El ejército utiliza sistemas más baratos y accesibles para derribar proyectiles, con resultado desigual. Los expertos señalan la importancia de su uso eficiente y de destruir las lanzaderas
El pasado día 22, los informativos de Israel se llenaron de imágenes de heridos, ambulancias y casas sin muros. En apenas dos horas, dos misiles lanzados desde Irán habían impactado directamente en las localidades de Arad y Dimona, corazón además del programa armamentístico nuclear de Israel. Dejaron casi 200 heridos y la certeza de que el azar impidió una masacre, al no dar directamente en un edificio. En un país con alertas a móviles, sirenas antiaéreas y un sistema de defensa antimisiles con un 90% de efectividad -según el ejército-, el fracaso en interceptar dos misiles seguidos generó preocupación y, enseguida, preguntas sobre la capacidad de librar una “guerra de desgaste” con Irán, más larga y amplia que la de junio pasado, de 12 días. El ejército acabó reconociendo que no eran misiles especiales, sino que intentó derribarlos con una versión modificada de un sistema más barato y accesible (Honda de David), en vez del Arrow 3, originalmente diseñado para disparos como ese, desde 2.000 kilómetros.. Cada interceptor del sistema Arrow cuesta entre dos y tres millones de dólares (entre 1,7 millones y 3,4 millones de euros). De la Honda de David, un millón. Es un asunto sensible, porque afecta a un pacto no escrito de protección entre ejército y población, pero inevitable en esta y otras guerras. También marcado por los rumores: la censura militar israelí impide publicar detalles que considere útiles para el enemigo. Eyal Pinko es teniente coronel en la reserva del ejército israelí, jefe de programas de desarrollo e ingeniero sénior de sistemas de armas y misiles durante 12 años e investigador principal del Centro Begin-Sadat de Estudios Estratégicos de la Universidad de Bar Ilan. Alude a un mix de consideraciones económicas, logísticas y técnicas que permitan “seguir luchando durante mucho tiempo”. “Es importante tener suficientes interceptores y entender qué es crítico interceptar con un Arrow y qué es menos y puede ser interceptado con la Cúpula de Hierro”, ejemplifica por teléfono.. El sistema de defensa aérea israelí intercepta un misil iraní sobre la ciudad de Beer Sheva, este domingo.ATEF SAFADI (EFE). Hay una dimensión de ahorro, pero también de inventario. Israel entró en el conflicto actual con las reservas de Arrow tocadas de la anterior guerra, pese al intenso esfuerzo de su industria militar por reponerlas. Es una de las mejores municiones antimisiles del mundo e intercepta los proyectiles balísticos de largo alcance que salen de la atmósfera terrestre. Israel usa también una versión anterior, el Arrow 2, para los de medio y largo alcance.. Para los cohetes de corto alcance, como los de Hamás y Hezbolá, recurre a la Cúpula de Hierro, con interceptores mucho más baratos. Israel lo ha mejorado (igual que la Honda de David) para interceptar proyectiles de mayor alcance, como intentó en Arad y Dimona.. Distintas amenazas. Es su famoso sistema de defensa multicapas, integrado con el estadounidense y, por lo general, desarrollado conjuntamente. Una especie de cebolla en la que cada capa defiende de una amenaza distinta y recomienda qué interceptor emplear en cada caso, en función de la trayectoria que detectan los sensores.. El portavoz del ejército para medios en español, Roni Kaplan, señala que los recientes fallos de intercepción no responden a cambios operativos, sino “simplemente a un tema de estadística”. Su índice de éxito no ha variado y sigue “alrededor de 90%”, añade.. Para “saturarlo”, como se denomina en la jerga, Irán optó en la anterior guerra por ataques combinados, con salvas al mismo tiempo de drones y misiles de crucero y balísticos.. En esta ocasión, con menos capacidades y sin un mando unificado, ha cambiado de estrategia, explica Pinko. Su plan es mantener un flujo —menor pero constante— de proyectiles, no solo contra Israel, sino también contra los países árabes del Golfo y las bases de EE UU. El mayor tiempo posible y con exhibiciones de músculo puntuales, caso de tandas consecutivas o de su mayor salva en semanas, este miércoles, al comenzar la Pascua judía.. Ahí entra lo que Tal Inbar —experto con casi 30 años de experiencia en los programas israelíes de misiles, drones y espaciales— llama la “gran pregunta”: cuántos interceptores le quedan de nivel superior, como el Arrow 3. “Nadie te dará la cifra porque no es una información que Irán deba tener”, ironiza en una entrevista por videollamada.. