En la política española que ha instaurado [[LINK:TAG|||tag|||6336155b87d98e3342b26c88|||Pedro Sánchez ]]suceden acontecimientos verdaderamente asombrosos. Asombroso, por ejemplo, es que numerosas directrices, algunas de ellas trascendentales para el país, emanen todavía de cinco ministerios dirigidos por partidos de ultraizquierda que han quedado sumidos en la más absoluta irrelevancia. Las últimas elecciones autonómicas no han hecho más que refrendarlo. Sumar, Izquierda Unida y Podemos –que ya no tiene ministros, pero que los tuvo– han sufrido un cataclismo sin precedentes, fruto de la inoperancia y las mentiras continuas vertidas por unos dirigentes que pontifican sobre las «fake news» cuando ellos las prodigan y son «fakes» en sí mismos.. Una de las más ilustres representantes de este grupo irrelevante que ya no representa prácticamente a nadie es [[LINK:TAG|||tag|||633612e6ecd56e3616931ac7|||Mónica García]]. La aún ministra de Sanidad es una de las máximas figuras de Más Madrid, encuadrada en la coalición encabezada por [[LINK:TAG|||tag|||63361a6d1e757a32c790c5d8|||Yolanda Díaz]], a la que el electorado parece no querer ver más ni en pintura, a tenor de lo sucedido en los comicios de Extremadura, Aragón y Castilla y León. ¿Qué legitimidad tiene la anestesista para regular el futuro laboral de los médicos en todo el país, si a Sumar no le vota ni el Tato? ¿Qué predicamento tiene un partido radical y, además, completamente residual, después de haber sido fagocitado por el PSOE, para introducir reformas de calado en el sistema sanitario que, además, conducirán a su deterioro inexorable, como coinciden en señalar todos los agentes del sector? ¿Qué predicamento tiene para hacerlo una mujer que ha contribuido a instalar a su formación en la mediocridad más absoluta, a la vista de los últimos comicios? Ninguna. Es como la directora de la orquesta del Titanic durante su hundimiento.
¿Qué legitimidad tiene la anestesista para regular el futuro laboral de los médicos en todo el país, si a Sumar no le vota ni el Tato?
En la política española que ha instaurado Pedro Sánchez suceden acontecimientos verdaderamente asombrosos. Asombroso, por ejemplo, es que numerosas directrices, algunas de ellas trascendentales para el país, emanen todavía de cinco ministerios dirigidos por partidos de ultraizquierda que han quedado sumidos en la más absoluta irrelevancia. Las últimas elecciones autonómicas no han hecho más que refrendarlo. Sumar, Izquierda Unida y Podemos –que ya no tiene ministros, pero que los tuvo– han sufrido un cataclismo sin precedentes, fruto de la inoperancia y las mentiras continuas vertidas por unos dirigentes que pontifican sobre las «fake news» cuando ellos las prodigan y son «fakes» en sí mismos.. Una de las más ilustres representantes de este grupo irrelevante que ya no representa prácticamente a nadie es Mónica García. La aún ministra de Sanidad es una de las máximas figuras de Más Madrid, encuadrada en la coalición encabezada por Yolanda Díaz, a la que el electorado parece no querer ver más ni en pintura, a tenor de lo sucedido en los comicios de Extremadura, Aragón y Castilla y León. ¿Qué legitimidad tiene la anestesista para regular el futuro laboral de los médicos en todo el país, si a Sumar no le vota ni el Tato? ¿Qué predicamento tiene un partido radical y, además, completamente residual, después de haber sido fagocitado por el PSOE, para introducir reformas de calado en el sistema sanitario que, además, conducirán a su deterioro inexorable, como coinciden en señalar todos los agentes del sector? ¿Qué predicamento tiene para hacerlo una mujer que ha contribuido a instalar a su formación en la mediocridad más absoluta, a la vista de los últimos comicios? Ninguna. Es como la directora de la orquesta del Titanic durante su hundimiento.
