Salvo milagro, en la Iglesia católica romana se producirá este miércoles un cisma. Es un pequeño cisma, pues los llamados lefebvrianos, seguidores del obispo francés Marcel Lefebvre, son una reducida minoría ultraconservadora, pero una ruptura interna siempre es dramática para el Vaticano. Sin embargo, tanto en Roma en como la propia agrupación se considera casi inevitable, pues la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, nombre exacto de esta organización, es contraria desde los años sesenta a las reformas modernizadoras del Concilio Vaticano II, empezando por el hecho de que la misa dejara de ser en latín, y sus postulados son incompatibles con la actual doctrina de la Iglesia. Seguir leyendo
El grupo nostálgico del latín en misa prevé ordenar cuatro obispos este miércoles, lo que conlleva la excomunión automática, pero ya vende botellas de vino como recuerdo de un día “histórico”
Salvo milagro, en la Iglesia católica romana se producirá este miércoles un cisma. Es un pequeño cisma, pues los llamados lefebvrianos, seguidores del obispo francés Marcel Lefebvre, son una reducida minoría ultraconservadora, pero una ruptura interna siempre es dramática para el Vaticano. Sin embargo, tanto en Roma en como la propia agrupación se considera casi inevitable, pues la Fraternidad San Pío X, nombre exacto de esta organización, es contraria desde los años sesenta a las reformas modernizadoras del Concilio Vaticano II, empezando por el hecho de que la misa dejara de ser en latín y sus postulados son incompatibles con la actual doctrina de la Iglesia. Este miércoles culminarán la fractura en su sede de Écône, en Suiza, con la ordenación de cuatro obispos por su cuenta, sin permiso del Papa, lo que conlleva la excomunión automática (latae sententiae). No es una novedad, ya lo hicieron en 1988 y asumieron el castigo con Juan Pablo II. Aun así, León XIV ha hecho este martes un último intento para que recapaciten con una carta pública, escrita con “ánimo paterno” y “afecto cristiano”: “¡Den marcha atrás! (…) Desgarrar la túnica inconsútil de Cristo es un pecado de extrema gravedad”.El Pontífice les ha propuesto seguir dialogando, pero es poco probable que su oferta tenga éxito, porque la ruptura llega tras meses de conversaciones. Además, la página web lefebvriana ya muestra que se toman el acto del miércoles como una fiesta y con muchas ganas: en la sección de “recuerdos” ofrecen cajas de botellas de vino de edición limitada con etiqueta propia conmemorativa, además de gorras y otros objetos. “Llévese un recuerdo de este evento histórico”, lo promocionan.Esta agrupación constituye el núcleo del sector más integrista del catolicismo, que reniega de los cambios que introdujo el Concilio Vaticano II, como el papel de los laicos, el diálogo con las otras religiones y negar que los judíos eran responsables de la muerte de Cristo. Más allá del cisma y la cuestión doctrinal, la ruptura tiene un nivel de lectura más profundo. Después de los ataques directos de Donald Trump a León XIV el pasado mes de abril, supone otro paso más en el alejamiento del mundo ultraconservador del actual Papa. A un año de su elección, ya han comprobado que no está en sintonía con ellos. Tras la experiencia de lo que ocurrió con Francisco, contra quien se urdieron todo tipo de conspiraciones, está por ver cuáles serán los siguientes pasos. Este cisma es la repetición del que ya ocurrió en 1988, cuando Juan Pablo II excomulgó al líder de este grupo, Marcel Lefevbre, ya fallecido, por empeñarse en ordenar cuatro a obispos por su cuenta, que también fueron excomulgados. En un intento de que regresaran al redil y como guiño a los sectores más conservadores de la Iglesia, Benedicto XVI les levantó el castigo en 2009, no sin gran polémica, pues uno de ellos, el británico Richard William
