La caótica gestión de la clemencia del presidente de EE UU propicia un ‘boom’ de exoneraciones de personas leales a la Casa Blanca o con dinero para pagar a lobistas del universo MAGA
Los últimos beneficiarios de la clemencia de Donald Trump fueron cinco jugadores retirados de fútbol americano. Condenados por delitos de narcotráfico y perjurio, ingresaron el 12 de febrero en el abarrotado club de los indultados por el presidente de Estados Unidos tras su regreso a la Casa Blanca. En esa lista ya había milmillonarios de las criptomonedas, políticos republicanos, estrellas de la telerrealidad y hasta el expresidente de Honduras Juan Orlando Hernández, condenado a 45 años por complicidad en el contrabando de cientos de toneladas de cocaína a Estados Unidos.. La pasión de Trump por el perdón, que está batiendo marcas en su segundo mandato, empezó pronto: en su primer día de vuelta en el Despacho Oval, indultó o conmutó las penas a casi 1.600 procesados o condenados por el asalto al Capitolio del 6 de enero. Desde entonces, el presidente de Estados Unidos ha ungido con su clemencia a otras 199 personas, incluidas 77 involucradas en los esfuerzos de subvertir el resultado de las elecciones de 2020, una derrota que sigue sin admitir.. El alcance, los atajos y las motivaciones de su política del perdón carecen de precedentes y han provocado que un grupo de congresistas (entre ellos, el republicano Don Bacon) presente una iniciativa legislativa para introducir una enmienda constitucional que dé al Congreso el poder de bloquear la clemencia presidencial. Aunque Trump no es, con todo, el primer inquilino de la Casa Blanca en hacer un uso polémico de un poder reconocido en la Constitución.. Ahí están el indulto de Gerald Ford a Richard Nixon para pasar página del escándalo del Watergate, los más de 100.000 jóvenes a los que Jimmy Carter perdonó por eludir el reclutamiento en la guerra de Vietnam o el borrón y cuenta nueva que Joe Biden, presidente que indultó a 1.500 personas en un solo día, hizo con los delitos cometidos en la última década (los conocidos y los aún por descubrir) de su hijo, Hunter Biden.. Trump sí es el primero en nombrar una “zarina de los indultos”. Está encargada de recomendar casos que merezcan su atención, y trabaja en paralelo a la Oficina del Abogado de Indultos, dependiente del Departamento de Justicia. Esa primera zarina es Alice Marie Johnson, a la que el republicano libró durante su primer mandato —y por influencia de la famosa Kim Kardashian— de la cadena perpetua que cumplía por tráfico de drogas y lavado de dinero.. Para cuando Trump intervino, Johnson ya estaba considerada un inmejorable ejemplo del punitivo sistema penal estadounidense, y los mismos activistas que abogaron por su puesta en libertad recibieron su nombramiento con una esperanza traicionada al comprobar el caos y la escala del negocio del perdón en el Washington de Trump. “[El presidente] está claramente vendiendo clemencia. El dinero no se lo queda él, pero sí grupos de su entorno y otras personas afines”, asegura en una entrevista telefónica el periodista y premio Pulitzer David Cay Johnston, que sigue desde los años 80 la trayectoria en los negocios del magnate metido a político y es autor de tres libros sobre él (entre ellos, Cómo se hizo Donald Trump, traducido al español).. Uno de los defensores de la libertad para la zarina Johnson era el profesor de la Universidad de St. Paul (Minnesota) Mark Osler, que, en una conversación por Zoom con EL PAÍS, se definió como un “experto en el funcionamiento de la clemencia en Estados Unidos que ahora se ve incapaz de explicar sus reglas con Trump en la Casa Blanca”.. Concentración a la puerta de la cárcel de Washington de la que fueron puestos en libertad decenas de presos condenados por el asalto al Capitolio, el 20 de enero de 2015.Leah Millis (REUTERS). Osler recuerda que recurrir a la zarina es solo uno de los caminos posibles (sin salida, según el