El incendio “más grande y más complejo” de los 20 años de experiencia de un bombero empieza a desinflarse. También el más extenso de la historia de España: 50.000 hectáreas, con un “de momento” doble. De momento porque el sur de Ávila aún humea y brotan súbitas llamaradas allí donde se preveía la paz; de momento porque no llueven más que malos augurios sobre un verano donde se otean olas y olas de calor. Los brigadistas han chocado con un fuego anárquico, con vendavales cambiándolo de dirección, cabalgando sobre sierras y bosques secos, atiborrándose de combustible vegetal no gestionado, desbordando la capacidad de extinción humana. “Parece que se ha dormido el monstruo”, sintetiza otro brigadista, exhausto, tras cinco días de persecución con la bestia yendo y viniendo, subiendo y bajando.Seguir leyendo
El incendio “más grande y más complejo” de los 20 años de experiencia de un bombero empieza a desinflarse. También el más extenso de la historia de España: 50.000 hectáreas, con un “de momento” doble. De momento porque el sur de Ávila aún humea y brotan súbitas llamaradas allí donde se preveía la paz; de momento porque no llueven más que malos augurios sobre un verano donde se otean olas y olas de calor. Los brigadistas han chocado con un fuego anárquico, con vendavales cambiándolo de dirección, cabalgando sobre sierras y bosques secos, atiborrándose de combustible vegetal no gestionado, desbordando la capacidad de extinción humana. “Parece que se ha dormido el monstruo”, sintetiza otro brigadista, exhausto, tras cinco días de persecución con la bestia yendo y viniendo, subiendo y bajando.Hablar con los integrantes del operativo durante estas jornadas críticas exige acoplarse a su ritmo: o bien andar rápido a su vera mientras despliegan mangueras o preparan el batefuegos o bien respetar su descanso en polideportivos, sentados en aceras o a la sombra de un árbol. El mensaje es uniforme: nadie se había enfrentado nunca a algo similar. Jamás en las dos décadas de profesión de uno, menos en los dos veranos de un chaval, en los siete de otro. Misma respuesta sin importar la procedencia. El despliegue mezcla todo clase de trajes, parches en la ropa, colores de camiones y acentos: a los abulenses se unen refuerzos del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco), con dos Brigadas de Refuerzo en Incendios Forestales de Ávila y una de Soria, Cuenca, Madrid y La Palma, y compañeros de ayuntamientos, diputaciones y de otras autonomías. Todos a una contra los focos aunque a veces haya descoordinación.Un grupo de bomberos y voluntarios lucha contra las llamas en las partes altas de Casavieja (Ávila).Emilio FraileEl sábado por la tarde se aprecia en Casavieja (Ávila), uno de los puntos calientes. Un bombero lleva una motosierra y busca incrustarse en un grupo que no lo conoce; lo mandan a otro lado pero este asegura que de allí viene y lo han mandado para acá. Una técnica censura que unos bomberos urbanos se han marchado dejando crecer el flanco que ahora los engulle, ese que iban a acometer en el camping pero un convoy y sus sirenas en retirada reflejan que han sido derrotados. Otro bombero que ha vivido, y sufrido, los devastadores incendios de la sierra de la Culebra (Zamora) en 2022 y los de León y Zamora de 2025 se expresa así: “Un caos total”. Su grupo tuvo que “huir un par de veces” porque se les abalanzaba una lengua en torno a la carretera nacional 501, en el punto aciago entre Mijares y Casavieja. Un bombero de Ávila añade “no paramos” durante una de las noches más complejas: “Increíble, todo ardiendo, viento, pero satisfechos, apagamos y salvamos varios puntos”. Él y su equipo concluyen turno. Quieren seguir aunque se saben necesarios, frescos, despe
Los brigadistas destacan la fuerza y anarquía del incendio de Ávila e insisten en mejorar los dispositivos
