La presidenta de la Comunidad de Madrid trata de aislarse del enorme revuelo mediático que la acompaña a diario. Esa burbuja se rompe cuando le cuentan lo que se dice de ella y su pareja en los programas de Jesús Cintora y Javier Ruiz, en RTVE. O cuando le resumen los pasajes más polémicos de una biografía suya que ha escrito David Fernández en la que no sale muy bien parada. En Sol piensan que la retratan de forma grotesca para acabar con ella y crear un clima de opinión en su contra. “Tratan de matarla civilmente”, cuentan. De fondo, una misma idea que trasladan: una operación de Estado que la presidenta denuncia en público, pero que también sostiene en privado, con los suyos. No es solo discurso, se trata de una convicción profunda.Seguir leyendo
La presidenta de la Comunidad de Madrid trata de aislarse del enorme revuelo mediático que la acompaña a diario. Esa burbuja se rompe cuando le cuentan lo que se dice de ella y su pareja en los programas de Jesús Cintora y Javier Ruiz, en RTVE. O cuando le resumen los pasajes más polémicos de una biografía suya que ha escrito David Fernández en la que no sale muy bien parada. En Sol piensan que la retratan de forma grotesca para acabar con ella y crear un clima de opinión en su contra. “Tratan de matarla civilmente”, cuentan. De fondo, una misma idea que trasladan: una operación de Estado que la presidenta denuncia en público, pero que también sostiene en privado, con los suyos. No es solo discurso, se trata de una convicción profunda.Eso la motivó el jueves a plantarse en el programa de Ana Rosa Quintana, la periodista a la que acude cuando quiere decir algo contundente, y protagonizar un momento con tintes melodramáticos que sorprendió a la gente presente en el plató. En medio de la entrevista, la presidenta de Madrid miró directamente a cámara y, después de pronunciar su nombre, llamó sinvergüenza a Pedro Sánchez. Pareció uno de esos momentos en los que un actor rompe la cuarta pared. Ana Rosa, al acabar, le dijo que el reloj que llevaba en la muñeca y registra el ritmo de sus pulsaciones debía estar a punto de reventar. “Estoy tranquila”, respondió delante de los tertulianos de la mesa de debate. Después tomó un café en las instalaciones, según varios testigos.La guerra contra La Moncloa ahora es total. Y de la retórica se ha pasado a hablar de hechos. Ayuso lleva años refiriéndose a la corrupción que rodeaba a Sánchez de una forma general, pero ahora se han concretado casos que le dan forma a la acusación. El exministro José Luis Ábalos ha quedado retratado como un misógino y ahora lo han condenado a 24 años de cárcel. El expresidente José Luis Rodríguez Zapatero ha sido imputado. Avanzan las investigaciones contra Begoña Gómez, la esposa de Sánchez, aunque en el mundo judicial muchos tengan reparos con la solidez de este caso. Todo eso sumado debería poner su batalla personal con el presidente del Gobierno a su favor, pero el PSOE la ataca por los negocios de Alberto González Amador, su pareja, del que se ha sabido que cobró más de cuatro millones de euros en al menos tres años del Grupo Quirón, uno de los principales contratistas del Gobierno que preside. Y Amador, más pronto que tarde, será juzgado por evasión fiscal, mientras se desarrolla, en paralelo, otra investigación por un presunto soborno de 500.000 euros a un alto cargo de la empresa hospitalaria.En la oposición, PSOE y Más Madrid, se preguntan si Amador se sentará en el banquillo antes de las elecciones autonómicas de 2027, lo que podría suponer un desgaste para la imagen de Ayuso. La izquierda elucubra con este escenario y a veces hasta se pone conspiranoica y piensa que la justicia lo dejará para después po
La presidenta de la Comunidad de Madrid ataca como nunca antes a Pedro Sánchez por ligar a su hermano y a su pareja con casos de corrupción
