En una sociedad cada vez más preocupada por las cremas antiedad, el ejercicio y los tratamientos destinados a conservar la juventud, existe otro grupo de personas que parece haber encontrado una fórmula diferente para envejecer bien. Son hombres y mujeres que, incluso pasados los 70, mantienen una energía, una actitud y unas ganas de vivir que no dependen únicamente de su aspecto físico.. No parece tratarse de un secreto relacionado exclusivamente con la genética ni de ningún tratamiento extraordinario. La psicología ha estudiado algunos de los comportamientos que comparten quienes afrontan el paso de los años con optimismo y bienestar. Son pequeñas costumbres del día a día que pueden contribuir no solo a vivir más, sino también a disfrutar más de cada etapa.. Estos son algunos de los hábitos que caracterizan a quienes envejecen con vitalidad.. Aprenden a gestionar el estrés. El estrés forma parte de la vida y no siempre puede evitarse. La diferencia está en la manera de afrontarlo. Estas personas no necesariamente tienen una vida libre de problemas, pero han aprendido a interpretar las dificultades desde otra perspectiva.. Una de las estrategias que utilizan es la reevaluación cognitiva, que consiste en cambiar la manera de interpretar determinadas situaciones y entender los problemas como circunstancias temporales que pueden afrontarse. Según la ciencia, esta forma de responder ante las dificultades puede contribuir a reducir el cortisol, una hormona relacionada con el estrés y el envejecimiento.. Mantienen una vida social activa. La compañía de otras personas ocupa un lugar importante en su día a día. En lugar de aislarse, procuran conservar y fortalecer sus relaciones personales: quedan con amigos, hablan con vecinos, participan en actividades colectivas o simplemente comparten tiempo con otras personas.. La conexión social no es para ellos una manera de combatir el aburrimiento, sino una parte esencial de su bienestar. La comunidad es su vitamina diaria.. Se mantienen físicamente activos. No es necesario entrenar a diario en un gimnasio ni prepararse para una competición deportiva. Caminar, bailar, practicar yoga o dedicar tiempo a la jardinería son algunas de las formas en las que estas personas incorporan movimiento a su rutina.. El movimiento no es castigo, es placer. Cuando la actividad física se disfruta, resulta más sencillo convertirla en un hábito constante. Mantenerse activo ayuda a conservar la movilidad y la energía y permite afrontar el paso del tiempo con mayor vitalidad.. Nunca dejan de aprender. La curiosidad es otra de las características que suelen compartir. Siguen haciendo preguntas, descubriendo cosas nuevas y mostrando interés por aquello que les rodea.. La apertura a la experiencia mantiene el cerebro joven y el corazón despierto. Leer, aprender, viajar o simplemente probar actividades diferentes evita caer en una rutina en la que todo se da por conocido. Su actitud se acerca más al “¿y si…?” que al “siempre ha sido así”.. Encuentran motivos para estar agradecidos. La gratitud no tiene por qué expresarse mediante grandes gestos. Puede aparecer en situaciones tan sencillas como disfrutar de un café, mantener una conversación agradable o contemplar un atardecer.. Estos pequeños momentos de reconocimiento hacia lo que se tiene pueden favorecer una actitud más positiva. La psicología ha relacionado la gratitud con cambios en la manera en la que interpretamos nuestras experiencias, algo que puede reflejarse también en la tranquilidad y optimismo que transmiten estas personas.. Dan importancia al descanso. En una época en la que permanecer ocupado se interpreta muchas veces como algo positivo, estas personas conceden al descanso la importancia que merece. Protegen sus horas de sueño y entienden que dormir bien es fundamental para mantener tanto el cuerpo como la mente en buenas condiciones.. El descanso no se percibe como tiempo perdido, sino como una parte imprescindible de su rutina y de su bienestar.. Conservan el sentido del humor. La capacidad de reír y disfrutar de los momentos divertidos tampoco desaparece con la edad. La risa no es solo alegría: es medicina. Puede ayudar a reducir el estrés, favorecer los vínculos sociales y contribuir al bienestar general.. Quienes mantienen esta actitud no tienen miedo de reírse de sí mismos o de encontrar el lado divertido de determinadas situaciones. El sentido del humor sigue formando parte de su manera de relacionarse con los demás y de afrontar la vida.. Encuentran un propósito. Más allá de las obligaciones cotidianas, necesitan tener algo que dé sentido a sus días. Puede ser cuidar de un familiar, dedicar tiempo a una afición, desarrollar un proyecto, ayudar a otras personas o incluso ocuparse de algo tan sencillo como una planta.. Tener una razón para levantarse cada mañana aporta dirección y motivación. El propósito se convierte así en un elemento que ayuda a mantener la ilusión y a afrontar cada etapa con una actitud activa.. Envejecer no significa necesariamente renunciar a la vitalidad ni dejar de disfrutar. Envejecer no es una condena. Es un arte. Y buena parte de ese proceso depende de cómo se afrontan los años, de las relaciones que se mantienen, de las actividades que se disfrutan y de los motivos que siguen dando sentido al día a día.
