El Papa no se ha andado con rodeos y en su primer discurso en España este sábado, nada más aterrizar en Madrid, ha afrontado de lleno las cuestiones que más le preocupan: el riesgo de la polarización, la deriva populista y la amenaza de la extrema derecha. Sin mencionarla expresamente, pero con palabras contundentes en defensa de una sociedad abierta, plural y volcada en la educación pública. Ha invitado a “apreciar la complejidad y estudiarla, aprender a no negarla y vivirla como una bendición, huir de esos enfoques identitarios que parecen aclararlo todo, pero que pueblan el mundo de fantasmas y enemigos”. Ha llamado claramente a abandonar “las armas y los muros”.. Seguir leyendo
El Papa no se ha andado con rodeos y en su primer discurso en España este sábado, nada más aterrizar en Madrid, ha afrontado de lleno las cuestiones que más le preocupan: el riesgo de la polarización, la deriva populista y la amenaza de la extrema derecha. Sin mencionarla expresamente, pero con palabras contundentes en defensa de una sociedad abierta, plural y volcada en la educación pública. Ha invitado a “apreciar la complejidad y estudiarla, aprender a no negarla y vivirla como una bendición, huir de esos enfoques identitarios que parecen aclararlo todo, pero que pueblan el mundo de fantasmas y enemigos”. Ha llamado claramente a abandonar “las armas y los muros”.. Lo ha hecho en la Sala de las Columnas del Palacio Real, al final de una fastuosa ceremonia de bienvenida con los Reyes, las principales autoridades y numerosos invitados del mundo político, la sociedad civil y el cuerpo diplomático. Ante este auditorio ha pronunciado, íntegramente en español, un discurso denso de ideas y potente en su carga política. Es para preguntarse qué habrá dejado para su intervención del lunes en el Congreso. Ha sido un discurso equilibrado y con mensajes que en el arco político se pueden interpretar en un sentido u otro, pero que en muchas ocasiones aludía de forma inequívoca a la ultraderecha: “Invito a todos, por amor a la verdad, a abandonar las narrativas divisivas y polarizantes de vuestra realidad social y de su historia, para pasar de las simplificaciones estériles a la apreciación fecunda de la complejidad”.. La columna vertebral de todo el discurso ha sido una alerta de significado profundo contra el populismo: “Hoy, la tentación de ganar popularidad avivando el fuego de las polarizaciones parece crecer, en lugar de disminuir; la dignidad humana no deja de ser violada. Por eso necesitamos cultura, interioridad, una educación libre y de calidad, necesitamos transcendencia”.. En una intervención salpicada de referencias históricas, ha subrayado con toda intención el ejemplo de la España multicultural y de diferentes religiones del pasado, en oposición a quienes hoy se oponen a que convivan: “La seguridad, que con demasiada frecuencia nos ilusionamos que provenga de las armas y los muros, madura más bien al aprender a avanzar junto al otro, a crecer juntos, codo con codo. Vuestra propia historia lo atestigua. La presencia del islam en la Península ibérica, por ejemplo, constituyó una realidad política, cultural y religiosa de larga duración. Durante ese periodo no sólo hubo confrontación, sino que se intentó crear un espacio de contacto, conversación y diálogo sobre el sentido de la verdad entre cristianos, musulmanes y judíos”.. León XIV también ha citado a San Ignacio de Loyola, Santa Teresa y San Juan de la Cruz, y en referencia a la “noche oscura del alma” de este último, ha hecho una comparación con un tiempo actual de irracionalidad y confusión: “También hoy lo que más nos asusta, lo que en muchos provoca la oscuridad de la razón y la violencia de las emociones, es lo desconocido, ante lo cual puede prevalecer la sensación de no tener ya mapas, la desorientación. Por eso se necesitan, también la vida pública, hombres y mujeres que intuyan, en la oscuridad, la luz”.. En este escenario, en línea con las tesis de su primer encíclica, Magnifica humanitas, apenas publicada, ha señalado al papel nocivo de las nuevas tecnologías: “Se han convertido en un entorno artificial en el que nuestras opciones fundamentales se ponen a prueba: en su interior, los prejuicios se exacerban, el pensamiento crítico se debilita, los intereses prepotentes siembran pulsiones de muerte”.. Contra ello, ha dicho, el bien “puede resistir y comunicarse”. La Iglesia, ha repetido, “hoy está dispuesta a ponerse al servicio del futuro de un pueblo que busca la reconciliación y la paz”. Esa idea, la reconciliación, ha sido dominante desde sus primeras palabras, como antídoto contra las divisiones. El Papa ha unido inmediatamente el propósito religioso y el político, declarando desde el principio el diagnóstico de una fractura en la sociedad española: “Vengo entre ustedes para confirmar, alentar e inspirar una renovada fidelidad de los creyentes en el Evangelio, así como una reconciliación y una cooperación más profundas entre las distintas fuerzas de esta nación”. “Su propia historia sugiere que no es la cultura del enfrentamiento, sino la del encuentro, la que genera estabilidad y prosperidad”, quizá una referencia velada al espíritu de la Transición.. En esta labor de recuperación de la convivencia y una cultura del respeto ha señalado el papel fundamental de la educación: “Es necesario, sobre todo por parte de quienes tienen responsabilidades económicas, políticas e institucionales, dar un salto cualitativo, un cambio de rumbo en las inversiones destinadas a la escuela, la universidad y la investigación, a las comunidades locales y a la sociedad civil como semillero de participación y mediación cultural”.. En su defensa de valores cristianos ha avalado, con intención o sin ella, la línea del Gobierno de Pedro Sánchez a nivel internacional. Por ejemplo, sobre la guerra: “El mensaje de paz que en estos tiempos, por desgracia, resuena para algunos como ingenuo y para otros como provocador, encuentra acogida en quienes no se encierran en ideologías prefabricadas”. También al agradecer explícitamente a España “por su fidelidad al derecho internacional y al multilateralismo”. Al terminar, ha hecho una rápida referencia a las tensiones territoriales en España, con una mención a la necesidad de “armonizar las demandas de autonomía y de unidad”, y en el plano internacional, “a impulsar el proceso de unión europea, no en oposición a otras potencias, sino como un don para toda la familia humana”.
León XIV pronuncia ante los Reyes un potente discurso contra “las narrativas divisivas” y quienes “ganan popularidad avivando el fuego de las polarizaciones”