portal News of the United States, que ha publicado que la jefa de Gabinete de Trump, Susie Wiles, ha pedido a Johnson que aflojara para evitar la imagen de “descontrol que está dando”). Otro es hacerlo a través de lobistas de Washington (que cobran por ejercer presión para influir en la toma de decisiones políticas) que han visto una oportunidad de negocio en reciclarse en abogados con tarifas a partir de un millón de dólares de quienes quieren ser indultados. “Antes nos contrataban de vez en cuando”, explica uno de esos profesionales de la influencia que prefiere no desvelar su nombre. “Con Trump, el de los indultos se ha convertido en un negocio floreciente en la ciudad, toda una industria, y muchas firmas se están adaptando para ofrecer esos servicios”.. ¿La tercera vía? Lograr acercarse a Trump, por ejemplo, en su club privado de Mar-a-Lago, y obtener clemencia de la fuente original. También sirve que interceda alguien cercano, como hizo por el expresidente Hernández el veterano estratega republicano Roger Stone, que ha declarado que no recibió dinero por esa gestión.. La Casa Blanca respondió recientemente a un e-mail de EL PAÍS con preguntas sobre el funcionamiento y la jerarquía de esas opciones con un link a una intervención de su portavoz, Karoline Leavitt, del pasado noviembre. “Contamos con un proceso de revisión exhaustivo y con un equipo de abogados cualificados que estudian cada solicitud que llega al presidente”, dijo Leavitt aquel día. “Él es quien toma la decisión final, y fue muy claro al asumir el cargo que su principal interés era indultar a las personas maltratadas y perseguidas por Biden”.. Changpeng Zhao sale de un tribunal federal de Seattle, el 21 de noviembre de 2023.David Ryder (Photographer: David Ryder/Getty ). El presidente siempre tiene la última palabra, pero no está obligado a explicar sus porqués. En el caso de Trump, ha ido tan lejos como hasta indultar a Changpeng Zhao, fundador de la empresa de criptomonedas Binance, para después decir a la prensa que no tenía “ni idea” de quién era. “Sé que lo condenaron a cuatro meses [tras declararse culpable por lavado de dinero]. Y me han dicho que fue [víctima de] una caza de brujas de Biden”, dijo, antes de añadir que lo había perdonado “a petición de mucha gente buena”.. Entre esa gente, figura el lobista de Washington Ches McDowell, contratado por Zhao. McDowell convenció a Trump en el Despacho Oval, tras un acto en homenaje al líder juvenil MAGA Charlie Kirk, asesinado semanas antes. Esa tarde, el presidente aceptó conceder el indulto y McDowell se fue a cazar a Utah con Donald, el primogénito de Trump, que, según declaró el lobista a The Wall Street Journal, no tuvo que ver con el éxito de su operación. Donald Trump Jr. es fundador, junto a su padre y a su hermano Eric, de la empresa cripto World Liberty Financial, con la que Zhao fortaleció sus vínculos empresariales mientras perseguía la clemencia.. Binance gastó 1,25 millones de dólares el año pasado en hacer lobby en Washington, según Open Secrets, organización sin ánimo de lucro que vigila la relación entre el dinero y la política en Washington. A petición de este diario, uno de sus técnicos rastreó la evolución de las “organizaciones que mencionaron las palabras ”perdón» o “clemencia” en sus informes de lobby desde 2008”, al principio de la era de Barack Obama.. El año pasado, con Trump de regreso en la Casa Blanca, marcó un récord, con 27 menciones. La serie indica que estas se dispararon a partir de 2020 (20), y que antes de eso nunca superaron las seis anuales. En los años de Biden hubo un valle, hasta 2024, cuando se alcanzaron las 21 menciones. El dato, según aclara Osler, tiene sentido: “Viene siendo tradición desde [Bill] Clinton [1993-2001] que los presidentes aguarden a su último año para administrar sus indultos”.. Así que el primer año de la segunda presidencia de Trump es anómalo. También si se compara con el primero de su primer