La esperada adaptación cinematográfica de Prime Video deja un buen sabor de boca sin reinventar el género romántico tras un arranque brillante que acaba diluyéndose
Como bien dice el refranero popular, no se debe juzgar un libro por su portada, una máxima que encaja a la perfección con los primeros minutos de ‘La hipótesis del amor’. La nueva adaptación de Prime Video arranca con una fuerza indiscutible, envuelta en un halo de misterio e intriga; sin embargo, ese impacto se diluye rápidamente. Es ahí donde la película nos devuelve a la realidad: estamos ante una comedia romántica previsible que, si bien arranca una sonrisa en más de una escena, no pasa de ser un entretenimiento ligero.. El largometraje se basa en la novela superventas de la escritora y profesora de neurociencias italiana Ali Hazelwood. Sí, una científica que ha conseguido destacar entre tantos otros autores gracias a la construcción de personajes femeninos centrados en disciplinas académicas como la ciencia, un enfoque fresco dentro del género que hace que la propuesta sea bastante prometedora.. En este caso, la historia nos presenta a Olive, una brillante candidata a doctorado centrada en su carrera investigadora que trabaja en el desarrollo de herramientas de detección no invasivas y asequibles para el cáncer de páncreas mediante biomarcadores sanguíneos. Sin embargo, su mejor amiga Anh se enamora de su amor platónico, Jeremy. Buscando el bien de su amiga, la protagonista besa al primer hombre con el que se topa en la Universidad de Stanford para convencerla de que ya ha pasado página y tiene novio, dándole así vía libre para salir con Jeremy.. Ese individuo no es otro que el intimidante profesor Adam Carlsen, al que los estudiantes apodan Mr. Evil (Doctor Maligno en su doblaje al español), y lo que comienza como un acto desesperado de amistad se convierte en una relación fingida con reglas, límites y un acuerdo mutuamente beneficioso. Cuando su arreglo empieza a desdibujar la línea entre la actuación y la realidad, Olive se ve obligada a poner a prueba su hipótesis más arriesgada hasta el momento: que el amor podría valer la pena el riesgo. Por ende, la cinta juega con el clásico interrogante de si, tras esta farsa inicial, terminarán enamorándose de verdad.. Al frente de la dirección se encuentra Claire Scanlon, que aplica sus conocimientos en el género romántico y la agilidad narrativa que le valió un Emmy por su trabajo de edición en una sitcom como ‘The Office’. Esta huella es evidente en el ritmo de los diálogos, la química entre los personajes en los laboratorios del campus universitario y la convivencia entre compañeros de piso. La cineasta sabe cómo deleitar a los seguidores de la novela sin dejar pasar por alto el enfoque científico de Hazelwood, pero en su justa medida para no abrumar al espectador con demasiada jerga. Sin embargo, no hay cabida para varias escenas importantes que alejan a la producción de convertirse en una adaptación fiel.. El motor de la película es, sin duda, la complicidad entre su pareja protagonista, teniendo en cuenta que interpretar un falso romance exige un doble tirabuzón actoral. Por un lado debe existir una química palpable para el espectador, pero al mismo tiempo los personajes deben proyectar la torpeza de quien intenta disimular lo que siente. Lili Reinhart, sobradamente conocida por su papel de Betty Cooper en ‘Riverdale’, y Tom Bateman logran bordar esta dinámica. La relación entre Olive y Adam arranca con esa incomodidad lógica de la mentira, pero evoluciona con una naturalidad orgánica que sostiene todo el largometraje.. Esta buena sintonía alcanza su punto álgido en la única escena de sexo de la película, un momento crucial y sumamente esperado por los lectores del libro, que se integra con coherencia en la construcción de los personajes y que es suficiente. La secuencia otorga al espectador exactamente lo que pide desde el minuto uno y no escatima en detalles, sirviendo como el clímax perfecto.. En definitiva, ‘La hipótesis del amor’ resulta una propuesta llamativa por su curiosa premisa, pero al rasgar la superficie no deja de ser una comedia romántica convencional que se apoya en las fórmulas de siempre. No es una obra que vaya a pasar a los anales de la historia del cine ni a revolucionar el género, pero cumple con creces como película dentro del género ofreciendo al público general un relato simpático, ágil y tremendamente entretenido, ideal para disfrutar sin grandes pretensiones en una tarde de domingo.
