La actividad de Juan Carrillo y María González Herrero gira en torno a un programa de compraventa y producción de potros jóvenes que se ha convertido en el eje central de su proyecto. Junto a caballos de uso particular y la formación de alumnos, este trabajo marca el día a día de una estructura pensada para acompañar al caballo desde sus primeros pasos hasta su salida al mercado.. Instalados en El Espinar (Segovia), seleccionan potros con buenos orígenes, los adquieren en fases tempranas de su formación y los incorporan a un sistema de trabajo diseñado para optimizar al máximo sus cualidades, siempre respetando los tiempos individuales de cada caballo. Las iniciales de Juan Carrillo y María González Herrero, visibles en las mantillas de todos los potros del programa, funcionan como sello de identidad de un método basado en la educación, la paciencia y la coherencia. «Cada caballo llega en un punto distinto de su formación: algunos sin tocar, otros únicamente desbravados y otros ya saltando», explica María González Herrero a LA RAZÓN. A partir de ese punto de partida, el proceso se adapta de manera individualizada. «Los que llegan sin experiencia comienzan con dos jinetes especializados en desbrave y formación inicial. Cuando el potro trabaja suelto en pista con normalidad y relajado, pasa a otro jinete y seguimos ajustándonos a su evolución», aseguran.. El proyecto se apoya en un equipo amplio y estructurado, formado por jinetes, mozos y personal de apoyo, que acompaña a cada potro en su día a día. «Contamos con jinetes de todos los niveles, desde iniciación hasta alta competición, lo que nos permite que cada caballo esté siempre en las manos adecuadas a su momento», señala González Herrero. El trabajo se ve reforzado por unas instalaciones que permiten un desarrollo progresivo y ordenado del caballo joven.. Uno de los principios irrenunciables del programa es no acelerar procesos. «Uno de los errores más habituales es querer hacer las cosas demasiado rápido y no tener la calma necesaria en las primeras sesiones», apunta. Para González Herrero, las primeras experiencias son determinantes. «Es fundamental que el potro viva buenas experiencias desde el inicio, porque creemos que esa es la base de todo». Cada caballo tiene un desarrollo físico y mental distinto, y exigir lo mismo a todos durante la doma puede resultar contraproducente.. A la hora de seleccionar los potros que entran en el programa, el criterio es exigente. «Nos fijamos principalmente en la clase, el equilibrio y el movimiento, así como en la técnica y el scope», explica la amazona vallisoletana. También se valoran la predisposición al salto, la alzada, los orígenes, la elasticidad y el tranco. Sin embargo, hay un factor que pesa especialmente en la decisión final. «Para nosotros el carácter es tan importante, o incluso más, que el físico. Preferimos un caballo con ganas de trabajar y de darlo todo antes que uno espectacular físicamente pero sin predisposición».. Dentro de ese proceso de formación progresiva, el circuito andaluz juega un papel decisivo. Cada temporada, Juan Carrillo y María González Herrero trasladan parte de su cuadra a Montenmedio, donde los potros llegan muy verdes, con poca experiencia fuera de casa, y se enfrentan a un entorno nuevo. Allí encuentran diferentes pistas, materiales de obstáculos, recorridos y diseñadores, una variedad que acelera su aprendizaje y favorece su maduración deportiva y mental.. «Para nosotros es el mejor circuito que existe para caballos jóvenes», afirma María. La posibilidad de concursar cada día en una pista distinta, con recorridos variados y en un ambiente profesional, pero tranquilo, convierte cada semana en una escuela de vida. «Es una experiencia increíble para su formación», resume.. Los debuts se plantean siempre desde la prudencia. «Nunca se puede saber cómo va a reaccionar un potro fuera de casa», reconoce. Por eso, el equipo apuesta por empezar muy poco a poco. «Preferimos perder tiempo debutando en 0,50 o 0,60 como primera experiencia. Así el potro aprende las bases del recorrido y se lleva una buena experiencia».. Además de su valor formativo, Montenmedio funciona como un escaparate comercial de primer nivel. El objetivo final del proyecto es la venta de los potros, y muchos de los caballos que llegan al circuito andaluz no regresan después a sus instalaciones de origen, ya que encuentran allí nuevos propietarios.