mandato; entonces, solo perdonó a una persona. “Obama, [que perdonó a 1.927 en ocho años] utilizó ese poder principalmente para condenas por drogas”, aclara Osler. “Biden [cuatro años, 4.244 actos de clemencia] lo hizo de forma amplia, categórica, a menudo simbólica y, en el caso de su familia, muy objetable. Trump lo emplea principalmente para condenas por fraude y asuntos que afectan a los ricos y famosos”.. Le sirve además para enviar ciertos mensajes. “No dejaremos a ningún MAGA tirado”, tuiteó Ed Martin, abogado de indultos de la Casa Blanca, después de que Trump librara a un sheriff de Virginia, tan corrupto como leal en público a su causa. Martin fue nombrado tras el despido de Liz Oyer, que llegó cuando esta se negó a recomendar que se le restaurara al actor Mel Gibson el derecho a portar armas, del que se le despojó en 2011 tras una condena por violencia machista.. Tras la llegada de Martin al puesto, se han multiplicado casos como el de Joseph Schwartz, cuyo nombre destaca en el cruce de datos de OpenSecrets. Dueño de una red de 100 residencias de ancianos que se declaró culpable de fraude al Gobierno por valor de 38 millones, Schwartz, beneficiario en noviembre de la clemencia presidencial, gastó en 2025 1,06 millones de dólares en influencia, 960.000 de los cuales tuvieron como destino a los lobistas pro Trump Jack Burkman y Jacob Wohl, condenados a su vez por fraude, que lograron exonerarlo.. Los 100.000 dólares restantes fueron para un tipo llamado John Nash, al que Schwartz prometió un segundo pago de 500.000 dólares que nunca llegó. La semana pasada, Nash fue detenido por intento de extorsión a su antiguo cliente para obtener ese dinero. Resulta que urdió el chantaje con un informante del Gobierno, que lo delató. Para Oyer, la abogada de indultos despedida por Trump, ese suceso es la prueba de que “el negocio del perdón está tan fuera de control que genera más delincuencia”. “Es un círculo realmente grotesco de lucro y corrupción”, opina.. En ese caldo de cultivo, la fila de los candidatos al perdón es larga. Hay muchos nombres famosos —de Elizabeth Holmes, la mujer tras la start-up de análisis de sangre Theranos, a la estrella fugaz del fraude con criptomonedas Sam Bankman-Fried—, pero sobre todo, uno: Ghislaine Maxwell. La conseguidora del millonario pederasta Jeffrey Epstein no oculta sus maniobras para tratar de librarse de la condena a 20 años de cárcel que cumple desde 2022.. El biógrafo Cay Johnston ve “muy posible que Trump la perdone”, aunque vaticina que “no será un indulto, sino una conmutación de la pena”. “Si Trump hace lo primero, ella pierde la protección que otorga la Quinta Enmienda, que le permite no declarar contra sí misma. Si la indulta, puede ir a cárcel por negarse a responder. Creo que a Trump no le interesa eso. Y si repasas la lista de los que han recibido su clemencia, te darás cuenta de que los que pueden representar un problema para él han sido condonados, no indultados”, dice el periodista.. El mes pasado, Maxwell compareció ante un comité de la Cámara de Representantes y se acogió una y otra vez a esa Quinta Enmienda. El mismo día, su abogado dijo que su clienta estaba dispuesta a contar todo lo que sabe y exculpar a Trump, si este se le concede inmunidad. Vista la pujanza del negocio de la clemencia en Washington, no parece sensato apostar a que no vaya a suceder.
Los últimos beneficiarios de la clemencia de Donald Trump fueron cinco jugadores retirados de fútbol americano. Condenados por delitos de narcotráfico y perjurio, ingresaron el 12 de febrero en el abarrotado club de los indultados por el presidente de Estados Unidos tras su regreso a la Casa Blanca. En esa lista ya había milmillonarios de las criptomonedas, políticos republicanos, estrellas de la telerrealidad y hasta el expresidente de Honduras Juan Orlando Hernández, condenado a 45 años por complicidad en el contrabando de cientos de toneladas de cocaína a Estados Unidos.. Seguir leyendo
