No solo altera la sangre, que también. La hermosa primavera, tan esperada, altera nuestro sistema inmunológico, trayéndonos un regalito envenenado: la[[LINK:TAG|||tag|||63361a7f59a61a391e0a1876||| alergia al polen]]. Sí, ya sabemos que siempre han existido alergias, pero ahora, con el cambio climático, llegan antes y más agresivas. Los arbolitos confundidos por el calor anticipado expulsan sus pólenes dos semanas antes que en los años noventa, polvillo que, mezclado con el polvillo contaminado del aire, fustiga con más agresividad a los alérgicos, que en Europa ya son más del 32%, tal y como confirma el Informe Lancet Countdown 2026 sobre salud y cambio climático. También se calcula que en el 2050 habrá un 50% de población mundial alérgica el polen. ¡Es bárbaro!. ¿Y qué nos prescriben ante esto? Pues evitar el aire libre y tomar pastillas. ¡Qué castigo no poder disfrutar del campo en primavera! ¡Qué mal ir al síntoma y no a la raíz! Los antihistamínicos vuelan de las farmacias y los laboratorios se meten abundantes euritos más a costa de la rinitis de los ciudadanos, más los de ciudad que los del pueblo con aire más limpio. Y la cosa es seria, ya que muchos alérgicos a estos pólenes, además de los molestos estornudos y el picor de ojos, sufren mala respiración y asma, los niños en especial. Así que ya la primavera no es solo luz, canto de pájaros, terrazas abiertas y sangre caliente para el amor. Ahora, los inteligentísimos humanos, víctimas de sus descerebrados poderosos, nos la roban con una enfermedad más. Y mejor no pensar en el porvenir, que en nada llega el calor. El bochorno de nuestra época.
Los arbolitos confundidos por el calor anticipado expulsan sus pólenes dos semanas antes que en los años noventa
No solo altera la sangre, que también. La hermosa primavera, tan esperada, altera nuestro sistema inmunológico, trayéndonos un regalito envenenado: la alergia al polen. Sí, ya sabemos que siempre han existido alergias, pero ahora, con el cambio climático, llegan antes y más agresivas. Los arbolitos confundidos por el calor anticipado expulsan sus pólenes dos semanas antes que en los años noventa, polvillo que, mezclado con el polvillo contaminado del aire, fustiga con más agresividad a los alérgicos, que en Europa ya son más del 32%, tal y como confirma el Informe Lancet Countdown 2026 sobre salud y cambio climático. También se calcula que en el 2050 habrá un 50% de población mundial alérgica el polen. ¡Es bárbaro!. ¿Y qué nos prescriben ante esto? Pues evitar el aire libre y tomar pastillas. ¡Qué castigo no poder disfrutar del campo en primavera! ¡Qué mal ir al síntoma y no a la raíz! Los antihistamínicos vuelan de las farmacias y los laboratorios se meten abundantes euritos más a costa de la rinitis de los ciudadanos, más los de ciudad que los del pueblo con aire más limpio. Y la cosa es seria, ya que muchos alérgicos a estos pólenes, además de los molestos estornudos y el picor de ojos, sufren mala respiración y asma, los niños en especial. Así que ya la primavera no es solo luz, canto de pájaros, terrazas abiertas y sangre caliente para el amor. Ahora, los inteligentísimos humanos, víctimas de sus descerebrados poderosos, nos la roban con una enfermedad más. Y mejor no pensar en el porvenir, que en nada llega el calor. El bochorno de nuestra época.