Estos son algunos de los hábitos que caracterizan a quienes envejecen con vitalidad
En una sociedad cada vez más preocupada por las cremas antiedad, el ejercicio y los tratamientos destinados a conservar la juventud, existe otro grupo de personas que parece haber encontrado una fórmula diferente para envejecer bien. Son hombres y mujeres que, incluso pasados los 70, mantienen una energía, una actitud y unas ganas de vivir que no dependen únicamente de su aspecto físico.. No parece tratarse de un secreto relacionado exclusivamente con la genética ni de ningún tratamiento extraordinario. La psicología ha estudiado algunos de los comportamientos que comparten quienes afrontan el paso de los años con optimismo y bienestar. Son pequeñas costumbres del día a día que pueden contribuir no solo a vivir más, sino también a disfrutar más de cada etapa.. Estos son algunos de los hábitos que caracterizan a quienes envejecen con vitalidad.. Aprenden a gestionar el estrés. El estrés forma parte de la vida y no siempre puede evitarse. La diferencia está en la manera de afrontarlo. Estas personas no necesariamente tienen una vida libre de problemas, pero han aprendido a interpretar las dificultades desde otra perspectiva.. Una de las estrategias que utilizan es la reevaluación cognitiva, que consiste en cambiar la manera de interpretar determinadas situaciones y entender los problemas como circunstancias temporales que pueden afrontarse. Según la ciencia, esta forma de responder ante las dificultades puede contribuir a reducir el cortisol, una hormona relacionada con el estrés y el envejecimiento.. Mantienen una vida social activa. La compañía de otras personas ocupa un lugar importante en su día a día. En lugar de aislarse, procuran conservar y fortalecer sus relaciones personales: quedan con amigos, hablan con vecinos, participan en actividades colectivas o simplemente comparten tiempo con otras personas.. La conexión social no es para ellos una manera de combatir el aburrimiento, sino una parte esencial de su bienestar. La comunidad es su vitamina diaria.. Se mantienen físicamente activos. No es necesario entrenar a diario en un gimnasio ni prepararse para una competición deportiva. Caminar, bailar, practicar yoga o dedicar tiempo a la jardinería son algunas de las formas en las que estas personas incorporan movimiento a su rutina.. El movimiento no es castigo, es placer. Cuando la actividad física se disfruta, resulta más sencillo convertirla en un hábito constante. Mantenerse activo ayuda a conservar la movilidad y la energía y permite afrontar el paso del tiempo con mayor vitalidad.. Nunca dejan de aprender. La curiosidad es otra de las características que suelen compartir. Siguen haciendo preguntas, descubriendo cosas nuevas y mostrando interés por aquello que les rodea.. La apertura a la experiencia mantiene el cerebro joven y el corazón despierto. Leer, aprender, viajar o simplemente probar actividades diferentes evita caer en una rutina en la que todo se da por conocido. Su actitud se acerca más al “¿y si…?” que al “siempre ha sido así”.. Encuentran motivos para estar agradecidos. La gratitud no tiene por qué expresarse mediante grandes gestos. Puede aparecer en situaciones tan sencillas como disfrutar de un café, mantener una conversación agradable o contemplar un atardecer.. Estos pequeños momentos de reconocimiento hacia lo que se tiene pueden favorecer una actitud más positiva. La psicología ha relacionado la gratitud con cambios en la manera en la que interpretamos nuestras experiencias, algo que puede reflejarse también en la tranquilidad y optimismo que transmiten estas personas.. Dan importancia al descanso. En una época en la que permanecer ocupado se interpreta muchas veces como algo positivo, estas personas conceden al descanso la importancia que merece. Protegen sus horas de sueño y entienden que dormir bien es fundamental para mantener tanto el cuerpo como la mente en buenas condiciones.. El descanso no se percibe como tiempo perdido, sino como una parte imprescindible de su rutina y de su bienestar.. Conservan el sentido del humor. La capacidad de reír y disfrutar de los momentos divertidos tampoco desaparece con la edad. La risa no es solo alegría: es medicina. Puede ayudar a reducir el estrés, favorecer los vínculos sociales y contribuir al bienestar general.. Quienes mantienen esta actitud no tienen miedo de reírse de sí mismos o de encontrar el lado divertido de determinadas situaciones. El sentido del humor sigue formando parte de su manera de relacionarse con los demás y de afrontar la vida.. Encuentran un propósito. Más allá de las obligaciones cotidianas, necesitan tener algo que dé sentido a sus días. Puede ser cuidar de un familiar, dedicar tiempo a una afición, desarrollar un proyecto, ayudar a otras personas o incluso ocuparse de algo tan sencillo como una planta.. Tener una razón para levantarse cada mañana aporta dirección y motivación. El propósito se convierte así en un elemento que ayuda a mantener la ilusión y a afrontar cada etapa con una actitud activa.. Envejecer no significa necesariamente renunciar a la vitalidad ni dejar de disfrutar. Envejecer no es una condena. Es un arte. Y buena parte de ese proceso depende de cómo se afrontan los años, de las relaciones que se mantienen, de las actividades que se disfrutan y de los motivos que siguen dando sentido al día a día.
