La recomendación que recuerda Óscar marca un límite en el trato con los presos: la autoridad del puesto no elimina la responsabilidad personal. La frase invita al funcionario a medirse por lo que sería capaz de hacer a solas, fuera del centro.
«No le vayas a hacer nunca a un preso lo que no seas capaz de hacerle tú solo en la calle, porque luego esta gente sale», dice el consejo que recibió al empezar, la advertencia conecta la conducta durante la condena con la vuelta a la vida fuera.
Entre los recuerdos de Óscar aparecen un primer día que le hizo pensar en renunciar y el peso que algunas experiencias siguen teniendo en su descanso. En sus relatos, el aprendizaje del puesto va unido a la convivencia diaria y a situaciones que pueden cambiar el rumbo de un turno.
El primer día dentro
En el episodio 74 de Worldcast, presentado por Pedro Buerbaum, Óscar cuenta que lleva 15 años como funcionario de prisiones y recuerda el consejo que recibió al empezar.
El primer aviso de lo que suponía el trabajo llegó en su primera jornada en el centro. Un compañero llamado Manolo lo encontró nervioso, preguntó su nombre y le quitó hierro al momento: «el 99% del tiempo no pasa absolutamente nada», recuerda Óscar que le dijo. Manolo, también funcionario de prisiones, caminaba con él por el módulo mientras el recién llegado intentaba calmarse.
Al abrirse el rastrillo, tres presos se acercaron corriendo y gritaron que iban a matar a otro interno. Óscar creyó que el conflicto iba contra ellos; después supo que llevaban cinco noches sin dormir porque otro recluso hacía ruido. Al subir a hablar con este último, el hombre les lanzó una silla y prendió fuego a una papelera, el equipo lo sacó de la celda y apagó el fuego siguiendo el protocolo.
Al salir de aquel primer turno, Óscar pensó en renunciar mientras viajaba en autobús de regreso a la ciudad. No lo hizo y quince años después seguía en la profesión; recuerda que durante el trayecto se repetía que renunciaría al día siguiente.
Los límites del trato
Óscar explica que un funcionario puede ser una figura de autoridad y también alguien a quien un interno se acerca para contar un problema familiar. La convivencia diaria dentro de la cárcel, dice, puede generar confianza, aunque no llegue a convertirse en amistad, explica que los presos le hablan de sus parejas, de sus hijos o de gestiones que no consiguen resolver.
El contacto continuado también tiene un coste fuera del centro. Al hablar de experiencias difíciles, Óscar admite que «a día de hoy todavía me cuesta dormir» y que a veces se levanta en alerta al escuchar un ruido que no reconoce como habitual.
Al describir las tareas de su puesto, Óscar dice que los trabajadores hacen «de policía de la cárcel, de bombero, de psicólogo, de trabajador social», porque los internos acuden a ellos con problemas y necesidades distintas. También habla de la presión que sienten desde dentro y desde arriba, y resume la situación de sus compañeros con una frase: «somos carne de cañón».
La recomendación que recuerda Óscar marca un límite en el trato con los presos: la autoridad del puesto no elimina la responsabilidad personal. La frase invita al funcionario a medirse por lo que sería capaz de hacer a solas, fuera del centro.. «No le vayas a hacer nunca a un preso lo que no seas capaz de hacerle tú solo en la calle, porque luego esta gente sale», dice el consejo que recibió al empezar, la advertencia conecta la conducta durante la condena con la vuelta a la vida fuera.. Entre los recuerdos de Óscar aparecen un primer día que le hizo pensar en renunciar y el peso que algunas experiencias siguen teniendo en su descanso. En sus relatos, el aprendizaje del puesto va unido a la convivencia diaria y a situaciones que pueden cambiar el rumbo de un turno.. El primer día dentro. En el episodio 74 de Worldcast, presentado por Pedro Buerbaum, Óscar cuenta que lleva 15 años como funcionario de prisiones y recuerda el consejo que recibió al empezar.. El primer aviso de lo que suponía el trabajo llegó en su primera jornada en el centro. Un compañero llamado Manolo lo encontró nervioso, preguntó su nombre y le quitó hierro al momento: «el 99% del tiempo no pasa absolutamente nada», recuerda Óscar que le dijo. Manolo, también funcionario de prisiones, caminaba con él por el módulo mientras el recién llegado intentaba calmarse.. Al abrirse el rastrillo, tres presos se acercaron corriendo y gritaron que iban a matar a otro interno. Óscar creyó que el conflicto iba contra ellos; después supo que llevaban cinco noches sin dormir porque otro recluso hacía ruido. Al subir a