Hace no demasiado, pongamos que en el comienzo del verano de 2010, vestir la camiseta de la selección española en algunos lugares rozaba la temeridad. A medida que avanzaban los partidos en aquel Mundial de Sudáfrica, las camisetas comenzaron a aparecer incluso en escenarios inhóspitos, léase País Vasco o Cataluña. Uno de los grandes éxitos del equipo que dirige Luis de la Fuente ha sido mostrar que esa censura, ese temor la mayoría de las veces fundado, se ha ido rebajando con el paso del tiempo. Cualquier momento pasado fue peor. Cafres sigue habiendo en todos los sitios. Y aprovechados. Una conocida ropa de marca de montaña, que tiene por nombre el de una famosa región argentina, ha colgado en su céntrica sede de San Sebastián una bandera enorme que es 50/50 la ikurriña y la albiceleste. Ahí queda eso. Si las rebajas no funcionan pues lo mismo surge otro nicho de mercado. Y no nos ponemos ni coloraos. La mejor prueba del impactante campeonato que se está marcando la selección lo demuestra su eco en ámbitos de clara tendencia abertzale. No han podido abstraerse. El tendido de sol en la plaza de Pamplona y sus carteles arremetiendo contra la Roja son un buen ejemplo. A más de uno se le atragantó el calimocho en Estafeta y alrededores. La proliferación de banderas españolas, de camisetas y de entusiasmo general con la selección jode. El no va más para los de la «Euskal Selekzioa» fue la semifinal contra Mbappé. Un partido entre los dos «estados opresores», el colmo de la jodienda cuando la causa palestina ya interesa lo justo. Ahora, de pronto, ha surgido una especie de hermanamiento entre una parte de la sociedad vasca y un país gobernado por Javier Milei y su motosierra. Lo que hay que ver. Para la final se anuncian convocatorias de apoyo a la Albiceleste en las tres capitales vascas. También en la vieja Iruña no vaya a ser que lo de los sanfermines resultara un fiasco. A esos desafíos, tan de barra de bar y de pósteres decadentes en la habitación, ha habido respuestas como la de la alcaldesa de Vitoria. Maider Etxeberria anunció una pantalla gigante para ver la final en el centro de la ciudad y lo hizo vestida con la Roja. ¡Qué ofensa al pueblo vasco! Si al menos hubiera llevado la blanca… es para reírse.
La mejor prueba del impactante campeonato que se está marcando la selección lo demuestra su eco en ámbitos de clara tendencia abertzale
Hace no demasiado, pongamos que en el comienzo del verano de 2010, vestir la camiseta de la selección española en algunos lugares rozaba la temeridad. A medida que avanzaban los partidos en aquel Mundial de Sudáfrica, las camisetas comenzaron a aparecer incluso en escenarios inhóspitos, léase País Vasco o Cataluña. Uno de los grandes éxitos del equipo que dirige Luis de la Fuente ha sido mostrar que esa censura, ese temor la mayoría de las veces fundado, se ha ido rebajando con el paso del tiempo. Cualquier momento pasado fue peor. Cafres sigue habiendo en todos los sitios. Y aprovechados. Una conocida ropa de marca de montaña, que tiene por nombre el de una famosa región argentina, ha colgado en su céntrica sede de San Sebastián una bandera enorme que es 50/50 la ikurriña y la albiceleste. Ahí queda eso. Si las rebajas no funcionan pues lo mismo surge otro nicho de mercado. Y no nos ponemos ni coloraos.La mejor prueba del impactante campeonato que se está marcando la selección lo demuestra su eco en ámbitos de clara tendencia abertzale. No han podido abstraerse. El tendido de sol en la plaza de Pamplona y sus carteles arremetiendo contra la Roja son un buen ejemplo. A más de uno se le atragantó el calimocho en Estafeta y alrededores. La proliferación de banderas españolas, de camisetas y de entusiasmo general con la selección jode. El no va más para los de la «Euskal Selekzioa» fue la semifinal contra Mbappé. Un partido entre los dos «estados opresores», el colmo de la jodienda cuando la causa palestina ya interesa lo justo. Ahora, de pronto, ha surgido una especie de hermanamiento entre una parte de la sociedad vasca y un país gobernado por Javier Milei y su motosierra. Lo que hay que ver. Para la final se anuncian convocatorias de apoyo a la Albiceleste en las tres capitales vascas. También en la vieja Iruña no vaya a ser que lo de los sanfermines resultara un fiasco. A esos desafíos, tan de barra de bar y de pósteres decadentes en la habitación, ha habido respuestas como la de la alcaldesa de Vitoria. Maider Etxeberria anunció una pantalla gigante para ver la final en el centro de la ciudad y lo hizo vestida con la Roja. ¡Qué ofensa al pueblo vasco! Si al menos hubiera llevado la blanca… es para reírse.
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