La actividad de Juan Carrillo y María González Herrero gira en torno a un programa de compraventa y producción de potros jóvenes que se ha convertido en el eje central de su proyecto. Junto a caballos de uso particular y la formación de alumnos, este trabajo marca el día a día de una estructura pensada para acompañar al caballo desde sus primeros pasos hasta su salida al mercado.. Instalados en El Espinar (Segovia), seleccionan potros con buenos orígenes, los adquieren en fases tempranas de su formación y los incorporan a un sistema de trabajo diseñado para optimizar al máximo sus cualidades, siempre respetando los tiempos individuales de cada caballo. Las iniciales de Juan Carrillo y María González Herrero, visibles en las mantillas de todos los potros del programa, funcionan como sello de identidad de un método basado en la educación, la paciencia y la coherencia. «Cada caballo llega en un punto distinto de su formación: algunos sin tocar, otros únicamente desbravados y otros ya saltando», explica María González Herrero a LA RAZÓN. A partir de ese punto de partida, el proceso se adapta de manera individualizada. «Los que llegan sin experiencia comienzan con dos jinetes especializados en desbrave y formación inicial. Cuando el potro trabaja suelto en pista con normalidad y relajado, pasa a otro jinete y seguimos ajustándonos a su evolución», aseguran.. El proyecto se apoya en un equipo amplio y estructurado, formado por jinetes, mozos y personal de apoyo, que acompaña a cada potro en su día a día. «Contamos con jinetes de todos los niveles, desde iniciación hasta alta competición, lo que nos permite que cada caballo esté siempre en las manos adecuadas a su momento», señala González Herrero. El trabajo se ve reforzado por unas instalaciones que permiten un desarrollo progresivo y ordenado del caballo joven.. Uno de los principios irrenunciables del programa es no acelerar procesos. «Uno de los errores más habituales es querer hacer las cosas demasiado rápido y no tener la calma necesaria en las primeras sesiones», apunta. Para González Herrero, las primeras experiencias son determinantes. «Es fundamental que el potro viva buenas experiencias desde el inicio, porque creemos que esa es la base de todo». Cada caballo tiene un desarrollo físico y mental distinto, y exigir lo mismo a todos durante la doma puede resultar contraproducente.. A la hora de seleccionar los potros que entran en el programa, el criterio es exigente. «Nos fijamos principalmente en la clase, el equilibrio y el movimiento, así como en la técnica y el scope», explica la amazona vallisoletana. También se valoran la predisposición al salto, la alzada, los orígenes, la elasticidad y el tranco. Sin embargo, hay un factor que pesa especialmente en la decisión final. «Para nosotros el carácter es tan importante, o incluso más, que el físico. Preferimos un caballo con ganas de trabajar y de darlo todo antes que uno espectacular físicamente pero sin predisposición».. Dentro de ese proceso de formación progresiva, el circuito andaluz juega un papel decisivo. Cada temporada, Juan Carrillo y María González Herrero trasladan parte de su cuadra a Montenmedio, donde los potros llegan muy verdes, con poca experiencia fuera de casa, y se enfrentan a un entorno nuevo. Allí encuentran diferentes pistas, materiales de obstáculos, recorridos y diseñadores, una variedad que acelera su aprendizaje y favorece su maduración deportiva y mental.. «Para nosotros es el mejor circuito que existe para caballos jóvenes», afirma María. La posibilidad de concursar cada día en una pista distinta, con recorridos variados y en un ambiente profesional, pero tranquilo, convierte cada semana en una escuela de vida. «Es una experiencia increíble para su formación», resume.. Los debuts se plantean siempre desde la prudencia. «Nunca se puede saber cómo va a reaccionar un potro fuera de casa», reconoce. Por eso, el equipo apuesta por empezar muy poco a poco. «Preferimos perder tiempo debutando en 0,50 o 0,60 como primera experiencia. Así el potro aprende las bases del recorrido y se lleva una buena experiencia».. Además de su valor formativo, Montenmedio funciona como un escaparate comercial de primer nivel. El objetivo final del proyecto es la venta de los potros, y muchos de los caballos que llegan al circuito andaluz no regresan después a sus instalaciones de origen, ya que encuentran allí nuevos propietarios.
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