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, visita una unidad de Arrow en una base de la fuerza aérea, en junio de 2025.DPA vía Europa Press (DPA vía Europa Press). A mediados de mes, el medio Semafor informó de que Israel había comunicado a EE UU reservas “críticamente bajas”. El Gobierno de Benjamín Netanyahu se apresuró a desmentirlo, algo que, por otro lado, haría cualquier país en guerra, sea o no cierto.. Inbar subraya la importancia de usar racionalmente los sistemas: “Cuando se tiene un número finito de interceptores, hay que ser muy calculador sobre qué y cuántos se van a usar. Cuanto más dure la guerra, más misiles intentará lanzar Irán contra Israel y más difícil será para la defensa”. En Israel, agrega, “todas las fábricas están trabajando sin vacaciones” para construir misiles defensivos, pero “el proceso es largo” aunque se le dediquen fondos.. Inbar ve el problema (que afrontan también los países del Golfo) íntimamente relacionado con la otra parte de la ecuación: las capacidades de Irán. “Aún tiene muchos misiles, pero Israel y Estados Unidos están atacando los depósitos, las lanzaderas y las instalaciones de producción”, recuerda. Lo define como una acción ofensiva desde una “lógica también defensiva”, porque “cada misil que pueda eliminar en Irán es uno menos que interceptar sobre Israel”, rebajando la presión sobre el sistema multicapas.. Israel ataca a diario lanzaderas. Justo antes o inmediatamente después de cada ataque. Teherán “entiende que hay una alta probabilidad de que sea destruida, por lo que está siendo mucho más cauto” a la hora de exponerlas, señala Pinko.. Calcula que empezó la guerra con 450: 250 que le quedaban de la anterior y otras 200 que construyó contra reloj desde entonces. Los portavoces militares israelíes insisten en haber “neutralizado” (destruido o dejado inactivas) ya la mayoría, pero aún quedan cerca de 200. Es decir, suficientes para mantener el pulso y —pese a su evidente inferioridad militar— alterar la vida de la población israelí, obligándole a buscar refugio a diario, manteniendo los colegios cerrados (las autoridades planearon reabrirlos, pero dieron marcha atrás tras impactos como los de Dimona y Arad) y dejando casi desierto el principal aeropuerto. Las aerolíneas nacionales han acabado desviando vuelos a otros en localidades fronterizas en Egipto y Jordania.. Bombas de racimo. Su gran baza en esta guerra son los misiles con bombas de racimo. Usarlos en zonas civiles (al que Israel también ha recurrido en Gaza y Líbano) es ilegal, porque son indiscriminados por naturaleza y pueden acabar sembrando de minas la zona. La ojiva está diseñada para abrirse a unos siete kilómetros del suelo, dispersando bombas más pequeñas en un radio de hasta ocho kilómetros.. Aunque son la causa de un tercio de los 16 muertos en Israel en este mes de conflicto, las Fuerzas Armadas no están intentando derribar cada una de estas pequeñas bombas de racimo. La idea es no gastar interceptores para una munición equivalente a los cohetes de corto alcance de Hezbolá y las milicias de Gaza. “No siempre es inteligente interceptar cada bomba . No es tan urgente intentarlo con todas y cada una”, resume Inbar.. Un misil iraní con bombas de racimo, sobre Tel Aviv, el pasado día 24.Ronen Zvulun (REUTERS). Un misil balístico típico lleva una ojiva de entre media y una tonelada, mientras que la carga explosiva de estas minibombas es relativamente pequeña: hasta siete kilos. Israel asume que rara vez causarán víctimas si la población cumple las instrucciones del mando militar cuando recibe una alerta (ir al refugio o, en su defecto, a las habitaciones reforzadas) porque las bombas de ese calibre difícilmente las penetran.. El problema es que no todo el mundo las sigue ni tiene idéntico acceso a protección. Hay una jerarquía en la práctica, con el corazón económico del país y los edificios de las clases altas mejor dotados que la periferia y los barrios humildes. Los refugios son casi inexistentes en las localidades árabes, estructuralmente discriminadas respecto a las judías.. A esto se suma la diferencia socioeconómica entre trabajos al aire libre (caso de la construcción o la agricultura) o en edificios modernos con refugios, que ha vuelto a quedar patente.. La semana pasada, una bomba de fragmentación mató a un migrante tailandés en una plantación. Llevaba solo 10 meses en Israel. Tres semanas antes, otra mató a dos obreros israelíes de la construcción, en la obra en la que trabajaban en Yehud. La estructura metálica hundida por el proyectil abrió el debate de si no buscaron refugio por desinterés suyo o del contratista. Este sábado, un guarda de seguridad murió por el mismo tipo de munición ya acabado su turno. Según testimonios de allegados, esperaba a un amigo porque no podía costearse el viaje a de vuelta a casa. Y en Cisjordania (sin refugios, ni sirenas) otra bomba de racimo mató a cuatro palestinas en un precario salón de belleza.
El pasado día 22, los informativos de Israel se llenaron de imágenes de heridos, ambulancias y casas sin muros. En apenas dos horas, dos misiles lanzados desde Irán habían impactado directamente en las localidades de Arad y Dimona, corazón además del programa armamentístico nuclear de Israel. Dejaron casi 200 heridos y la certeza de que el azar impidió una masacre, al no dar directamente en un edificio. En un país con alertas a móviles, sirenas antiaéreas y un sistema de defensa antimisiles con un 90% de efectividad -según el ejército-, el fracaso en interceptar dos misiles seguidos generó preocupación y, enseguida, preguntas sobre la capacidad de librar una “guerra de desgaste” con Irán, más larga y amplia que la de junio pasado, de 12 días. El ejército acabó reconociendo que no eran misiles especiales, sino que intentó derribarlos con una versión modificada de un sistema más barato y accesible (Honda de David), en vez del Arrow 3, originalmente diseñado para disparos como ese, desde 2.000 kilómetros.. Seguir leyendo
