Bienvenido Santidad. Quisiera pensar que es cierto que en vuestra persona se encarna el sucesor de San Pedro, aquel que calló, otorgó y no reconoció ser amigo de Jesús, Hijo de Dios, porque eso le hará más humano. La tradición cristiana suele destacar precisamente ese contraste: Pedro falló gravemente, pero no quedó definido para siempre por ese fracaso. Tras la resurrección, Jesús lo rehabilita simbólicamente preguntándole tres veces si lo ama y encargándole cuidar de sus seguidores («apacienta mis ovejas»), un pasaje que muchas iglesias interpretan como una reafirmación de su liderazgo. En la tradición de la Iglesia Católica, además, las palabras de Jesús a Pedro («Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia») se entienden como la base de su papel especial entre los apóstoles y del posterior papado. Para muchos creyentes, la historia transmite una idea importante: la autoridad espiritual no se basa en la perfección personal, sino también en el arrepentimiento, la fidelidad posterior y la capacidad de aprender de los propios errores. Por eso, el hecho de que Pedro negara a Jesús y aun así recibiera una misión destacada suele verse como un ejemplo de misericordia y de restauración reconociendo también la debilidad del ser humano.
Mis superiores en el periódico me han encargado estas columnas diarias que he dado en titular “Crónicas papales”. Y lo han hecho porque me saben sincera y desapasionada, con lo cual hay total convencimiento de que éstas serán unas líneas carentes de fervor sin olvidar que todos somos humanos y, por tanto, débiles, y en algún momento podré caer en la fascinación de un personaje que arrastra masas, millones de personas que buscan lo imposible, en lo que muchos no creeremos jamás, que son los milagros. Pero una vida sin referentes tampoco tiene mucho interés y la religión católica como tal nos da una medida y una perspectiva certera porque se basa en la idea de no robar, no mentir, no matar y, en definitiva, no hacer daño al vecino, algo que, en los tiempos que vivimos, es difícil de ver a nuestro alrededor. Por tanto, bienvenido León XIV, que esta visita nos sirva para reflexionar sobre nosotros mismos, nuestra decencia y nuestro comportamiento hacia los demás.
Bienvenido Santidad. Quisiera pensar que es cierto que en vuestra persona se encarna el sucesor de San Pedro, aquel que calló, otorgó y no reconoció ser amigo de Jesús, Hijo de Dios, porque eso le hará más humano. La tradición cristiana suele destacar precisamente ese contraste: Pedro falló gravemente, pero no quedó definido para siempre por ese fracaso. Tras la resurrección, Jesús lo rehabilita simbólicamente preguntándole tres veces si lo ama y encargándole cuidar de sus seguidores («apacienta mis ovejas»), un pasaje que muchas iglesias interpretan como una reafirmación de su liderazgo. En la tradición de la Iglesia Católica, además, las palabras de Jesús a Pedro («Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia») se entienden como la base de su papel especial entre los apóstoles y del posterior papado. Para muchos creyentes, la historia transmite una idea importante: la autoridad espiritual no se basa en la perfección personal, sino también en el arrepentimiento, la fidelidad posterior y la capacidad de aprender de los propios errores. Por eso, el hecho de que Pedro negara a Jesús y aun así recibiera una misión destacada suele verse como un ejemplo de misericordia y de restauración reconociendo también la debilidad del ser humano.. Mis superiores en el periódico me han encargado estas columnas diarias que he dado en titular “Crónicas papales”. Y lo han hecho porque me saben sincera y desapasionada, con lo cual hay total convencimiento de que éstas serán unas líneas carentes de fervor sin olvidar que todos somos humanos y, por tanto, débiles, y en algún momento podré caer en la fascinación de un personaje que arrastra masas, millones de personas que buscan lo imposible, en lo que muchos no creeremos jamás, que son los milagros. Pero una vida sin referentes tampoco tiene mucho interés y la religión católica como tal nos da una medida y una perspectiva certera porque se basa en la idea de no robar, no mentir, no matar y, en definitiva, no hacer daño al vecino, algo que, en los tiempos que vivimos, es difícil de ver a nuestro alrededor. Por tanto, bienvenido León XIV, que esta visita nos sirva para reflexionar sobre nosotros mismos, nuestra decencia y nuestro comportamiento hacia los demás.
Quisiera pensar que es cierto que en vuestra persona se encarna el sucesor de San Pedro
Bienvenido Santidad. Quisiera pensar que es cierto que en vuestra persona se encarna el sucesor de San Pedro, aquel que calló, otorgó y no reconoció ser amigo de Jesús, Hijo de Dios, porque eso le hará más humano. La tradición cristiana suele destacar precisamente ese contraste: Pedro falló gravemente, pero no quedó definido para siempre por ese fracaso. Tras la resurrección, Jesús lo rehabilita simbólicamente preguntándole tres veces si lo ama y encargándole cuidar de sus seguidores («apacienta mis ovejas»), un pasaje que muchas iglesias interpretan como una reafirmación de su liderazgo. En la tradición de la Iglesia Católica, además, las palabras de Jesús a Pedro («Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia») se entienden como la base de su papel especial entre los apóstoles y del posterior papado. Para muchos creyentes, la historia transmite una idea importante: la autoridad espiritual no se basa en la perfección personal, sino también en el arrepentimiento, la fidelidad posterior y la capacidad de aprender de los propios errores. Por eso, el hecho de que Pedro negara a Jesús y aun así recibiera una misión destacada suele verse como un ejemplo de misericordia y de restauración reconociendo también la debilidad del ser humano.. Mis superiores en el periódico me han encargado estas columnas diarias que he dado en titular “Crónicas papales”. Y lo han hecho porque me saben sincera y desapasionada, con lo cual hay total convencimiento de que éstas serán unas líneas carentes de fervor sin olvidar que todos somos humanos y, por tanto, débiles, y en algún momento podré caer en la fascinación de un personaje que arrastra masas, millones de personas que buscan lo imposible, en lo que muchos no creeremos jamás, que son los milagros. Pero una vida sin referentes tampoco tiene mucho interés y la religión católica como tal nos da una medida y una perspectiva certera porque se basa en la idea de no robar, no mentir, no matar y, en definitiva, no hacer daño al vecino, algo que, en los tiempos que vivimos, es difícil de ver a nuestro alrededor. Por tanto, bienvenido León XIV, que esta visita nos sirva para reflexionar sobre nosotros mismos, nuestra decencia y nuestro comportamiento hacia los demás.
