La intensa jornada de ayer 14 de julio mantuvo a millones de españoles pendientes de la disputa por el pase a la final del Mundial ‘26, entre España y Francia. «Casualmente» en el día de la Fiesta Nacional Francesa. Este evento no dejó suficiente margen para comentar algunas informaciones de una relevancia indiscutible, tanto a nivel nacional como social. Una de ellas se materializó en el Congreso de los Diputados poco antes del comienzo de dicho partido, hora peninsular española. Fue el rechazo de sendas enmiendas de totalidad presentadas por el PP y Vox a la primera Proposición de ley presentada por Sumar en esta legislatura, en 2023. Su objetivo es modificar el Código Penal para eliminar diversos delitos denominados como «de opinión», liberalizando «las injurias a la Corona, a los sentimientos religiosos y a los símbolos nacionales». Conviene al respecto recordar que ese Código Penal data de 1995, cuando gobernaba no la «ultraderecha», sino el PSOE de Felipe González. Todos los socios de la «plurinacional coalición progresista y sanchista» votaron en contra, lo que es un hecho muy significativo acerca de la identidad «antiespañola» que caracteriza al sanchismo. Unir en un texto común el conceder plena libertad para injuriar y ofender a la Jefatura del Estado, a los sentimientos de los católicos y a los símbolos nacionales, es propio de quienes odian o desprecian a España. El diputado socialista interviniente la defendió alegando que se trata de «fortalecer la libertad de expresión». Por su parte, la diputada popular Cayetana Álvarez de Toledo, en una más de sus espléndidas intervenciones, afirmó que «España tiene algo insólito en una democracia: un Gobierno contra el Estado». «Dándoles más facilidades a quienes lo atacan, y quitándoselas al Estado para defenderse». Ciertamente, es una clara y rotunda definición del objeto de dicha iniciativa legislativa que a su vez identifica perfectamente a sus promotores. Que conforman el actual Frente Popular, que en la historia de España es el siguiente al que hasta ahora era el único: el trágico de 1936. Los actuales «frentes populistas» promueven atacar impunemente lo que define la identidad histórica y nacional de España, que está indisolublemente unida a la defensa del cristianismo. Como lo han reconocido ilustres historiadores –creyentes y no creyentes– como el republicano Claudio Sánchez Albornoz o Menéndez Pidal, entre otros. El líder de los bilduetarras Otegi, así como los secesionistas indultados, amnistiados y no arrepentidos, creerán estar de enhorabuena. Como los «progresistas» comunistas y republicanos, felices de poder injuriar libremente al Rey y Jefe del Estado, así como a los millones de católicos españoles y a la Bandera e Himno Nacional. Por cierto, estos días serán muy «duros» para ellos…
Los actuales «frentes populistas» promueven atacar impunemente lo que define la identidad histórica y nacional de España, que está indisolublemente unida a la defensa del cristianismo
La intensa jornada de ayer 14 de julio mantuvo a millones de españoles pendientes de la disputa por el pase a la final del Mundial ‘26, entre España y Francia. «Casualmente» en el día de la Fiesta Nacional Francesa. Este evento no dejó suficiente margen para comentar algunas informaciones de una relevancia indiscutible, tanto a nivel nacional como social. Una de ellas se materializó en el Congreso de los Diputados poco antes del comienzo de dicho partido, hora peninsular española. Fue el rechazo de sendas enmiendas de totalidad presentadas por el PP y Vox a la primera Proposición de ley presentada por Sumar en esta legislatura, en 2023. Su objetivo es modificar el Código Penal para eliminar diversos delitos denominados como «de opinión», liberalizando «las injurias a la Corona, a los sentimientos religiosos y a los símbolos nacionales». Conviene al respecto recordar que ese Código Penal data de 1995, cuando gobernaba no la «ultraderecha», sino el PSOE de Felipe González. Todos los socios de la «plurinacional coalición progresista y sanchista» votaron en contra, lo que es un hecho muy significativo acerca de la identidad «antiespañola» que caracteriza al sanchismo. Unir en un texto común el conceder plena libertad para injuriar y ofender a la Jefatura del Estado, a los sentimientos de los católicos y a los símbolos nacionales, es propio de quienes odian o desprecian a España. El diputado socialista interviniente la defendió alegando que se trata de «fortalecer la libertad de expresión». Por su parte, la diputada popular Cayetana Álvarez de Toledo, en una más de sus espléndidas intervenciones, afirmó que «España tiene algo insólito en una democracia: un Gobierno contra el Estado». «Dándoles más facilidades a quienes lo atacan, y quitándoselas al Estado para defenderse». Ciertamente, es una clara y rotunda definición del objeto de dicha iniciativa legislativa que a su vez identifica perfectamente a sus promotores. Que conforman el actual Frente Popular, que en la historia de España es el siguiente al que hasta ahora era el único: el trágico de 1936. Los actuales «frentes populistas» promueven atacar impunemente lo que define la identidad histórica y nacional de España, que está indisolublemente unida a la defensa del cristianismo. Como lo han reconocido ilustres historiadores –creyentes y no creyentes– como el republicano Claudio Sánchez Albornoz o Menéndez Pidal, entre otros. El líder de los bilduetarras Otegi, así como los secesionistas indultados, amnistiados y no arrepentidos, creerán estar de enhorabuena. Como los «progresistas» comunistas y republicanos, felices de poder injuriar libremente al Rey y Jefe del Estado, así como a los millones de católicos españoles y a la Bandera e Himno Nacional. Por cierto, estos días serán muy «duros» para ellos…
