Solo quien se ha pateado el mundo sabe que lo mejor está en casa. Solo quien ha vivido haciendo maletas y viajando a lugares extraños sabe que el anclaje principal de la vida está en los amigos. Juan Lebrón tenía estas claves vitales muy claras, cultivaba con afán las amistades y sabía viajar sin parar, aunque fuese en sueños.. Seguir leyendo
Desde su mirador de las playas de Rota promovió el mayor banco de imágenes jamás realizado sobre Andalucía. Su trabajo abarca desde la serie ‘Verano azul’ hasta ‘Flamenco’ de Carlos Saura
Solo quien se ha pateado el mundo sabe que lo mejor está en casa. Solo quien ha vivido haciendo maletas y viajando a lugares extraños sabe que el anclaje principal de la vida está en los amigos. Juan Lebrón tenía estas claves vitales muy claras, cultivaba con afán las amistades y sabía viajar sin parar, aunque fuese en sueños.Apareció un día por Nueva York, con un cuerno de marfil al cuello y una cámara al hombro, y no paró hasta conquistar a todos y cada uno de los que formábamos aquella diáspora americana de los ochenta. La escena emblemática sucedió en Frank Trattoria, que no era un restaurante tan italiano como el nombre haría creer, sino más bien una tasca española que servía langostas de Maine. Periodistas como Julián Martínez, músicos como Xavier Ribalta y otros más nos reunimos en torno a Rafael Alberti, el poeta comunista de Cádiz que por fin obtenía visado para los Estados Unidos. La noche tuvo su historia, y allí estaba Juan Lebrón para contarla.Juan paseó a Alberti y su pareja italiana del momento por Manhattan. Y aquella mezcla de la ciudad de rascacielos y el embrujo gaditano, prendió de tal manera en él que, contra todo pronóstico, aquel hombre de los mil viajes volvería a su Andalucía, a la bahía de Cádiz para tramar algunas de las películas más sonadas de la producción andaluza del siglo XX.Juan fue un hombre muy viajado y eso le llevó a no sentir límites ni en lo personal, ni en lo profesional. Nada le parecía suficiente cuando se trataba de conseguir lo mejor para una producción. En aquella España ochentera en balbuciente crecimiento, él conocía lo que se hacía fuera y por eso promovió utilizar los recursos allá donde estuvieses, Londres, Roma o Nueva York. Felipe González (centro) durante la grabación de un anuncio en apoyo del aceite de oliva, promovido por la Junta de Andalucía. A la izquierda, el director de cine Manuel Gutiérrez Aragón, que dirige el mensaje publicitario, y a la derecha, Juan Lebrón, productor de la campaña.Pablo JuliaConocía a fondo los equipos de imagen desde sus trabajos para series míticas como El hombre y la tierra de Félix Rodríguez de la Fuente, o el Verano Azul de Antonio Mercero. Su verdadera pasión eran las cámaras, los equipos de filmados en los que conoció lo que es la camaradería en el trabajo audiovisual. De ahí salieron también muchos de sus colaboradores futuros, porque el afán de Juan Lebrón era rodearse de los mejores profesionales, haciéndoles siempre sus amigos.Tramamos juntos dar a las promociones de la Expo 92 de Sevilla una aire nuevo, activo y renovador, de acuerdo con el nuevo reto de país que suponía aquel evento modernizador en todos los sentidos. Antes de que el AVE conectase Madrid y Sevilla, Juan nos embarcaba junto a directores como Antonio Betancourt y José Luis Borau para que aquel evento contase con los mejores. Su casa del barrio de Santa Cruz se convirtió en un lugar mítico de encuentros y producci
