La República Popular Democrática de Corea mantiene abierta, aunque prácticamente sin actividad, su gigantesca embajada de Berlín
Por la mañana, cuando me levanto, lo primero que veo desde la ventana de mi dormitorio es Corea del Norte. Vivo en el corazón de Berlín pero tengo de vecina la embajada de la República Popular Democrática de Corea. En sus instalaciones, gigantescas, heredadas de cuando existía la Alemania comunista (la RDA), no rigen las leyes alemanas. Quien decide todo ahí dentro es un diplomático de nombre Kim Chol Jun que no tiene cargo de embajador, según el ministerio de Exteriores alemán.. Seguir leyendo
Por la mañana, cuando me levanto, lo primero que veo desde la ventana de mi dormitorio es Corea del Norte. Vivo en el corazón de Berlín pero tengo de vecina la embajada de la República Popular Democrática de Corea. En sus instalaciones, gigantescas, heredadas de cuando existía la Alemania comunista (la RDA), no rigen las leyes alemanas. Quien decide todo ahí dentro es un diplomático de nombre Kim Chol Jun que no tiene cargo de embajador, según el ministerio de Exteriores alemán.. Seguir leyendo