Como bien dice el refranero popular, no se debe juzgar un libro por su portada, una máxima que encaja a la perfección con los primeros minutos de ‘La hipótesis del amor’. La nueva adaptación de Prime Video arranca con una fuerza indiscutible, envuelta en un halo de misterio e intriga; sin embargo, ese impacto se diluye rápidamente. Es ahí donde la película nos devuelve a la realidad: estamos ante una comedia romántica previsible que, si bien arranca una sonrisa en más de una escena, no pasa de ser un entretenimiento ligero.. El largometraje se basa en la novela superventas de la escritora y profesora de neurociencias italiana Ali Hazelwood. Sí, una científica que ha conseguido destacar entre tantos otros autores gracias a la construcción de personajes femeninos centrados en disciplinas académicas como la ciencia, un enfoque fresco dentro del género que hace que la propuesta sea bastante prometedora.. En este caso, la historia nos presenta a Olive, una brillante candidata a doctorado centrada en su carrera investigadora que trabaja en el desarrollo de herramientas de detección no invasivas y asequibles para el cáncer de páncreas mediante biomarcadores sanguíneos. Sin embargo, su mejor amiga Anh se enamora de su amor platónico, Jeremy. Buscando el bien de su amiga, la protagonista besa al primer hombre con el que se topa en la Universidad de Stanford para convencerla de que ya ha pasado página y tiene novio, dándole así vía libre para salir con Jeremy.. Ese individuo no es otro que el intimidante profesor Adam Carlsen, al que los estudiantes apodan Mr. Evil (Doctor Maligno en su doblaje al español), y lo que comienza como un acto desesperado de amistad se convierte en una relación fingida con reglas, límites y un acuerdo mutuamente beneficioso. Cuando su arreglo empieza a desdibujar la línea entre la actuación y la realidad, Olive se ve obligada a poner a prueba su hipótesis más arriesgada hasta el momento: que el amor podría valer la pena el riesgo. Por ende, la cinta juega con el clásico interrogante de si, tras esta farsa inicial, terminarán enamorándose de verdad.. Al frente de la dirección se encuentra Claire Scanlon, que aplica sus conocimientos en el género romántico y la agilidad narrativa que le valió un Emmy por su trabajo de edición en una sitcom como ‘The Office’. Esta huella es evidente en el ritmo de los diálogos, la química entre los personajes en los laboratorios del campus universitario y la convivencia entre compañeros de piso. La cineasta sabe cómo deleitar a los seguidores de la novela sin dejar pasar por alto el enfoque científico de Hazelwood, pero en su justa medida para no abrumar al espectador con demasiada jerga. Sin embargo, no hay cabida para varias escenas importantes que alejan a la producción de convertirse en una adaptación fiel.. El motor de la película es, sin duda, la complicidad entre su pareja protagonista, teniendo en cuenta que interpretar un falso romance exige un doble tirabuzón actoral. Por un lado debe existir una química palpable para el espectador, pero al mismo tiempo los personajes deben proyectar la torpeza de quien intenta disimular lo que siente. Lili Reinhart, sobradamente conocida por su papel de Betty Cooper en ‘Riverdale’, y Tom Bateman logran bordar esta dinámica. La relación entre Olive y Adam arranca con esa incomodidad lógica de la mentira, pero evoluciona con una naturalidad orgánica que sostiene todo el largometraje.. Esta buena sintonía alcanza su punto álgido en la única escena de sexo de la película, un momento crucial y sumamente esperado por los lectores del libro, que se integra con coherencia en la construcción de los personajes y que es suficiente. La secuencia otorga al espectador exactamente lo que pide desde el minuto uno y no escatima en detalles, sirviendo como el clímax perfecto.. En definitiva, ‘La hipótesis del amor’ resulta una propuesta llamativa por su curiosa premisa, pero al rasgar la superficie no deja de ser una comedia romántica convencional que se apoya en las fórmulas de siempre. No es una obra que vaya a pasar a los anales de la historia del cine ni a revolucionar el género, pero cumple con creces como película dentro del género ofreciendo al público general un relato simpático, ágil y tremendamente entretenido, ideal para disfrutar sin grandes pretensiones en una tarde de domingo.