hablar con este último, el hombre les lanzó una silla y prendió fuego a una papelera, el equipo lo sacó de la celda y apagó el fuego siguiendo el protocolo.. Al salir de aquel primer turno, Óscar pensó en renunciar mientras viajaba en autobús de regreso a la ciudad. No lo hizo y quince años después seguía en la profesión; recuerda que durante el trayecto se repetía que renunciaría al día siguiente.. Los límites del trato. Óscar explica que un funcionario puede ser una figura de autoridad y también alguien a quien un interno se acerca para contar un problema familiar. La convivencia diaria dentro de la cárcel, dice, puede generar confianza, aunque no llegue a convertirse en amistad, explica que los presos le hablan de sus parejas, de sus hijos o de gestiones que no consiguen resolver.. El contacto continuado también tiene un coste fuera del centro. Al hablar de experiencias difíciles, Óscar admite que «a día de hoy todavía me cuesta dormir» y que a veces se levanta en alerta al escuchar un ruido que no reconoce como habitual.. Al describir las tareas de su puesto, Óscar dice que los trabajadores hacen «de policía de la cárcel, de bombero, de psicólogo, de trabajador social», porque los internos acuden a ellos con problemas y necesidades distintas. También habla de la presión que sienten desde dentro y desde arriba, y resume la situación de sus compañeros con una frase: «somos carne de cañón».
Su relato recorre el desconcierto de su primer día, una crisis con fuego en el módulo y las consecuencias que el trato continuado con los presos deja también fuera de la cárcel
La recomendación que recuerda Óscar marca un límite en el trato con los presos: la autoridad del puesto no elimina la responsabilidad personal. La frase invita al funcionario a medirse por lo que sería capaz de hacer a solas, fuera del centro.. «No le vayas a hacer nunca a un preso lo que no seas capaz de hacerle tú solo en la calle, porque luego esta gente sale», dice el consejo que recibió al empezar, la advertencia conecta la conducta durante la condena con la vuelta a la vida fuera.. Entre los recuerdos de Óscar aparecen un primer día que le hizo pensar en renunciar y el peso que algunas experiencias siguen teniendo en su descanso. En sus relatos, el aprendizaje del puesto va unido a la convivencia diaria y a situaciones que pueden cambiar el rumbo de un turno.. El primer día dentro. En el episodio 74 de Worldcast, presentado por Pedro Buerbaum, Óscar cuenta que lleva 15 años como funcionario de prisiones y recuerda el consejo que recibió al empezar.. El primer aviso de lo que suponía el trabajo llegó en su primera jornada en el centro. Un compañero llamado Manolo lo encontró nervioso, preguntó su nombre y le quitó hierro al momento: «el 99% del tiempo no pasa absolutamente nada», recuerda Óscar que le dijo. Manolo, también funcionario de prisiones, caminaba con él por el módulo mientras el recién llegado intentaba calmarse.. Al abrirse el rastrillo, tres presos se acercaron corriendo y gritaron que iban a matar a otro interno. Óscar creyó que el conflicto iba contra ellos; después supo que llevaban cinco noches sin dormir porque otro recluso hacía ruido. Al subir a hablar con este último, el hombre les lanzó una silla y prendió fuego a una papelera, el equipo lo sacó de la celda y apagó el fuego siguiendo el protocolo.. Al salir de aquel primer turno, Óscar pensó en renunciar mientras viajaba en autobús de regreso a la ciudad. No lo hizo y quince años después seguía en la profesión; recuerda que durante el trayecto se repetía que renunciaría al día siguiente.. Los límites del trato. Óscar explica que un funcionario puede ser una figura de autoridad y también alguien a quien un interno se acerca para contar un problema familiar. La convivencia diaria dentro de la cárcel, dice, puede generar confianza, aunque no llegue a convertirse en amistad, explica que los presos le hablan de sus parejas, de sus hijos o de gestiones que no consiguen resolver.. El contacto continuado también tiene un coste fuera del centro. Al hablar de experiencias difíciles, Óscar admite que «a día de hoy todavía me cuesta dormir» y que a veces se levanta en alerta al escuchar un ruido que no reconoce como habitual.. Al describir las tareas de su puesto, Óscar dice que los trabajadores hacen «de policía de la cárcel, de bombero, de psicólogo, de trabajador social», porque los internos acuden a ellos con problemas y necesidades distintas. También habla de la presión que sienten desde dentro y desde arriba, y resume la situación de sus compañeros con una frase: «somos carne de cañón».
