Una picadura de mosquito, una avispa, una garrapata o una medusa puede parecer una molestia menor, pero la forma de actuar durante los primeros minutos puede marcar la diferencia entre una reacción leve y una complicación. En verano, además, aumentan las situaciones de exposición: baños en el mar, rutas por el campo, terrazas y actividades al aire libre multiplican las posibilidades de sufrir una picadura.. «La mayoría de las consultas por picaduras son casos que se podrían haber evitado con la prevención adecuada o que se han complicado por una mala actuación en los primeros minutos», explica Mar Santamaria, responsable de Atención Farmacéutica de PromoFarma by DocMorris. La farmacéutica insiste en que no todas las picaduras se deben tratar de la misma manera: «Es muy importante saber de qué animal procede la picadura y guiarse por las recomendaciones profesionales para saber qué hacer y, sobre todo, qué no hacer».. Mosquitos, abejas y avispas, garrapatas, tábanos y medusas protagonizan buena parte de los problemas relacionados con picaduras durante el verano. Cada caso requiere unas medidas de prevención y actuación diferentes. Estas son las cinco picaduras más frecuentes del verano y lo que recomiendan los expertos hacer o evitar, según Santamaria.. 1. Picaduras de mosquitos y cómo evitarlas. No pican a todas las personas por igual. «Los mosquitos nos localizan por el dióxido de carbono que exhalamos al respirar, el ácido láctico del sudor y el calor corporal», señala la farmacéutica. El olor de cada persona, que depende de su microbiota cutánea, actúa como reclamo, así que no hay forma de eliminar el atractivo por completo.. Aunque no existe una manera de eliminar por completo el riesgo de picadura, sí se pueden reducir las posibilidades de sufrirlas. «La mejor estrategia de prevención es emplear un repelente adecuado, utilizar ropa de algodón y colores discretos [no vestirse de cian, rojo, naranja o negro], y evitar el uso de perfumes o cosméticos con fragancias intensas», señala Santamaria.. Uno de los principales errores a la hora de ahuyentar a los mosquitos es usar citronela. «Entre los repelentes, las sustancias sintéticas como el DEET, la icaridina o el IR3535 están registradas como biocidas y cuentan con eficacia probada, mientras que la citronela, muy popular, no tiene ese registro y por sí sola no es suficiente para una protección real», advierte la experta.. A la hora de elegir un producto, es importante tener en cuenta el entorno ambiental en el que vas a estar expuesto y la sensibilidad de cada persona a las picaduras. Además, si vas a utilizar protector solar, siempre debe aplicarse antes que el repelente.. En el momento en el que la picadura de mosquito ya se ha producido, el primer paso es lavar la zona con agua y jabón y resistir la tentación de rascarse, porque eso solo prolonga la irritación y abre la puerta a una infección. Para calmarlo, dice Santamaria, es de ayuda aplicar frío local, un preparado tópico con antihistamínicos o una loción de calamina.. 2. Abejas y avispas: se parecen, pero no se tratan igual. A diferencia de los mosquitos, no existen repelentes específicos que sean especialmente efectivos contra abejas y avispas. La prevención pasa por evitar perfumes intensos y colores llamativos cerca de zonas con flores y, sobre todo, por no hacer movimientos bruscos cuando uno de estos insectos se acerca.. Las abejas son pacíficas y generalmente mueren después de picar, por lo que suelen hacerlo cuando se sienten amenazadas. En ese caso, el aguijón queda clavado en la piel y debe retirarse con cuidado, arrastrándolo con una uña o una tarjeta. La farmacéutica avisa de que no conviene presionarlo con unas pinzas, ya que podría favorecer la entrada de más veneno, y es necesario acudir a un profesional.. «Las avispas, en cambio, son más agresivas», dice la experta. Pueden picar varias veces porque su aguijón no se desprende de la piel. «La picadura de ambos insectos provoca un dolor intenso e inmediato, con enrojecimiento e hinchazón en la zona», explica Santamaria.. Lo importante es saber diferenciar una reacción localizada de una reacción alérgica. Si la hinchazón se generaliza, aparece dificultad para respirar o se produce mareo, son señales de alarma que requieren atención médica urgente.. 