El problema de la vivienda trasciende ya de una mera preocupación coyuntural y es una cuestión estructural de casi imposible solución si no se toman medidas que no se limiten al intervencionismo. Algunos estudios ya advierten de que más de la mitad de los hogares que viven ahora mismo de alquiler están prácticamente condenados a hacerlo de por vida, algo que no se veía desde hace casi un siglo. Tan descarnado panorama se ha precipitado por culpa de la regulación financiera que se erigió tras la Gran Recesión y el estallido de la burbuja inmobiliaria, que ha generado unas restricciones de liquidez a los hogares, reduciendo la oferta de préstamos hipotecarios disponible para ciertos segmentos con menos recursos que viven de alquiler, a lo que se suma el desorbitado incremento de los precios y una oferta limitada de obra nueva y usada. Un sueño imposible con un futuro negro para las nuevas generaciones.
Algunos estudios ya advierten de que más de la mitad de los hogares que viven ahora mismo de alquiler están prácticamente condenados a hacerlo de por vida, algo que no se veía desde hace casi un siglo
El problema de la vivienda trasciende ya de una mera preocupación coyuntural y es una cuestión estructural de casi imposible solución si no se toman medidas que no se limiten al intervencionismo. Algunos estudios ya advierten de que más de la mitad de los hogares que viven ahora mismo de alquiler están prácticamente condenados a hacerlo de por vida, algo que no se veía desde hace casi un siglo. Tan descarnado panorama se ha precipitado por culpa de la regulación financiera que se erigió tras la Gran Recesión y el estallido de la burbuja inmobiliaria, que ha generado unas restricciones de liquidez a los hogares, reduciendo la oferta de préstamos hipotecarios disponible para ciertos segmentos con menos recursos que viven de alquiler, a lo que se suma el desorbitado incremento de los precios y una oferta limitada de obra nueva y usada. Un sueño imposible con un futuro negro para las nuevas generaciones.
