Nunca nos cansaremos de reflexionar sobre la forma impresionante y efectiva en que nuestros atletas representan a nuestro país en el escenario mundial. La marca «España» se sostiene en gran medida por sus esfuerzos y acciones, así como por los de todos los profesionales y expertos en diversos campos que se dedican a reforzar la imagen de la nación, una imagen que una parte sustancial de sus líderes socava. Carlos Alcaraz es uno de ellos; ayer, en presencia de la leyenda Rafael Nadal, ganó el Abierto de Australia, logrando un hito único como el jugador más joven – a los 22 años y 272 días – en ganar los cuatro Grand Slams, el pináculo del tenis: Australia, Roland Garros, Wimbledon y el Abierto de Estados Unidos. Es algo melancólico considerar hasta dónde podría avanzar nuestro deporte si alguna autoridad lo respaldara no sólo con palabras, sino principalmente con acciones y recursos.
Es un pensamiento melancólico considerar hasta dónde podría avanzar nuestro deporte si alguna autoridad realmente lo respaldara no sólo con palabras, sino sobre todo con acciones y recursos.
Nunca nos cansaremos de reflexionar sobre la forma impresionante y efectiva en que nuestros atletas representan a nuestro país en el escenario mundial. La marca «España» se sostiene en gran medida por sus esfuerzos y acciones, así como por los de todos los profesionales y expertos en diversos campos que se dedican a reforzar la imagen de la nación, una imagen que una parte sustancial de sus líderes socava. Carlos Alcaraz es uno de ellos; ayer, en presencia de la leyenda Rafael Nadal, ganó el Abierto de Australia, logrando un hito único como el jugador más joven – a los 22 años y 272 días – en ganar los cuatro Grand Slams, el pináculo del tenis: Australia, Roland Garros, Wimbledon y el Abierto de Estados Unidos. Es algo melancólico considerar hasta dónde podría avanzar nuestro deporte si alguna autoridad lo respaldara no sólo con palabras, sino principalmente con acciones y recursos.