3. Garrapatas: el error más frecuente es extraerlas mal. Caminar por zonas de vegetación alta con ropa que cubra la piel y revisar el cuerpo al regresar de una ruta son dos medidas fundamentales para prevenir las picaduras de garrapata. Conviene prestar especial atención a zonas como axilas, ingles y cuero cabelludo, donde pueden pasar más desapercibidas.. Algunos repelentes de insectos también resultan eficaces para mantenerlas alejadas, entre ellos los que contienen DEET o IR3535.. Pero ¿qué ocurre si ya encontramos una garrapata adherida a la piel? Aquí aparece uno de los errores más habituales. «El error más frecuente es retirarla de manera incorrecta», advierte la farmacéutica.. No hay que quemarla ni cubrirla con vaselina, alcohol u otros productos antes de extraerla. La forma adecuada de proceder es utilizar unas pinzas de punta fina, sujetar la garrapata lo más cerca posible de la piel y tirar hacia arriba con un movimiento firme y constante, sin girarla ni aplastar su cuerpo.. Una vez retirada, conviene lavar la zona con agua y jabón y aplicar un desinfectante tópico como la clorhexidina. Además, Santamaria recomienda guardar una fotografía de la garrapata. «Gracias a la foto de la garrapata que nos ha picado se puede conocer su tipo y orientar el diagnóstico», señala.. También es importante vigilar la zona durante los siguientes 30 días y prestar atención a la aparición de una mancha o lesión rojiza que se expanda progresivamente, así como a síntomas como fiebre o malestar. Algunas garrapatas pueden transmitir enfermedades, entre ellas la enfermedad de Lyme, que requiere valoración médica.. 4. Tábanos, una mordedura con mayor riesgo de infección. Los tábanos son más activos al atardecer. Evitar las zonas de agua estancada en ese horario y utilizar repelente puede reducir las posibilidades de sufrir una mordedura. La diferencia con el mosquito está en la forma de alimentarse: el tábano desgarra la piel, lo que provoca que el dolor sea intenso desde el primer momento. La zona puede presentar además una hinchazón notable e incluso un pequeño hematoma.. «Precisamente por ese desgarro, el riesgo de infección es mayor que con un mosquito», argumenta Santamaria. Por ello, es importante limpiar bien la herida, desinfectarla y vigilar su evolución. Si aparecen signos de infección o el hematoma no mejora, conviene consultar con un especialista.. 5. Medusas: agua de mar y nada de frotar. Antes de bañarse, la principal medida de prevención es consultar las banderas y avisos de la playa y evitar las zonas en las que se hayan producido avistamientos recientes de medusas. El contacto suele provocar un escozor intenso y marcas rojizas sobre la piel. Dependiendo del tipo de medusa, también pueden aparecer hinchazón, calambres musculares o irritación ocular.. Si un tentáculo queda adherido a la piel, nunca debe retirarse directamente con las manos. Es preferible utilizar unas pinzas o una toalla a modo de guante, ya que las sustancias irritantes pueden continuar activas en el tentáculo.. Después, la zona debe enjuagarse con agua de mar o suero fisiológico. No se recomienda utilizar agua dulce ni frotar con arena, ya que estas acciones pueden favorecer que la reacción se extienda. «Siempre es recomendable acudir al puesto de atención sanitaria de la playa y seguir las indicaciones de los profesionales», aconseja Santamaria.. Para aliviar el dolor y el picor, conviene consultar con un profesional sanitario sobre el tratamiento más adecuado, incluidos los posibles analgésicos o antihistamínicos.. La clave está en saber cómo actuar. Una picadura de mosquito, una mordedura de tábano, una garrapata adherida a la piel o el contacto con una medusa requieren actuaciones diferentes. Por eso, más que intentar aplicar un único remedio para todas, lo importante es identificar qué ha provocado la lesión y actuar correctamente desde el primer momento.. Conocer las medidas de prevención y saber qué hacer —y qué evitar— ante cada tipo de picadura permite disfrutar del verano con mayor seguridad y reducir el riesgo de que una molestia puntual termine convirtiéndose en un problema mayor.
