Me gusta recordar que el movimiento sanchista siempre es capaz de asombrarnos. Por supuesto, en sentido negativo. España ha vivido una tragedia ferroviaria que hubiera podido ser evitada. Ahora ya sabemos que ha sido provocada por culpa de no haber dedicado recursos suficientes al mantenimiento de la red ferroviaria. Esto sucede en el marco de una disparatada situación de prórrogas presupuestarias provocadas por la incapacidad de Sánchez de conseguir una mayoría de gobierno en el Congreso de los Diputados. A pesar de ello, no tiene problemas en endeudarnos en más de 70.000 millones cada año o en hacer una regularización masiva que comporta un efecto llamada que será aprovechado por las redes mafiosas. Y, sobre todo, es una consecuencia de sus intereses partidistas. Cuando le conviene, hace juegos propios de un trilero para gastar y despilfarrar. Ahora sabemos que el mantenimiento de las infraestructuras no era una prioridad para el Gobierno socialista comunista. Lo sucedido durante el funeral por las víctimas, tras anular la chorrada del acto de Estado o como quiera que se llame, ni me molestaré en buscar su termino oficial, ha sido vergonzoso. Montero y el resto de los ministros entraron, dicho irónicamente, en el último minuto y por la puerta de servicio para pasar desapercibidos. Por supuesto, los grandes ausentes fueron Sánchez y el inútil de Puente. Tras escuchar el malestar de las familias, algo lógico sabiendo que era un accidente que sucedió por culpa de la incompetencia del ministro y su equipo, ha anunciado que seguirá trabajando para ofrecerles respuestas. No es necesario, porque ya está en ello la Justicia que es más eficaz y creíble. No creo que sea relevante escuchar las excusas o interpretaciones ni del presidente del Gobierno ni del bocazas del picapleitos vallisoletano. En este sentido, tras escuchar a este último afirmar que lo ha hecho muy bien creo que esta muestra de soberbia infinita nos ofrece la auténtica medida del personaje. Por lo visto, considera que pasearse por los medios de comunicación, incluidas las entrevistas balsámicas de los activistas sanchistas, permite alardear de su eficacia. Es la reacción previsible en alguien carente de ética y moral que está encantado de haberse conocido. Y es, además, un cobarde que no se atrevió a dar el pésame a las familias.. Francisco Marhuenda. De la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España. Catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE)
«Está encantado de haberse conocido. Y es, además, un cobarde que no se atrevió a dar el pésame a las familias»
Me gusta recordar que el movimiento sanchista siempre es capaz de asombrarnos. Por supuesto, en sentido negativo. España ha vivido una tragedia ferroviaria que hubiera podido ser evitada. Ahora ya sabemos que ha sido provocada por culpa de no haber dedicado recursos suficientes al mantenimiento de la red ferroviaria. Esto sucede en el marco de una disparatada situación de prórrogas presupuestarias provocadas por la incapacidad de Sánchez de conseguir una mayoría de gobierno en el Congreso de los Diputados. A pesar de ello, no tiene problemas en endeudarnos en más de 70.000 millones cada año o en hacer una regularización masiva que comporta un efecto llamada que será aprovechado por las redes mafiosas. Y, sobre todo, es una consecuencia de sus intereses partidistas. Cuando le conviene, hace juegos propios de un trilero para gastar y despilfarrar. Ahora sabemos que el mantenimiento de las infraestructuras no era una prioridad para el Gobierno socialista comunista. Lo sucedido durante el funeral por las víctimas, tras anular la chorrada del acto de Estado o como quiera que se llame, ni me molestaré en buscar su termino oficial, ha sido vergonzoso. Montero y el resto de los ministros entraron, dicho irónicamente, en el último minuto y por la puerta de servicio para pasar desapercibidos. Por supuesto, los grandes ausentes fueron Sánchez y el inútil de Puente. Tras escuchar el malestar de las familias, algo lógico sabiendo que era un accidente que sucedió por culpa de la incompetencia del ministro y su equipo, ha anunciado que seguirá trabajando para ofrecerles respuestas. No es necesario, porque ya está en ello la Justicia que es más eficaz y creíble. No creo que sea relevante escuchar las excusas o interpretaciones ni del presidente del Gobierno ni del bocazas del picapleitos vallisoletano. En este sentido, tras escuchar a este último afirmar que lo ha hecho muy bien creo que esta muestra de soberbia infinita nos ofrece la auténtica medida del personaje. Por lo visto, considera que pasearse por los medios de comunicación, incluidas las entrevistas balsámicas de los activistas sanchistas, permite alardear de su eficacia. Es la reacción previsible en alguien carente de ética y moral que está encantado de haberse conocido. Y es, además, un cobarde que no se atrevió a dar el pésame a las familias.. Francisco Marhuenda. De la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España. Catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE)
