Como algunos partidos del Mundial se están celebrando en México y muchos futbolistas conocen el español, en las conferencias de prensa oficiales se está repitiendo la misma historia. Cuando se pregunta o se va a contestar en español, la FIFA lo prohíbe. Eso ha provocado estupefacción, enfado y preguntas como la de Josep Pedrerol.. La pregunta de los primeros días del Mundial. El presentador de El Chiringuito lo formuló con toda la claridad del mundo: «¿Por qué prohíben preguntar en español en las ruedas de prensa del Mundial si estamos en Estados Unidos y México? La pregunta tiene peso porque futbolistas como Achraf o De Jong, que dominan el castellano, se han visto obligados a contestar en otro idioma cuando un periodista les interpelaba en español. La escena resulta difícil de entender para cualquiera que siga el torneo desde una ciudad donde el español resuena en cada esquina.. La FIFA, sin embargo, rechaza que exista una prohibición formal del idioma. El organismo no reconoce ninguna instrucción escrita que vete el castellano en sus actos oficiales, aunque en la práctica el resultado es el que es, y los periodistas hispanohablantes lo están viviendo en primera persona. Entre la norma sobre el papel y lo que ocurre en la sala de prensa hay una distancia que el propio sistema de traducción genera de forma casi automática.. Las reglas para los idiomas de los partidos. El mecanismo funciona así: en cada partido, la FIFA determina los idiomas disponibles para traducción simultánea a partir de las selecciones que se miden en él. A eso se suma el inglés, que es el idioma oficial de la FIFA y tiene presencia garantizada en todas las ruedas de prensa del torneo. Si ninguno de los dos equipos tiene el español como lengua oficial de su federación, la traducción al castellano queda fuera del protocolo, con independencia de que el estadio esté en Guadalajara o en Dallas.. Eso explica situaciones que sobre el papel chirrían. Un jugador marroquí o neerlandés puede desenvolverse perfectamente en español, pero si su selección no tiene el castellano como idioma oficial, la rueda de prensa oficial no contempla esa traducción. El sistema es mecánico y no distingue entre la lengua que habla el futbolista y la lengua que representa a su federación.. Hay espacios donde las normas se relajan. En las zonas mixtas, esos corredores donde los jugadores cruzan palabras con la prensa tras el partido sin micrófono oficial ni traducción simultánea, cada periodista puede preguntar en el idioma que quiera y cada futbolista puede responder en el que prefiera. Ahí el castellano circula con libertad porque la FIFA no controla ese tráfico. Lo mismo sucede con las ruedas de prensa organizadas por cada federación al margen del protocolo oficial del torneo, donde cada selección establece sus propias reglas y el idioma lo decide la propia federación.. Región de hispanohablantes. El problema de fondo es que el volumen de hispanohablantes en ciudades como Los Ángeles, Miami o la propia Ciudad de México no tiene traducción directa en el reglamento de idiomas de la FIFA. La masa de público que sigue el Mundial en español, que es enorme, no modifica automáticamente un protocolo diseñado sobre criterios institucionales y no demográficos. La FIFA legisla por federaciones, y las federaciones tienen sus idiomas oficiales, que no siempre coinciden con los idiomas que hablan sus futbolistas ni con los que habla la grada.. Lo que queda en el aire es si ese protocolo tiene sentido en un torneo donde el español es la lengua materna de millones de aficionados presentes en los estadios y donde buena parte de los jugadores más mediáticos del mundo se expresan con fluidez en castellano. Pedrerol puso el dedo en esa llaga y la respuesta de la FIFA, que técnicamente niega la prohibición mientras el sistema la produce igual, no ha cerrado el debate, que seguirá coleando mientras un futbolista tenga que cambiar de idioma en una rueda de prensa celebrada a tres kilómetros de la frontera con México.
Como algunos partidos del Mundial se están celebrando en México y muchos futbolistas conocen el español, en las conferencias de prensa oficiales se está repitiendo la misma historia. Cuando se pregunta o se va a contestar en español, la FIFA lo prohíbe. Eso ha provocado estupefacción, enfado y preguntas como la de Josep Pedrerol.. La pregunta de los primeros días del Mundial. El presentador de El Chiringuito lo formuló con toda la claridad del mundo: «¿Por qué prohíben preguntar en español en las ruedas de prensa del Mundial si estamos en Estados Unidos y México? La pregunta tiene peso porque futbolistas como Achraf o De Jong, que dominan el castellano, se han visto obligados a contestar en otro idioma cuando un periodista les interpelaba en español. La escena resulta difícil de entender para cualquiera que siga el torneo desde una ciudad donde el español resuena en cada esquina.. La FIFA, sin embargo, rechaza que exista una prohibición formal del idioma. El organismo no reconoce ninguna instrucción escrita que vete el castellano en sus actos oficiales, aunque en la práctica el resultado es el que es, y los periodistas hispanohablantes lo están viviendo en primera persona. Entre la norma sobre el papel y lo que ocurre en la sala de prensa hay una distancia que el propio sistema de traducción genera de forma casi automática.. Las reglas para los idiomas de los partidos. El mecanismo funciona así: en cada partido, la FIFA determina los idiomas disponibles para traducción simultánea a partir de las selecciones que se miden en él. A eso se suma el inglés, que es el idioma oficial de la FIFA y tiene presencia garantizada en todas las ruedas de prensa del torneo. Si ninguno de los dos equipos tiene el español como lengua oficial de su federación, la traducción al castellano queda fuera del protocolo, con independencia de que el estadio esté en Guadalajara o en Dallas.. Eso explica situaciones que sobre el papel chirrían. Un jugador marroquí o neerlandés puede desenvolverse perfectamente en español, pero si su selección no tiene el castellano como idioma oficial, la rueda de prensa oficial no contempla esa traducción. El sistema es mecánico y no distingue entre la lengua que habla el futbolista y la lengua que representa a su federación.. Hay espacios donde las normas se relajan. En las zonas mixtas, esos corredores donde los jugadores cruzan palabras con la prensa tras el partido sin micrófono oficial ni traducción simultánea, cada periodista puede preguntar en el idioma que quiera y cada futbolista puede responder en el que prefiera. Ahí el castellano circula con libertad porque la FIFA no controla ese tráfico. Lo mismo sucede con las ruedas de prensa organizadas por cada federación al margen del protocolo oficial del torneo, donde cada selección establece sus propias reglas y el idioma lo decide la propia federación.. Región de hispanohablantes. El problema de fondo es que el volumen de hispanohablantes en ciudades como Los Ángeles, Miami o la propia Ciudad de México no tiene traducción directa en el reglamento de idiomas de la FIFA. La masa de público que sigue el Mundial en español, que es enorme, no modifica automáticamente un protocolo diseñado sobre criterios institucionales y no demográficos. La FIFA legisla por federaciones, y las federaciones tienen sus idiomas oficiales, que no siempre coinciden con los idiomas que hablan sus futbolistas ni con los que habla la grada.. Lo que queda en el aire es si ese protocolo tiene sentido en un torneo donde el español es la lengua materna de millones de aficionados presentes en los estadios y donde buena parte de los jugadores más mediáticos del mundo se expresan con fluidez en castellano. Pedrerol puso el dedo en esa llaga y la respuesta de la FIFA, que técnicamente niega la prohibición mientras el sistema la produce igual, no ha cerrado el debate, que seguirá coleando mientras un futbolista tenga que cambiar de idioma en una rueda de prensa celebrada a tres kilómetros de la frontera con México.
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