España, la bicampeona del mundo, acostúmbrense a leerlo, además de un fútbol sobresaliente tuvo un comportamiento ejemplar durante el campeonato. Y algunas de las virtudes que mostró la selección de Luis de la Fuente reflejaron valores que otras selecciones españolas campeonas de diferentes disciplinas ya habían mostrado. Una vez más, y las que quedan, el deporte sirve como ejemplo a la sociedad. La paciencia, la ausencia de nervios, el saber estar, transmitir calma y serenidad alrededor son claves en un comportamiento digno de alguien a quien admirar. Ese sentimiento han despertado Luis de la Fuente y sus chicos también entre los miembros de la tribu para los que el fútbol no es lo primordial. El grupo ha cautivado por motivos que van más allá del juego y de las conversaciones en la barra del bar o en la máquina del café un lunes tras una jornada de Liga. La selección ha atraído a muchos no aficionados por lo que transmitía más allá del puro fútbol. Se trata de un grupo que no piensa en el “yo, mí, me, conmigo” como leitmotiv para manejarse. El cuerpo técnico ha logrado impregnar en los jugadores lo de que la fuerza del grupo siempre es superior a la del individuo. Y lo ha hecho con la naturalidad y la sinceridad que transmite el seleccionador. En tiempos de extrema individualidad comprobar que el trabajo en equipo funciona es un zasca con la mano abierta para la sociedad. La lección a Argentina en la final trascendió el resultado. Habrá quien considere que el juego albiceleste es canchero, pero eso en el partido decisivo sólo transmitió una manera de disimular las carencias. Y a medida que la final avanzaba esa supuesta virtud se convirtió en un tsunami de gestos sancionables. Lo de las agresiones a la nueva campeona del mundo fue la coronación de la impotencia. La fiesta con España echada a la calle celebra una forma de ganar ejemplarizante sin hacer alarde de ello. Y si además Mikel Merino se pone a imitar el inconfundible baile de Donald Trump delante de las narices del presidente estadounidense… Adidas ya puede estar preparando millones de camisetas rojas y blancas con las dos estrellas para su venta a partir del 4 de agosto.
El trayecto hasta el título y el desarrollo de la final conforman un relato perfecto
España, la bicampeona del mundo, acostúmbrense a leerlo, además de un fútbol sobresaliente tuvo un comportamiento ejemplar durante el campeonato. Y algunas de las virtudes que mostró la selección de Luis de la Fuente reflejaron valores que otras selecciones españolas campeonas de diferentes disciplinas ya habían mostrado. Una vez más, y las que quedan, el deporte sirve como ejemplo a la sociedad. La paciencia, la ausencia de nervios, el saber estar, transmitir calma y serenidad alrededor son claves en un comportamiento digno de alguien a quien admirar. Ese sentimiento han despertado Luis de la Fuente y sus chicos también entre los miembros de la tribu para los que el fútbol no es lo primordial. El grupo ha cautivado por motivos que van más allá del juego y de las conversaciones en la barra del bar o en la máquina del café un lunes tras una jornada de Liga. La selección ha atraído a muchos no aficionados por lo que transmitía más allá del puro fútbol.Se trata de un grupo que no piensa en el “yo, mí, me, conmigo” como leitmotiv para manejarse. El cuerpo técnico ha logrado impregnar en los jugadores lo de que la fuerza del grupo siempre es superior a la del individuo. Y lo ha hecho con la naturalidad y la sinceridad que transmite el seleccionador. En tiempos de extrema individualidad comprobar que el trabajo en equipo funciona es un zasca con la mano abierta para la sociedad.La lección a Argentina en la final trascendió el resultado. Habrá quien considere que el juego albiceleste es canchero, pero eso en el partido decisivo sólo transmitió una manera de disimular las carencias. Y a medida que la final avanzaba esa supuesta virtud se convirtió en un tsunami de gestos sancionables. Lo de las agresiones a la nueva campeona del mundo fue la coronación de la impotencia.La fiesta con España echada a la calle celebra una forma de ganar ejemplarizante sin hacer alarde de ello. Y si además Mikel Merino se pone a imitar el inconfundible baile de Donald Trump delante de las narices del presidente estadounidense… Adidas ya puede estar preparando millones de camisetas rojas y blancas con las dos estrellas para su venta a partir del 4 de agosto.
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