He de reconocer que entender a Puente es un misterio insondable. No creo que ni siquiera sea capaz de refrenar su irresponsabilidad dialéctica. Es una patética obsesión por ser el centro de atención incluso en situaciones tan dramáticas como las que se están viviendo con la brutal ola de incendios que estamos sufriendo. No es un caso aislado, aunque quizá el más llamativo, porque las huestes sanchistas están llenas de aprendices de Puente como Morant o Martín. Todos afrontan un horizonte personal malo, porque perderán los cargos que ocupan dentro de unos meses y sienten la lógica angustia ante esta situación cuando saben que se quedarán sin los coches oficiales y el resto de las prebendas. Martín no es realmente el delegado del Gobierno, sino del sanchismo con el patético encargo de atacar a Ayuso y a la Comunidad de Madrid. Es otro político con poca ciencia y escasas luces que se siente satisfecho regodeándose en su exasperante mediocridad. No tuvo otra ocurrencia que cuestionar la acertada petición de Ayuso de declarar la emergencia nacional. A las dos horas de meter la pata, el Ministerio del Interior declaraba formalmente el nivel de alerta 3, que comportaba que la UME tomara el mando de la gestión de los incendios. Por su parte, Puente es un mal jurista, tal como ha reconocido, que sueña con ser Sánchez en lugar de Sánchez. En este caso, se ha superado al afirmar que «Tenemos todos claro que la UME es ya el nuevo servicio de extinción de incendios de las comunidades autónomas gobernadas por el PP. Ellos reducen impuestos a los ricos, jibarizan los servicios públicos y luego le piden al Gobierno que les resuelva la papeleta». No se pueden decir más tonterías en menos espacio. En cambio, el blanco de sus ataques se limitó a responder que lo importante es «salvar vidas» e ignorar a los mamarrachos que se dedican a «calentar el ambiente». Hay momentos para la legítima confrontación política y otros para mostrar altura de miras. Es evidente que Puente ni sabe medir sus palabras ni conoce cuáles son las competencias autonómicas y las estatales. Me imagino que su cabeza desordenada y su atrabiliario carácter le conducen a convertirse en el peor enemigo de sí mismo. Francisco Marhuenda. Académico de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España y de la Real Academia de Doctores de España. Académico correspondiente de la Real Academia de la Historia. Catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE).
«Las huestes sanchistas están llenas de aprendices de Puente como Morant o Martín»
He de reconocer que entender a Puente es un misterio insondable. No creo que ni siquiera sea capaz de refrenar su irresponsabilidad dialéctica. Es una patética obsesión por ser el centro de atención incluso en situaciones tan dramáticas como las que se están viviendo con la brutal ola de incendios que estamos sufriendo. No es un caso aislado, aunque quizá el más llamativo, porque las huestes sanchistas están llenas de aprendices de Puente como Morant o Martín. Todos afrontan un horizonte personal malo, porque perderán los cargos que ocupan dentro de unos meses y sienten la lógica angustia ante esta situación cuando saben que se quedarán sin los coches oficiales y el resto de las prebendas. Martín no es realmente el delegado del Gobierno, sino del sanchismo con el patético encargo de atacar a Ayuso y a la Comunidad de Madrid. Es otro político con poca ciencia y escasas luces que se siente satisfecho regodeándose en su exasperante mediocridad. No tuvo otra ocurrencia que cuestionar la acertada petición de Ayuso de declarar la emergencia nacional. A las dos horas de meter la pata, el Ministerio del Interior declaraba formalmente el nivel de alerta 3, que comportaba que la UME tomara el mando de la gestión de los incendios.Por su parte, Puente es un mal jurista, tal como ha reconocido, que sueña con ser Sánchez en lugar de Sánchez. En este caso, se ha superado al afirmar que «Tenemos todos claro que la UME es ya el nuevo servicio de extinción de incendios de las comunidades autónomas gobernadas por el PP. Ellos reducen impuestos a los ricos, jibarizan los servicios públicos y luego le piden al Gobierno que les resuelva la papeleta». No se pueden decir más tonterías en menos espacio. En cambio, el blanco de sus ataques se limitó a responder que lo importante es «salvar vidas» e ignorar a los mamarrachos que se dedican a «calentar el ambiente». Hay momentos para la legítima confrontación política y otros para mostrar altura de miras. Es evidente que Puente ni sabe medir sus palabras ni conoce cuáles son las competencias autonómicas y las estatales. Me imagino que su cabeza desordenada y su atrabiliario carácter le conducen a convertirse en el peor enemigo de sí mismo.Francisco Marhuenda. Académico de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España y de la Real Academia de Doctores de España. Académico correspondiente de la Real Academia de la Historia. Catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE).