Mosquitos, avispas, garrapatas, tábanos y medusas: cada picadura requiere un protocolo distinto y actuar incorrectamente puede empeorar la reacción
Una picadura de mosquito, una avispa, una garrapata o una medusa puede parecer una molestia menor, pero la forma de actuar durante los primeros minutos puede marcar la diferencia entre una reacción leve y una complicación. En verano, además, aumentan las situaciones de exposición: baños en el mar, rutas por el campo, terrazas y actividades al aire libre multiplican las posibilidades de sufrir una picadura.. «La mayoría de las consultas por picaduras son casos que se podrían haber evitado con la prevención adecuada o que se han complicado por una mala actuación en los primeros minutos», explica Mar Santamaria, responsable de Atención Farmacéutica de PromoFarma by DocMorris. La farmacéutica insiste en que no todas las picaduras se deben tratar de la misma manera: «Es muy importante saber de qué animal procede la picadura y guiarse por las recomendaciones profesionales para saber qué hacer y, sobre todo, qué no hacer».. Mosquitos, abejas y avispas, garrapatas, tábanos y medusas protagonizan buena parte de los problemas relacionados con picaduras durante el verano. Cada caso requiere unas medidas de prevención y actuación diferentes. Estas son las cinco picaduras más frecuentes del verano y lo que recomiendan los expertos hacer o evitar, según Santamaria.. 1. Picaduras de mosquitos y cómo evitarlas. No pican a todas las personas por igual. «Los mosquitos nos localizan por el dióxido de carbono que exhalamos al respirar, el ácido láctico del sudor y el calor corporal», señala la farmacéutica. El olor de cada persona, que depende de su microbiota cutánea, actúa como reclamo, así que no hay forma de eliminar el atractivo por completo.. Aunque no existe una manera de eliminar por completo el riesgo de picadura, sí se pueden reducir las posibilidades de sufrirlas. «La mejor estrategia de prevención es emplear un repelente adecuado, utilizar ropa de algodón y colores discretos [no vestirse de cian, rojo, naranja o negro], y evitar el uso de perfumes o cosméticos con fragancias intensas», señala Santamaria.. Uno de los principales errores a la hora de ahuyentar a los mosquitos es usar citronela. «Entre los repelentes, las sustancias sintéticas como el DEET, la icaridina o el IR3535 están registradas como biocidas y cuentan con eficacia probada, mientras que la citronela, muy popular, no tiene ese registro y por sí sola no es suficiente para una protección real», advierte la experta.. A la hora de elegir un producto, es importante tener en cuenta el entorno ambiental en el que vas a estar expuesto y la sensibilidad de cada persona a las picaduras. Además, si vas a utilizar protector solar, siempre debe aplicarse antes que el repelente.. En el momento en el que la picadura de mosquito ya se ha producido, el primer paso es lavar la zona con agua y jabón y resistir la tentación de rascarse, porque eso solo prolonga la irritación y abre la puerta a una infección. Para calmarlo, dice Santamaria, es de ayuda aplicar frío local, un preparado tópico con antihistamínicos o una loción de calamina.. 2. Abejas y avispas: se parecen, pero no se tratan igual. A diferencia de los mosquitos, no existen repelentes específicos que sean especialmente efectivos contra abejas y avispas. La prevención pasa por evitar perfumes intensos y colores llamativos cerca de zonas con flores y, sobre todo, por no hacer movimientos bruscos cuando uno de estos insectos se acerca.. Las abejas son pacíficas y generalmente mueren después de picar, por lo que suelen hacerlo cuando se sienten amenazadas. En ese caso, el aguijón queda clavado en la piel y debe retirarse con cuidado, arrastrándolo con una uña o una tarjeta. La farmacéutica avisa de que no conviene presionarlo con unas pinzas, ya que podría favorecer la entrada de más veneno, y es necesario acudir a un profesional.. «Las avispas, en cambio, son más agresivas», dice la experta. Pueden picar varias veces porque su aguijón no se desprende de la piel. «La picadura de ambos insectos provoca un dolor intenso e inmediato, con enrojecimiento e hinchazón en la zona», explica Santamaria.. Lo importante es saber diferenciar una reacción localizada de una reacción alérgica. Si la hinchazón se generaliza, aparece dificultad para respirar o se produce mareo, son señales de alarma que requieren atención médica urgente.. 