operativa y solo siete cumplen los estándares de la World Glacier Monitoring Service. La consecuencia es una enorme zona gris científica en la que los cambios pueden avanzar durante años sin detección fina. «Gran parte de la región es una caja negra» para la evaluación del riesgo criosférico, advierten los autores.. La experiencia de los últimos años demuestra que esa ceguera cuesta vidas. En 2024, el desbordamiento del lago Thyanbo en la región nepalí del Everest arrasó asentamientos; un año antes, la rotura del lago South Lhonak inundó la cuenca del Teesta y causó al menos 77 muertos en Sikkim. Los investigadores sostienen que este retroceso está ampliando y haciendo más peligrosos estos lagos, al tiempo que desestabiliza laderas congeladas y favorece desprendimientos súbitos.. La repercusión financiera sería de igual magnitud. La agricultura de vertiente y de los grandes valles, muy dependiente del agua de fusión, afrontará caudales más irregulares y temporadas más cortas de aporte. La hidroelectricidad puede perder eficiencia, y la competencia por el recurso aumentará en territorios ya sometidos a presión demográfica. Los expertos advierten de que incluso un aumento de una décima de grado tendría secuelas significativas sobre la criosfera y sobre las sociedades que viven de ella.. A ese estrés local se suma un contexto global adverso. ICIMOD recuerda que 2024 fue el año más cálido registrado y que la región se calienta aproximadamente al doble de la media mundial. Además del dióxido de carbono, contaminantes como el carbono negro oscurecen la nieve y aceleran la fusión, agravando un proceso que ya está en marcha. Por eso ruegan ampliar la red de observación, unificar métodos y financiar una adaptación urgente para responder a una emergencia que ya está aquí.
