La tragedia de Adamuz sigue acaparando el mayor interés de la opinión pública, con una intensidad que solo tiene precedentes comparables en tragedias tan importantes como, por ejemplo, fueron el atentado del 11M, la Dana y la Covid. Cuestión diferente es la reacción política ante lo sucedido. Tras las 45 víctimas mortales, además de las heridas en Adamuz, el que se hayan producido inmediatamente otros accidentes y percances –incluso con una víctima mortal en Barcelona–, además de en Asturias, Galicia, Extremadura y Murcia, hace que el mantenimiento para garantizar la seguridad vial en los más de 15.000 km de la red nacional ferroviaria sea una inexcusable prioridad para todo gobierno. En especial para los 40 millones de pasajeros del pasado año que viajaron en alguno de los casi 1,9 millones de trenes que utilizaron dicha red. De momento, parece consolidarse la opinión de que el accidente de Adamuz tuvo su origen en un problema en la vía, descartando la posibilidad de su origen en un problema humano o en el IRYO. Es decir, centrado en un problema de mantenimiento de la red, cuya gestión corresponde a Adif, organismo radicado en el Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible, de Óscar Puente. Desde Bruselas, Sánchez dijo ayer que «la alta velocidad en España es un orgullo y una prioridad para su Gobierno, porque mejora la forma de movernos». Quizás habría que matizarle que sin duda era así, pero dejó de serlo desde su llegada al Gobierno. De momento, en España se ha sembrado un caos viario, y la preocupación y temor a su uso entre una parte de los usuarios; y a nivel internacional se ha aplazado «sine die» la firma del contrato del AVE entre Medina y La Meca, que Puente iba a firmar próximamente. Sánchez pide «lealtad a los partidos», lo que, ante la actuación de su PSOE el 11M y la Dana, sobran palabras. En cuanto al ministro Óscar Puente, basta remitirse a lo que dijo respecto a la presencia de Mazón en el «funeral de Estado» de la Dana, y preguntarle si él va a asistir al anunciado en Huelva para el 31 de enero. Y, por cierto, un funeral es una ceremonia fúnebre de naturaleza religiosa y, por tanto, hablar de «funeral de Estado» es una contradicción existencial, si no es religiosa. Y esta será una ceremonia laica, y la de la Covid ya reflejó lo que es. El obispo de Huelva ha anunciado un solemne funeral por las víctimas antes, en la Catedral, al igual que el obispo de Córdoba. La presidenta Ayuso ha pedido que también se celebre en la Almudena de Madrid, como capital de España.
Desde Bruselas, Sánchez dijo ayer que «la alta velocidad en España es un orgullo y una prioridad para su Gobierno, porque mejora la forma de movernos». Quizás habría que matizarle que sin duda era así, pero dejó de serlo desde su llegada al Gobierno
La tragedia de Adamuz sigue acaparando el mayor interés de la opinión pública, con una intensidad que solo tiene precedentes comparables en tragedias tan importantes como, por ejemplo, fueron el atentado del 11M, la Dana y la Covid. Cuestión diferente es la reacción política ante lo sucedido. Tras las 45 víctimas mortales, además de las heridas en Adamuz, el que se hayan producido inmediatamente otros accidentes y percances –incluso con una víctima mortal en Barcelona–, además de en Asturias, Galicia, Extremadura y Murcia, hace que el mantenimiento para garantizar la seguridad vial en los más de 15.000 km de la red nacional ferroviaria sea una inexcusable prioridad para todo gobierno. En especial para los 40 millones de pasajeros del pasado año que viajaron en alguno de los casi 1,9 millones de trenes que utilizaron dicha red. De momento, parece consolidarse la opinión de que el accidente de Adamuz tuvo su origen en un problema en la vía, descartando la posibilidad de su origen en un problema humano o en el IRYO. Es decir, centrado en un problema de mantenimiento de la red, cuya gestión corresponde a Adif, organismo radicado en el Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible, de Óscar Puente. Desde Bruselas, Sánchez dijo ayer que «la alta velocidad en España es un orgullo y una prioridad para su Gobierno, porque mejora la forma de movernos». Quizás habría que matizarle que sin duda era así, pero dejó de serlo desde su llegada al Gobierno. De momento, en España se ha sembrado un caos viario, y la preocupación y temor a su uso entre una parte de los usuarios; y a nivel internacional se ha aplazado «sine die» la firma del contrato del AVE entre Medina y La Meca, que Puente iba a firmar próximamente. Sánchez pide «lealtad a los partidos», lo que, ante la actuación de su PSOE el 11M y la Dana, sobran palabras. En cuanto al ministro Óscar Puente, basta remitirse a lo que dijo respecto a la presencia de Mazón en el «funeral de Estado» de la Dana, y preguntarle si él va a asistir al anunciado en Huelva para el 31 de enero. Y, por cierto, un funeral es una ceremonia fúnebre de naturaleza religiosa y, por tanto, hablar de «funeral de Estado» es una contradicción existencial, si no es religiosa. Y esta será una ceremonia laica, y la de la Covid ya reflejó lo que es. El obispo de Huelva ha anunciado un solemne funeral por las víctimas antes, en la Catedral, al igual que el obispo de Córdoba. La presidenta Ayuso ha pedido que también se celebre en la Almudena de Madrid, como capital de España.