3. Garrapatas: el error más frecuente es extraerlas mal. Caminar por zonas de vegetación alta con ropa que cubra la piel y revisar el cuerpo al regresar de una ruta son dos medidas fundamentales para prevenir las picaduras de garrapata. Conviene prestar especial atención a zonas como axilas, ingles y cuero cabelludo, donde pueden pasar más desapercibidas.. Algunos repelentes de insectos también resultan eficaces para mantenerlas alejadas, entre ellos los que contienen DEET o IR3535.. Pero ¿qué ocurre si ya encontramos una garrapata adherida a la piel? Aquí aparece uno de los errores más habituales. «El error más frecuente es retirarla de manera incorrecta», advierte la farmacéutica.. No hay que quemarla ni cubrirla con vaselina, alcohol u otros productos antes de extraerla. La forma adecuada de proceder es utilizar unas pinzas de punta fina, sujetar la garrapata lo más cerca posible de la piel y tirar hacia arriba con un movimiento firme y constante, sin girarla ni aplastar su cuerpo.. Una vez retirada, conviene lavar la zona con agua y jabón y aplicar un desinfectante tópico como la clorhexidina. Además, Santamaria recomienda guardar una fotografía de la garrapata. «Gracias a la foto de la garrapata que nos ha picado se puede conocer su tipo y orientar el diagnóstico», señala.. También es importante vigilar la zona durante los siguientes 30 días y prestar atención a la aparición de una mancha o lesión rojiza que se expanda progresivamente, así como a síntomas como fiebre o malestar. Algunas garrapatas pueden transmitir enfermedades, entre ellas la enfermedad de Lyme, que requiere valoración médica.. 4. Tábanos, una mordedura con mayor riesgo de infección. Los tábanos son más activos al atardecer. Evitar las zonas de agua estancada en ese horario y utilizar repelente puede reducir las posibilidades de sufrir una mordedura. La diferencia con el mosquito está en la forma de alimentarse: el tábano desgarra la piel, lo que provoca que el dolor sea intenso desde el primer momento. La zona puede presentar además una hinchazón notable e incluso un pequeño hematoma.. «Precisamente por ese desgarro, el riesgo de infección es mayor que con un mosquito», argumenta Santamaria. Por ello, es importante limpiar bien la herida, desinfectarla y vigilar su evolución. Si aparecen signos de infección o el hematoma no mejora, conviene consultar con un especialista.. 5. Medusas: agua de mar y nada de frotar. Antes de bañarse, la principal medida de prevención es consultar las banderas y avisos de la playa y evitar las zonas en las que se hayan producido avistamientos recientes de medusas. El contacto suele provocar un escozor intenso y marcas rojizas sobre la piel. Dependiendo del tipo de medusa, también pueden aparecer hinchazón, calambres musculares o irritación ocular.. Si un tentáculo queda adherido a la piel, nunca debe retirarse directamente con las manos. Es preferible utilizar unas pinzas o una toalla a modo de guante, ya que las sustancias irritantes pueden continuar activas en el tentáculo.. Después, la zona debe enjuagarse con agua de mar o suero fisiológico. No se recomienda utilizar agua dulce ni frotar con arena, ya que estas acciones pueden favorecer que la reacción se extienda. «Siempre es recomendable acudir al puesto de atención sanitaria de la playa y seguir las indicaciones de los profesionales», aconseja Santamaria.. Para aliviar el dolor y el picor, conviene consultar con un profesional sanitario sobre el tratamiento más adecuado, incluidos los posibles analgésicos o antihistamínicos.. La clave está en saber cómo actuar. Una picadura de mosquito, una mordedura de tábano, una garrapata adherida a la piel o el contacto con una medusa requieren actuaciones diferentes. Por eso, más que intentar aplicar un único remedio para todas, lo importante es identificar qué ha provocado la lesión y actuar correctamente desde el primer momento.. Conocer las medidas de prevención y saber qué hacer —y qué evitar— ante cada tipo de picadura permite disfrutar del verano con mayor seguridad y reducir el riesgo de que una molestia puntual termine convirtiéndose en un problema mayor.
